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Antiguo 10-jun-2010, 22:46   #1
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Thumbs up A QUE, poema de OSCAR PORTELA

A QUE
poema de OSCAR PORTELA

¿A que llegar tan lejos para luego caer
como estrellas fugaces hechas como nosotros
de la “materia de los sueños?

Pecados de la “hubrys”, ponedle límites
A esta vacua cacería de la “nada” y
A amar solo el aroma de almizcle de tu carne,
Esfumado ya cuando se cierran los sueños
Y los puros ojos de las primeras albas.

Imposible saltar sobre la linea de nuestras
Propias sombras y el vértigo de la voluntad
En lucha contra el tiempo y su “fue”.
<>
Es suficiente ya: ¿A que llegar tan lejos?

¿Pues como medir la extensión del logos
Del corazón que tan sin límites nos arroja
Al vacío de la pasión mortal?

Vuelto estoy hacia la lumbre en duermevela.

Escucho voces en mis sueños
Y me se custodiado.

Hoy definitivamente solo sin el almizcle
Del recuerdo, camino sobre la linea de la sombra
Que soy, (Junger no entiende):

Ah corazón quebrado sobre el ras del horizonte de la tierra,
Lejos ya del delicado almizcle de tu cuerpo.










*/ Sean O'Pry y el delicado arama de la memoria.
__________________
Oscar Portela

Última edición por Oski2; 10-jun-2010 a las 22:50. Razón: error sintactico
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Antiguo 12-jun-2010, 00:13   #2
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SOLO UN DIOS PUEDE SALVARNOS
ensayo de OSCAR PORTELA

En el Seminario de Le Thor, Heidegger insiste – el auditorio en la campaña de la Provenza Francesa está compuesta por Beaufret, Koiré, Agamben, y no más de diez concurrentes”, o diríamos insiste:

“En el extremo opuesto, puede decirse que cuando los astronautas ponen el pie sobre la luna, la luna desaparece en cuanto luna. No se levanta mas, ni se oculta. No es otra cosa que un parámetro del emprendimiento técnico del hombre”. Es decir una estación orbital, una longitud de medida.

Siempre que comprendamos que la ciencia no toma a la técnica como un método, sino que a la inversa, las técnicas dominan la esencia de la ciencia moderna como su fundamento. Así, la naturaleza (la Phycis – presencia de la naturaleza en griego)-, se transforma solo en stocks, reservas, fondos”.

Esta frase está escrita por Heidegger en 1969, en el mismo seminario de la quinta del gran poeta frances Rene Char, mientras su inquisidor Adorno muere de un ataque al corazón, cuando los estudiantes toman la Universidad de Berlin.

Una vez mas, las angustias anteriores de Heidegger de habían cumplido.

Esa reunión es casi una serena despedida, sin nostalgias, de aquel maestro que en un momento creyó que el pensar, en mitad de un eclipse, debía defender (a Ernesto Junger) las fuerzas de la autonomía del saber, entendido desde la grandeza misteriosa de lo inicial, y dentro del espacio político, en consonancia con los servicios del trabajo y la seguridad.

Estamos lejos de todo esto: los tiempos se han precipitado.

Todavía en la instancia de ser reporteado por “Der Spiegel” – a instancias de discípulos y amigos – va a repetir que las ideologías al uso – colectivismo, parlamentarismo, pragmatismo - no estaban a la altura que planteaba el dominio de una cultura planetaria.

El dialogo restaurador, con la oculta esencia de la técnica iniciada con la lectura de “Des Harbeiter” (El trabajador”) de Junger, van a llevarlo lentamente a una lectura decontructora de Nietzsche, y más lentamente a un interminable dialogo con Holderlin, en el cual habla primero de “detruktión” de la metafísica, y luego de dejarla marchar a su consumación: lejos de otros filósofos que se ponen al frente de la historia en las mismas calles de las grandes urbes, Heidegger contesta al periodista de “Spigel” ”

“¡No!

No conozco el camino de una transformación inmediata del actual estado de cosas del mundo, en el supuesto de que tal cosa sea humanamente posible. Pero me parece que el pensamiento que yo he intentado podría despertar la ya mencionada disposición, esclarecerla y fortalecerla”

La cautela de Heidegger se impone una vez más, y agrega:

“El pensar no es pasividad, sino en si mismo la acción que está en dialogo con ese destino del mundo”.

¿Pero donde se oculta hoy ese pensar?

Podríamos preguntarnos ahora, adonde buscar esa experiencia que nos prepare para el advenimiento de una nueva experiencia de lo sagrado, mientras al lado de la vida crecen las alternativas de una existencia suplementaria, que en instantes puede hacer desaparecer de la tierra toda conciencia – autentica, toda “perpeptio” – de lo que no sea virtual.

El otro, el cuerpo propio, la lengua, la tierra propia, hasta llevarnos nuevamente a formas de inmensos grupos sedentarios y controlados por la retina o a nuevas formas de nomadismo en los grupos sociales excluidos cultural y económicamente y aún a los privilegiados.

La errancia metafísica no ofrece ningún refugio contra la devastación.

En “Serenidad” – 1959 – insiste Heidegger:

“La revolución de la técnica que se avecina en la era atómica pudiera fascinar al hombre, hechizarlo, deslumbrarlo y cegarlo de tal modo, que un día el pensar calculador pudiera llegar a ser el único valido y practicado”....

¡Y ello ya ha sucedido!

“Mas inquietante que la conquista del espacio se anuncia aquí la transformación de la biología en biofísica: esto significa que el hombre puede ser “producido” (las comillas son nuestras) conforme a un proyecto determinado como cualquier objeto técnico”.

En este punto Heidegger se adelanta siglos a todo analisis del destino del hombre sobre la tierra.

Los demás serán solo anatomopatologos.

El nos pone aquí frente al abismo mas profundo del misterio del el “ser no fijado” (Nietzsche) cuyo fundamento es el abismo y cuya atracción – libertad sin fundamento - constituye el poder caer bajo de si mismo “en lo subhumano”, mientras las demás especies jamás podrían dejar de ser lo que son, salvo tal vez a través del diabólico manipuleo de la concepción genética de la naturaleza, la que se inserta en la malevolencia del hombre llevado a su condición de infrahumanidad.

El fracaso o el triunfo de la organización técnica de lo real que considera a la naturaleza solo como reservorio de materia prima, y también al hombre como objeto de experimentación, han mostrado que el caos y la destrucción llevan más que nunca el signo de la indigencia del pensar, e invariablemente el retroceso del hombre como “útil” de la planificación, frente a todo lo trascendente que le salga al camino.

Un pensador de la actualidad, alguien que toma nota de lo que sucede como Paul Virilio (no solo de la preparación para una primer guerra planetaria, para las guerras de las mafias internacionales, para las guerrillas etc) y las guerras no convencionales, advierte, seguramente, aunque no lo cite (Heidegger):

“Se desarrollan memorias adicionales, memorias muertas, que vienen a completar, pero también a reemplazar, la memoria viva, la memoria del hombre. La biotecnología es la próxima expresión de la revolución de las tecnologías…....La técnica coloniza el cuerpo del hombre así como colonizó el cuerpo de la tierra”.

Solo que Heidegger se adelantó cincuenta años y desde otra visión a esta clínica que nos presenta el panorama de un planeta azotado por el demonio o angel del espíritu, que todo lo que toca reduce a cenizas: de ahí la frase de Heidegger:

“Tal vez solo un Dios pueda salvarnos”.







Martin Heidegger: el maestro de los tiempos que corren.
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Oscar Portela
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Antiguo 09-sep-2010, 09:55   #3
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EL ÁNGEL Y LA CARNE
poema de OSCAR PORTELA

Ponle señor – dijo el ángel
carne a mis soplos-
sombra a mis cánticos
para que así descienda
hermoso entre los hombres.

Dame sombra, señor-
permítele al seráfico
ser bienvenido entre mortales
todos y Dios, presto a deseos,

puso al incorpóreo coro
espinas a sus alas y dardos
a sus tiernas miradas.

Y el descenso a la tierra
Tornosé furia y lava.









*/ la seráfica belleza de Andrea Casiraghi
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Oscar Portela
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Antiguo 13-oct-2010, 06:33   #4
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PARA ÁNGELES DEL RÍO de OSCAR PORTELA DELGADO



Oscar Portela

LLEGA EL OTOÑO

En puertas del otoño, despidiendo el largo verano, atrás quedan romerías y festejos populares, se marcharon las anduriñas, aparecen las primeras hojas muertas, damos el adiós y, desde su residencia en Nuremberg, Ángeles del Río saluda a la nueva estación con uno de sus poemas.

Pero, en su correo puntual, hay un recuerdo para aquellas familias de emigrantes a la Argentina, a comienzos del pasado siglo, gentes de Ríos a las que acompañaron miembros de la nuestra Enriqueta, Carlos y Ramiro quienes regentaron un colegio en Buenos Aires dirigido por un emigrante italiano, familiares que retornaron a Verin en busca de otros horizontes.

Ahora Ángeles tiene un recuerdo para sus parientes que se asentaron en la provincia de Corrientes, donde nació Oscar Portela Delgado, pensador, periodista y poeta, que no olvidaba sus raíces galaicas y el rincón de nacencia de su padre en tierras de Ríos.

De su amplio poemario tomamos unas bellas palabras que traen ánimo por el sentimiento que destilas: “Ser feliz –dice– es soplo etéreo que pasa a nuestro lado sin que lo notemos y, así, estuvimos en el mundo y sentir que el silencio de un dios nos dirige el habla y canta por nosotros…”

Alguien define sus poemas con filosofía con momentos de franqueza arrolladora y su libro “Claroscuro” merece estar, con otros de su autoría en las bibliotecas de la comarca.

Oscar, hijo de Modesto Ignacio Portela Delgado nació en Corrientes en 1950. En esa provincia criolla desempeño cargos culturales, fundó y dirigió las publicaciones “Tempo” y “Diagnóstico”, miembro de la Asociación de periodistas colaboró en diarios mejicanos y colombianos, distinguido con premios y distinciones por trabajos literarios y periodísticos.

Nos consta que su parienta Ángeles del Río Nieves dispone de amplia documentación de ahí sacamos la conclusión de su vena poética, que nos permite traer a este ventanal con ese saludo al otoño en puertas…

Llegando esta el otoño
la frondosidad se va
un manto rojo, colorado
pronto el suelo cubrirá.

Las aves emprenden el vuelo
a otros países se van
cálidos meridianos
que ellas saben hallar.

Desnudos quedan los bosques
todo triste esta ya
el esplendor del verano
se ha ido…pero, ota vez volverá.


ANGELES DEL RIO

Y es que el otoño también tenía en Verìn cierto encanto que, lentamente, nos situaba en días de recogimiento hogareño acercándonos a la Navidad.

Joaquín NIEVES

(Foto de Oscar Portela)

miércoles, 15 de septiembre de 2010 a las 12:50

Enviado por Joaquín NIEVES

Saber que allá en esa tierra sagrada alguien sabe de mi como parte de su familia me extremece el corazón y agradezco a todos los que sin yo saberlo se ocupan de buscar en las raices del árbol nuestra razón de ser: Oscar Ignacio Portela Delgado.
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Oscar Portela
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Antiguo 13-oct-2010, 10:44   #5
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Poeta al habla: Un vistazo a OSCAR PORTELA por CARLOS BARBARITO

Poeta al habla: Un vistazo a Oscar Portela



o s c a r | p o r t e l a | Argentina, 1950 | @ Poeta, pensador y administrador cultural. Ha integrado por dos periodos consecutivos la Comisión Directiva de la Sociedad de Escritores de la Argentina. Es autor de los poemarios Senderos en el Bosque, Los Nuevos Asilos, Memorial de Corrientes, La Memoria de Láquesis, etc., y obras ensayísticas en las que se ocupa preferentemente del pensamiento filosófico contemporáneo, (Nietzsche sonámbulo del día). Ha publicado en España, México, Venezuela, Paraguay y casi todos los medios de prensa de la Argentina. Asimismo es especialista en critica e historia del cine y es autor de letras de obras musicales en su mayoría inéditas. Sitio web: Universo Portela



Selección de textos y autores por Carlos Barbarito

Escombros

El más inhóspito de los huéspedes
habita ahora mi corazón;
escombros y más escombros
sobre el norte de la soledad
donde se incuba el huevo de la
serpiente que engendró fuera de
tiempo mi alma. ¿Mas qué hacer?
Horror es todo que llenó de infantil
alegría el podre que ven ahora
mis ojos. Vacuí el amor que llenaba
las horas que se hicieron
presas del vampiro de los sueños.
¡Ay! Vivir eternamente para ver
la estéril repetición de las horas
y la degradación inútil de las formas.
Dormir, dormir
bajo el peso de la soledad y los
escombros del tiempo,
el veneno que la vil espada
pone en el corazón ya sin asombro
de traiciones y humillaciones
maldecidas. Demasiada soledad
sobre mi soledad, demasiados espectros
sobre los espectros, demasiados duelos
sobre los duelos, demasiada intemperie,
sobre la intemperie,
que allá en Elzingor
fue un tiempo el azur y la alucema.
Sobre el horror lo informe.
Dormir, dormir, rodeado de serpientes
cuando el mundo no es ya mundo
sino silueta fulminada
de quien no ha salido todavía
de la caverna. No me digáis más adiós.
Demasiada soledad sobre mi soledad,
demasiados espectros sobre mis espectros,
demasiados escombros sobre los escombros
que no hacen sino derrumbar escombros.

Sólo ostras me quedan

(a Graciela Scarlotto)

olor de garzas
pudriéndose ahora en la memoria
de la infancia de la escritura:
por fin he descifrado en tu ausencia
-en tu eterno presente-
las llagas del deseo del leproso,
el nombre que hace florecer la luz,
la presencia de lo presente,
el vacío lleno de tu aroma
que amanecía azul entre mis dedos.
no hay misterios ya,
infancias o advenimientos
tempestuosos, de una adolescencia
tempestuosa, colmada por imágenes
donde estallan los seres
colmados por las preguntas
y la nada.
yo remaba hacia ti,
hacia tu nombre. en tu aroma
de almendros mi lengua
se llagaba, en mis caricias,
que aún te sostienen lívido
y conterrado junto a mí,
se hallaban los misterios
de lo arcano.
ah, verano, que has mutilado
con la desmesura
del deseo de dioses,
la gestación de esta historia.
sol que has venido hacia mí
sostenido por vendavales,
para abandonarme luego
ausente de mí mismo
en la fatal ausencia del deseo,
crucificado por un vacío
sin nombre, por el no ser
del verano, que ha cegado
mis ojos, transfigurando
lo que se calcina y llaga
con el esplendor y el fasto
de todo lo olvidado,
y sin embargo, presente.
Vulnerado hoy, sin palmas
ni palomas, sólo me quedan
las vacías ostras,
donde oculto tu nombre,
oh mío,
oh deseado,
oh incandescente...

Claroscuro

El duro pan de soledad
El zarpazo del tigre agazapado en la noche
El invisible en el día,
La sed del infinito que se agota
En el infierno del desierto,
La sangre coagulada vuelta
A sus orígenes, el sudor y el miedo
Y el cansancio que el trivial comercio
Con la efímera eternidad del verbo
Se hacen oscuras obsesiones,
El yo condenado a sabiendas y el cobre de la
Campana del crepúsculo
Que llama a reunión de vivos y de muertos
Y qué harás hoy sombra de sombras
Que finges no conversar con las augustas
Sombras de los muertos
Tú que sigues el camino que termina
En el corrupto círculo que se repite
una y otra vez una y otra vez
"vox clamantis in deserto" y la campana
llamando al ángelus y la madre
traslúcida mirando desde la luna
la soledad donde se acunan las mortales
caricias de los sueños sigue sin embargo
sigue muriendo que en tu principio esta tu fin
aunque aquí no existan ni principio
ni fin sino la corrupción que los segundos
preparan en silencio para que el círculo
se cierre y nada como el alud de las montañas
se cierne sobre ti.
Difícil despertar, difícil entrar a la casa de
Las sombras donde los ángeles
Son los daimones que la obra puso
Para verter en ella el veneno que
El tímpano y los ojos la atávica memoria,
el gusto de la luz y todo aquello
Que extraviado está, hagan del duro pan
errancia del nonato, los dientes del vampiro
que lucen marfilíneos a la luz de las aguas.

II

Ahora que el camino es uno solo para muertos y vivos
Ahora, ahora, el asalto fatal
Pesa sobre las almas como el viento
Y la peste, como el beso y la llaga,
Que ignoran los que muriendo sueñan
Con la vida, enamorados del crepúsculo,
Enamorados de las hojas del verano.

III

Una rata en la nívea ingle de Jesús,
Un linchamiento en la esquina de París
Para Villón, un silencio cargado de presagios
Para el frágil Lenau, el duelo interminable de la suerte
Para quien lo ha perdido todo y ha muerto mil veces como Rembrandt van Jin,
dos tiros súbitos para Kleist y su amante Retrato, la buhardilla y la vejez,
el tartajeo de Holderlin,
Rabia, solitud, rayos, centellas para el último Dios
Que canta al universo y se llama Beethoven,
El si roto por demasiada luz de Nietszche,
Trino y uno demente Artaud y el tiro de Celan,
Espejos para mis manos y mi boca y el duro pan
De la agonía de ser el don, lo que se da,
El pez y el tiempo, el tiempo, el duro pan
Que los demonios han puesto en mi camino,
El lecho, la guillotina, la sangre convertida
En camino hacia un balbuceante abandonado
Niño en mitad de un jardín que nos conduciría
Al infierno de la vejez y el abandono.

IV

Cuando, cuando, madre, vendrás a mí
En luminosas mañanas
De praderas incendiadas por gritos
de monos y balidos de terneros
tempranamente destetados como yo,
tu Ángel deyecto aquí, en ésta tierra
de nadie, baldía de deseos y de imágenes,
cómo no ser aquellas, fuera del tiempo,
murmurando, murmurios de suiriries
en los esteros que se devoran las temblorosas
ancas, los jadeantes belfos de los caballos
Ensillados para partir hacia auroras de oro.
Y las noches, a las noches madre, las abiertas
Madres cubiertas por las ubres de luz
Que titilan aquí en el alma, aún, fuera del tiempo,
Fuera de la incuria y la penuria de lo
Que nos devora penosamente como Cronos
A sus hijos, madre terrena, madre que nos levantas
Sobre la aurora y cuidas el torrente de la sangre
Que aún fluye, lentamente, lentamente,
Por las arterias donde el manantial ya seco
Se abandona a la muerte de la vida,
A la vida de la muerte que nos abría
Túneles, pasadizos radiantes, puertas de centelleantes
Cuerpos, manos, labios y grafías, cuando
Comenzábamos a partir en búsqueda de un
Absoluto que hoy, madre, es seca mar,
Salina de los ojos, y espera, espera, espera,
De un milagro, del prometido adviento,
Ya cerrado, ya amurado, y nosotros los presos
De aquellos luminosos jardines
Que fueron nuestros y sobre los que ahora
se cierne, sólo el desierto, sólo el desierto.

V

Y esperamos la muerte, ahora que dialogamos
Asiduamente con la muerte
Llevando la corona de los muertos
En la cruz del calvario del deseo de la vida,
-de Eterna vida y gozo eterno- nosotros, crucificados
por la palabra y en la palabra amor
secos como la mar de muertos dioses-,
fieles al designio de aquellos que se mueven
en nosotros, sigilosos, custodiando las horas
y los días que asignados nos llegan a nosotros
que seremos tasados como objetos
de un mercado macabro; cuánto cuesta la Eternidad
y la corona de aquel que agonizaba por el hombre?
Cuánto la locura que Zaratustra vertió en sus salmos
O las mudas cuerdas del piano de Holderlin,
La cuerda de Villón, el tiro con que Van Gogh
Saldó su deuda con el arte, el derrumbe de Poé,
La soledad de un niño triste agonizante
y solo en las perdidas "Iluminaciones" de un
interminable viaje, cuánto, cuánto, mercaderes
de llagas y luminosas mañanas, fariseos del templo
que conduce deste mundo al quiebre de otros
paralelos que nos conducen a ser más hombres,
a ser intasables por los contadores de los frutos
del espíritu donde la abeja, la reina del Estío,
continúa libando más acá de la muerte, más allá de la vida.

Bodas con la luz

Un día temprano, súbitamente florecí con la luz
ese día la luz nació y se hizo carne, se hizo voz,
se hizo huella y amaneció noctámbula dormida
entre mis brazos como abeja sin madre.
Más tarde me desperté con ella y descubrí
en mi abrazo sus terribles abismos: fui su esposo,
su esclavo, su mutilado mártir, y en los naufragios
reinaba como la voz del miedo y la sombra
acudía a su encuentro, con la cruz invertida
de los vastos naufragios y las esquirlas que la noche
puso en su casto cuerpo de doncella indomable.
Fue la luz primigenia del día primero de gracia
donado al desterrado príncipe sin corona ni mirtos,
-el rapsoda voraz que canta ahora los crepúsculos
y el reino no conquistado de la luz vulnerada,
-destrozado por los litigios del día y de la noche-,
azotado por las llagas de la melancolía y de la
cuadratura del sol del mediodía, que escande,
llaga, y exilia a sal y amarga hiel de la melancolía,
y el abismo de aquella luz tornándose toda ocre.
Así, me perdí tristemente en el abismo de la razón,
en las blancas salinas y los desiertos páramos
del que no tiene patria, ni boca para nombrar
cenizas de palabras, señales de muertes innombrables
de aquella virgen del Estío primero, entre palmas
y abras solitarias, donde se filtran los fragmentos,
entre huellas de sangre y presagios- aún presagios-,
de mensajes de abriles que recuerdan
el día en que llamé a la luz, -encanallada ahora,
harapienta, arrepentida de sus delirios y los míos-,
buscando el nombre único, el exacto compás
y la tibieza exacta de una larga promesa.
Pobre niña, pobre patria expatriada,
pobre deseo inerme entre cruces y llagas-,
cuando ya nadie busca ser Dios, acariciado
por el viento del Éter más azul y más claro:
luego se aleja pensativa, dócil quizá, entregada
al escarnio de los días que pasan,
y marchitadas flores por corona-, alrededor
de túmulos se arrodilla ligera, para en silencio
buscar al vástago del día en que llamé a su puerta
y vino a mí sin preguntar por qué.
Todos los poemas © Oscar Portela
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Antiguo 18-oct-2010, 13:33   #6
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CHRIS AUSTAD
poema de OSCAR PORTELA

Belleza que enceguece, amado Chris,
La tuya, y hace temer porque en tus brazos,
Se encuentran aposentados y bellísimos
Los encontrados ríos de la vida y la muerte,
En la gloriosa soberanía de tu sexo.













*/ el divino Chris Austad .
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Oscar Portela

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