Un rascacielos y una flor,
los dos secándose al sol,
sintiendo una brisa que huele a poesía
expresan su amor de raíz y hormigón
es que están entrelazados
ante los ojos del montón.
Un pedazo de hormigón y una obra de Dios,
una paradoja del destino fue quien los unió
mientras muchos transeúntes forman una gran postal
ellos siguen abrazados en el centro de la ciudad.
Lo místico del amor se traduce en ellos dos
¿sino como es posible que expresaran su pasión?
sin tapujos ni mentiras frente al mundo que los mira,
sin rencor, solo alegría, amándose en una esquina.
Pero un día terminó, como termina todo amor
es que un desgraciado arranco la bella flor:
mientras tanto yo observaba tan cruel agonía
desde enfrente de la esquina,
vi como los místico moría.
Hay tristeza en la ciudad aunque nadie lo note
como tampoco notaban el amor que brotaba cada noche;
ya no es igual el paisaje que observo desde mi rincón
ahora la esquina es puro hormigón.
Let!