|
Junior Member
Fecha de Ingreso: agosto-2006
Ubicación: Cusco- Peru
Mensajes: 6
|
¿Qué y quien soy realmente para ti?
¿Qué y quien soy realmente para ti?
Quizá deba aclararte que empecé a conocer los secretos de la naturaleza, aquellos secretos que solo puede saberse si es que alguna vez se estuvo enamorado de alguien. El amor gran fuerza de la vida, y una persona como yo lo sabe mejor que nadie. ¿Pero aún así, todavía no sé realmente quien soy?...
Ayúdame en esta batalla utópica por saber ese gran misterio, que desde ya hace tiempo intento desentrannar de esta falsa realidad.
Tantas encrucijadas rondan por mi decadente cabeza, que cada vez se hace más y más difícil descifrar, quién sabe que hasta los códigos más indescifrables son una ridiculez frente a mi problema.
Porque las joyas son mas caras que la belleza natural de una flor, quizá porque sean estas exquisiteces inalcanzables por algunos y tan deseadas por otros; o tal vez porque tales joyas representen la perfección de la naturaleza; una gota de roció cristalizada, o una gota de sangre fresca de las entrannas de un viejo roble o quizá una rosa petrificada al morir representen la belleza divina de tan inusuales regalos de la naturaleza… Pero ninguna de estas trivialidades naturales podrá superar la frescura y espontaneidad de una sencilla flor. Ese aroma y sensación tan natural que desprende una rosa, esa esencia tan sublime de una orquídea podrán ser superadas por ningún otro elemento existente…
El amor también contiene un poco de cada uno: puede ser como un diamante en bruto que necesita ser pulido poco a poco, con la mejor destreza y habilidad de un joyero, con otro diamante de su misma naturaleza; para dar como resultado un bello resplandor, que solo puede ser comparado con el de una constelación de estrellas, capaces de arrancar los ojos de aquellos desdichados que tengan la osadía de poseerlos.
También el amor es como las bellas flores, con la dulzura de una rosa; si me refiero a estas flores, tan lindas, tan delicadas, con un aroma que podría dejar extasiado a cualquiera que se acerque a ella…Pues bueno, como decía, estas bellas flores pueden también hacerte mucho danno y causarte un dolor inimaginable, como mil cuchillas atravesando tu corazón; si no sabes cuidarlas y llevarlas bien; si no demuestras tu amor y comprensión, si no le dedicas y das un poco de ti para que éstas puedan crecer y generar nuevos capullos…Pero cuidado, también tienes que saber, que debes ser parte de ella, cuidarlas como si de ellas dependiera tu propia vida, tu alma, tus deseos, tus suennos, y porque no…que de ellas dependiera tu felicidad eterna.
Pues te sigo diciendo que después de haber visto todo esto, todavía no sé en realidad quien soy Yo…quizá un simple mortal desdichado e igual a toda la demás lacra existente en este mísero y absurdo planeta; quien sabe, que quizá mi grado de demencia haya llegado a tal punto que ya no pueda diferenciar la realidad de mis tontas divagaciones, ilusas e incoherentes para todos, me duele decirlo pero es muy probable que tú también lo pienses así. Me es difícil aceptarlo pero creo que estoy en lo cierto y casi seguro de todo lo dicho. Intenté o mejor dicho intentamos crear un mundo solo para los dos, pero fuimos creando un monstruo que nos absorbió poco a poco cada ilusión y anhelo hecho…Pero ¿Por qué? ¿Cuándo sucedió esto? ¿ Cuándo nos descuidamos de lo nuestro? En fin cuando no aceptamos nuestra responsabilidad…
Pueda que estas palabras resulten duras pero es esa la cruel e ilógica realidad, no fue todo más que letra muerta, si muerta y en el olvido…
Ahora bien, al ver que usted no me ha ayudado a saber quien soy yo. Ni tampoco me dijo que era Yo para usted; no me queda mas que seguir en estas batalla dantesca por descubrir, sea quizás, uno de los más grandes misterios reveladores de este mundo idiota e inusual para mí.
Porque tan callada, es que no sabrá usted expresar sus sentimientos, o quizá porque, yo no soy mas que un cualquiera e insignificante ser, que solo danna, como una corana de espinas enclavadas en el corazón, que solo causa dolor y angustia; quizá sea como una herida, tan fresca y palpitante que desprende chorros de amargura y soledad para usted.
¿Qué significo realmente para usted? Si es que existen tantas palabras dotadas de hermosura y con un encanto de romanticismo; un dulce placer para mí el solo escucharlas; también existen aquellas de padecimiento, abatimiento y desdicha, que quizá estas sean las que conviven por siempre a mi lado, ahí pegadas como parásitos a mi, como amigas inseparables que me hacen recordar día a día mi cruel realidad.
¿Por qué tuve que conocerla a usted? Si él tan solo hecho de hacerlo no me trajo más que días eternos de penurias y mares inmensos de lágrimas de sangre de mí fracturado corazón.
Usted me ensenno lo más bello que pueda existir, otro mundo disímil a éste, si es que se lo podría llamar así. Aquel anhelo tan deseado y buscado por hombres como yo; buscado por aquellos que incluso dieron su vida en pro de esta quimera. Batallas enteras hechas a causa de este regalo divino. Muchos lo intentaron, pero no lo lograron, algunos claudicaron en el intento, otros siguieron con su cometido, pero solo encontraron dolor y mas dolor, ni en el infierno; si ahí donde se encuentra mi amigo Lucifer, quizá el ser mas despreciable de todos, la bestia mas bestia, ser cruel como ninguno ha existido y conocido; haya causado tanto dolor como usted.
Pero me siento feliz, a pesar de todo, porque, quien sabe el porque, usted dejo escapar un poco de ese suenno tan ansiado, un poco de felicidad que solo usted podía dar. Me mostró ese pasmoso mundo del amor, que otros no lo alcanzaron. Aunque no sé como logré hacerlo, tal ves no luche por él y solo lo abandone a la mejor suerte; en verdad he ahí mi error… En sí fue usted quien lucho por él y no yo.
A veces cometemos errores que pensamos no lastimar a nadie con ellos; pues bueno lo que usted me hizo fue matarme en vida y enterrarme con ella aún existiendo. No sabe cuanto me lastima al dejarme aquí solo en este inerme mundo, lleno de desventura y seres humanos tan estupidos como una piedra. No sabe cuanto la odié ese momento, nunca había llegado a tal explosión irracional por su afrenta cometida ese funesto ese día.
Aún la odia más por saber, quien sabe, el porque de mi existencia y huir con ese gran e irremediable secreto; pero porque huyo si usted sabia que mi vida dependía de esa ataraxia, que solo esa verdad me la hubiera dado.
Es usted un ser insensible e infame como yo.
Por Dios, ahora que me doy cuenta, soy yo el responsable de usted, aquel que la convirtió en lo que es ahora. Porque no lo comprendí antes, sea quizá ahora, que este seguro de ese cruel don que se me fue dado a mí. Aquel mismo que lo tuvo el insidioso; se esta cobrando por mis hechos.
En que la he convertido, en un ser como yo… Eso jamás, ni pensarlo, sería una maldición divina engendrar otro ser tan indigno e imbécil como yo.
Cada vez más, empiezo a darme cuenta de la lacra que soy. La culpa la tiene este mundo y por supuesto usted, que solo esta ahí tan callada sin poder ayudarme, pensando que su silencio lo es todo; claro y que usted es tan importante como yo para no dirigirme palabra alguna, ni siquiera exponerme gesto alguno.
¿Qué fue lo que le sucedió? ¿En qué la convertí?
Necesito cumplir mi cometido y ya no desviarme por caminos sin salida; lo mejor será dejarla a usted por un tiempo y valerme por mi mismo de mis destrezas y cualidades, por cierto innatas, para volver a sumergirme en este fango de confusiones, tristeza, dolor y angustia; que solo opaca una verdad a luces.
Alguna vez se preguntaron si es que todos son únicos e inigualables; que no existe ser semejante sobre la faz de la tierra, que Dios los hizo así para diferenciarlos a cada uno de ustedes.
Y porque Dios tendría de hacer idiotez tan bárbara de crearlos iguales; de seguro los creo diferentes para clasificarlos por el grado de estupidez de cada engendro existente…Pues les digo que yo soy tan igual, y por supuesto, mejor a cada uno de ustedes.
Entonces échenle la culpa a Dios, por no crearlos mejores a mí, por lo menos yo sé que soy un hombre digno de recibir semejante don; pues bueno Dios también me castigo, me maldijo el desgraciado. Yo solo le pedí, alguna vez, ser superior a todos ustedes malditos ignorantes; y así me lo concedió…
Pero lo que no supe es que tan divino tesoro, venia con infortunios y condenaciones. Como ya les conté, me dio aquel don, que solo el traidor del hijo de Dios tuvo en la tierra, lo tuvo.
Don maldito que también adquirí, ese don siniestro al cual escuche que lo nombraban con el don de Jettatura, y vivir con éste, era vivir con el infortunio y dolor eterno.
Pueda que por esto solo vagabundee, en busca de mi cometido, deambulando por cualquier lugar, arrastrando conmigo a la aburrida vida mortal.
Mi voz no pronuncia más que palabras secas y lúgubres, que hasta al más valiente deja una sensación de escalofríos y pavor; como si la misma muerte les hablara con ellos.
Me di cuenta que no tenia amigos, ni familia, no sabia de donde venia, ni a donde iba; vivía solo en este mundo. Maldito el día en que nací.
Tenía desprecio por los hombres, un odio embaucador. Todo por la culpa de usted; queriendo ser mejor, me convertí en lo que ahora soy, frió y sin sentimientos.
Hasta donde llega mi memoria, recuerdo que no fui así; por lo menos tenía vida y esa palabra que ya casi no recuerdo y olvide por completo lo que es sentirla…Olvide lo que es reír.
No son el amor y el odio sinónimos que se entrelazan entre sí; y que uno no puede existir sin el otro…
Solo deseo escuchar una canción formada de besos, apego y muchos suspiros; que al escucharlos me sienta en el mismo cielo, volando por toda su inmensidad; recorriendo cada nube hasta alcanzar las estrellas, celestiales luceros aquellos, hasta encontrar lo que busco; aunque sé que quizá nunca la encontraré si sigo con mis divagaciones demenciales, propias de un ser como yo.
Pero yo solo decidí mirarte sin verte, a que te quedaras allí junto a mí, aunque pasaran las horas nada debía importar, solo los dos ahí frente a frente, desconectarnos de este pobre planeta si se pudiese, tan solo deseaba mirarte, mirar tus hermosos ojos mientras ellos delataban una cruel realidad que usted nunca me la hubiera podido decir.
Sus ojos que me miraban con una fiebre de amor, cesaron…a donde se fue esa llama incandescente que hubo alguna vez, en su radiante corazón.
Al darme cuenta deje de mirarla y empecé a verla, ver sus tristes y desilusionados ojos, empapados de dolor y desdicha plasmados en unas bellas lágrimas que recorrían su rostro angelical.
¿Qué fue lo que paso? Maldito sea yo por ocasionar este hastío, y usted ahí sin pronunciar palabra alguna; solo decide alejarse, volviéndome a dejar, esperando mi muerte que tanto la ansió llegar.
|