Pensó que no tenía sentido a esas alturas, preocuparse por cerrar la puerta principal ni hacer una hora de ejercicio y trote a lo largo de la enorme plaza que tenía enfrente a su casa, pero cerró la puerta y trotó como era su costumbre.
Para ser el último día, las cosas no parecían particularmente anormales, la mayor parte de la gente había preferido seguir, como si mañana hubiese un mañana.
Trotó y también notó que muchos habían parrandeado como locos la noche anterior; las pruebas abundaban. Al cabo de su rutina matutina, volvió a su casa y prendió la televisión: todas las señales estaban en cadena con una señal norteamericana, que informaba el proceso de colisión pronosticado para las 11:03 GMT.
Sabía que el café instantáneo era fatal para su organismo, pero bajo las circunstancias, se preparó uno doble con crema y doble azúcar, y se lo bebió consciente que siendo las 07:59 en su reloj, le quedaban cuatro minutos para disfrutar su café cargado y decir adiós a su manera.
A las 11:03 GMT efectivamente, un fenómeno cósmico inimaginable se desató sobre la tierra, una extensa zona boscosa fue borrada del mapa en cosa de décimas de segundo. Un cometa enorme se había fragmentado a horas de su colisión con la tierra y solo un fragmento, había causado una devastación que pese a ser menor a lo imaginado, cambiaría la historia.
Tuvo que soportar el inicio de la gran devastación, cargando el dolor espasmódico de su vesícula disgustada ante semejante café con crema irreverente.
Pero ya no tendría que preocuparse otra vez de tal veneno biliar; prácticamente ninguna planta de café, ni vaca o símil alguno, superó el invierno de años que apresó a la Tierra desportillada. No volvió a conocer de tales tentaciones en su dura historia de sobreviviente.
Incluso en la ancianidad, recordaba el aroma del café con crema entre sonrisas y no sabía como explicarlo a los niños y niñas de la nueva era, su sabor era maravilloso decía... olvidando las amarguras.
....