Los locos de adentro.
Hace tres noches que los locos,
los que concilian mi locura,
hacen la huelga con los otros,
que me custodian la cordura.
Dicen que quieren discutirme,
dicen que pueden doblegarme.
Quieren que deje de escribirte,
piden que deje de pensarte.
Una guerrilla ellos planean
tomando el centro de mi pecho,
donde el capricho se codea
con el agónico recuerdo,
el que te guarda en la memoria,
el que al tenerte se lastima.
El que se muere por tu boca
en esa gris fotografía
La noche es corta como un grito
y fue llenándose de apuros
y entre las idas al martirio
se desbandaban los segundos,
pero escucharte era infinito
y desvelarme, otra verbena.
Por descifrar este algoritmo
invertiría vida entera.
Después el humo y otras nieblas
con los monólogos radiantes,
hicieron fácil la quimera,
más no he podido, yo, olvidarte,
cuando en el cielo los fusiles
iluminaron tus encantos.
Aquellos locos tan civiles
se me quedaron consternados.
Así volví; perenne y solo,
fumando un último disparo,
ahogándome entre los astrosos
vacíos de los desolados,
cuando aquel hueso inconfundible
se reflejaba sobre el río.
Aunque era un charco irreversible,
le daba luz a lo sombrío.
Y así escribí callando voces,
cansado de la suerte grela,
cansado de los desertores,
de borronear la servilleta
buscando el verso que te nombre,
que hable de ti que eres tan pura.
Para pintarte en cualquier noche
o desvestirte en la pintura.
Los ojos cantan cuando lloran,
alma sencilla en sobresaltos,
pero llorar tiene deshonra
si lo provocan malos cantos.
Cuando se miran los gorriones
llorando solos en la noria.
Les llena el pecho de canciones
y la belleza los exhorta.
Así termino con los versos
que han intentado dar sentido,
tal vez no siendo claro en esto,
si es un rejunte de altruismos.
Para que guardes en cajones,
para que tengas un quilombo.
Por que si tocan tus razones,
te volverán loca tus locos.