Quién será?
Creí encontrar a Cortázar en la famosa foto del mayo francés. Caminaba sobre el costado derecho de la imagen con un gesto particular, propio de esa mirada que se aparta por una sensación de incomodidad, como si supiera que debía en ese momento irse a hacer otra cosa, pero que volvería. Que no tardaría sin embargo demasiado.
Entonces me di cuenta, me encontré reflejado en ese hombre, en ese que no es pero que al menos parece. Me encontré asi, rezagado ante la presencia de una oposición enorme que vine peleando hasta ahora en primera fila, y por cierto derrotando. Sin embargo me tengo que ir, por un momento al menos, tengo que atender mis cosas, dejarme tranquilo, no pelear, fluir. La sensación del retorno supongo entonces que llegará sola con la misma sensación de aburrimiento y frustración. Que como las olas viene siempre y se va a una incierta hora.
Me despego de la imagen y sin embargo advierto que el hombre no camina, no se va. La mirada es la misma y, aun, no ha dado vuelta la cara. Es probable que jamás de vuelta la cara, que jamás se retire de hecho. Entonces vuelvo a reflexionar, miro el resto de las caras, el momento eternizado por la fotografía. Me encuentro ahora en todas las caras. Caras combativas con aires revolucionarios, caras llenas de miedo con un gesto abrumador. Caras redondas, caras cuadradas. Incertidumbre, confusión, incredulidad, todo eso.
Y ninguno se va, ninguno que se fue volvió, siguen todos ahí parados, en espera. Algunos tienen las caras cortadas por los bordes y sin embargo se ven completos. Me miran, me ven, me encuentran despierto temprano por la mañana pensando quien de ellos quiero ser hoy. Si quiero hacer que me voy, anunciar que vuelvo en un rato. Si quiero perderme y confundirme para asi escaparme al menos por un momento de este lugar. Si quiero combatirla, si quiero idealizar, luchar por algo que piense, algo, no lo se. Si quiero amar a morir y morir por eso. Si quiero llorar porque no creo lo que veo, lo que fue, lo que ahora me pasa a mi, acá.
Doy vuelta la foto y encuentro algunos detalles del diario. Veo un año: 1968. Veo ideas. Me interesa. Me doy la vuelta. Me siento. Respiro. Miento, estoy escribiendo. Escucho un perro ladrar a lo cerca, en el patio del vecino. Se aleja el resplandor de haber madrugado y ya todos están despiertos. Esas horas que se pasan solo en una casa por la mañana son el oro que tanto cuesta lograr. Como desearía que siguieras durmiendo. Ahora si, me siento, respiro. Todo lo que hice pierde sentido, la reflexión, el caos matinal de mi cabeza confundida, el revuelo del dia que se muestra confuso por no saber tampoco que cara se va a poner hoy, por encontrarme despierto sin entender. Es casi como mirarlo a los ojos, desenfundar. Quien dara el primer tiro. ¿Quién será? Espero no quedarme dormido.
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Agustin Pastor K
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