Caballo Negro
Caballo Negro
Nicolás Rébora.
6/11/07
Paseando por los caminos me encuentro con un cartel. Lo leo.
“A 500 metros: Lo buscan.”
A los 300 metros leo otro cartel.
“A 200 metros: Lo buscan.”
Las escarpadas laderas no me dejaban ver más allá de 50 metros sin encontrarme con pasadizos y pendientes, por eso quizás no pude ver nada.
“A 50 metros: Lo buscan.”
Sin perder el poco tiempo que quedaba, me voy acercando a una cabaña de madera. A 20 metros del cartel empezaban las cercas y puertas, que al principio requerían una mayor fuerza para abrirse. Ahora son como hojas de papel al viento.
No me doy cuenta pero cambio mi postura al pasar la primera puerta, pasados 5 metros mi estatura subió, básicamente debido a que deje de caminar encorvado y con la cabeza mirando al frente. Ahora veo.
Pasados otros 4 metros y medio una cerca blanca que me llegaba a las rodillas. Pensé en saltarla, pero no, seguía cambiando. Di la vuelta, unos 10 metros hasta encontrarme con un camino que conducía a la puerta de la cerca blanca. Era pequeña, rodeada con flores y aromas. Empezaba a sentir, con el perfume de los Jazmines, el poderoso sol que ahora penetraba por mi cuello y seducía a mi ser.
El camino de arcilla acariciaba el pasto verde; un proceso descriptivo que antes no existía en mi, súbitamente reconoció que no tenía fronteras y decidió romper libre ante mis ojos. Ya no veo, ahora observo.
El rocío que pintaba de manera burda los alrededores daban la impresión de que el artista no se asomaba en su cuadro hace unos cuantos días. Su brocha, dura con el paso del tiempo, arañaba la superficie, maltratándola, descolocándola de su estado natural. El camino era cada vez más arenoso.
A los lados los árboles y arbustos se empezaban a retirar de la escena, como dándole paso al personaje principal un espacio para terminar con su drama; no querían acercarse a la locura por el simple hecho de que su guión era otro. La tragedia se transforma en comedia y la casa es de madera.
“Te buscan.” Decía en la puerta un cartel colgado del picaporte.
Toqué.
...
..
.
“¿Hay alguien?” Dijo él.
No recibe respuesta.
“¿Hola?” repitió “¿No hay nadie?
Dada la incertidumbre que inundaba el ambiente, decidió subirse a la barca y tratar de abrir la puerta con normalidad. Abierta.
La puerta emite un grito de socorro pero nadie acude a su rescate. La habitación describía un círculo perfecto, amueblada simétricamente y decorada con los mismos diferentes colores. La música que se escuchaba no era más que la misma que se oía a lo lejos, provenía de “allá”, pero en realidad se escucha “acá”. Él sólo camino unos momentos, dando vueltas, buscando.
Buscándose.
Se encontró. Estaba sentado al lado de un tablero de ajedrez, decidió no molestarse debido a que estaban jugando una partida, entonces prosiguió con la siguiente jugada.
El peón blanco adelante. Dos lugares.
El peón negro lo imita, suponiendo que esto provocaría una cadena de eventos impredecibles. Dos lugares.
Otro peón blanco acompaña al primero. Un lugar.
Otro peón negro, al borde del tablero, hace su aparición en el juego y baila. Dos lugares.
El alfil blanco, cansado de esperar, pide permiso y se prepara para una cena. Cuatro lugares.
Tocan la puerta.
Dejándose llevar, la torre negra sale de su escondite en el borde del tablero. Dos lugares.
Muere el peón negro. El alfil, satisfecho. Dos lugares.
Tocan la puerta.
“Voy yo” Dice el peón.
“Déjame a mí, por favor.” Responde el alfil
El caballo pasa galopando por detrás de la ventana, Él se da cuenta que tocaban la puerta, se levanta y de un golpe descuidado voltea el tablero.
Jaque. Un lugar.
---------
Comentario del autor: Escribo porque me gustan las letras en el papel, y los caracteres en la pantalla, y en ellos intento condenar mis pensamientos y creatividades mas profundas. Quizás es una literatura abstracta, tácita, pero tengo que decir que existe un yo, un él, un ellos, y mucho más en este texto. Lean ustedes, critiquen ustedes.
__________________
|