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Fecha de Ingreso: octubre-2006
Ubicación: Corrientes. Argentina
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Antología Poética : Oscar Portela
YO
por Oscar Portela
YO, cuyo amor era fuego y silicio
para el alma y el cuerpo del amado,
yo ,cuya boca abierta como fanal
al éter donde los dioses derramaban el néctar
que cantos depositaban en mis labios,
yo, que dí la armonía a los astros
y el verbo a todo lo vivo, como el polen
que da nacimiento al fuego de las palabras
sagradas; yo, que hice de mi osadía
la escalera que conduce al empireo
y pretendí laudar con la esperanza
la prometéica vida del mortal,
vedme ahora convertido en Titan
destrozado por las fuerzas y el ejército de los días,
yo, que ahora debo renunciar,
que ya renuncié a la gracia
de la pasión,
guiñapo y burla de los dioses, solo y abandonado
Ulises sin retorno, olvidado de Itaca,
aún sufriendo las vejaciones del corazón
que intenta el canto
y de la amistad que intenta reconciliar
con el camino.
("YO", poema inédito -2001-)
por Oscar Portela
Que profanado no sea mi cuerpo con las memorias
del Clima. Lejos y en funeraria de seca y negra
arcilla enterrad las memorias que mancillan mi
carne con implacable ardor. No hay piedad ni
acatamiento fértil de la ley bajo esta estéril
luz que ciega mis ojos con arena y con humo.
Lejos me lleve la piedad del agua a la iniciática
fiesta del candor y los salados mares que llagan
con amor o con yodo y a desmemoria vuelva mi
osadía, ya vacío de mí, a propicios parajes
que revelen otras historias para mí, climas, sueños
en el vuelo inmortal donde reposo, lejos de la
profanación y del escarnio en funeraria espera del amor.
("Profanación", del libro La memoria de Laquesis)
MILONGA ENTRE BORGES Y YO
a mi amigo Pedro
Yo no me cuento mi vida
se la estoy contando al Otro,
en nombre mío la cuenta
aquel que porta mi nombre:
Cuando alguien habla de mi
está pensando en el Otro,
sombra, socias y espectro
que me lleva y me transporta.
Tumba mía, nombre mío,
pasajero sos de todo,
lego en tu letra y la mía,
la obra de mis congojas.
En nombre mío me endeudo,
con el Otro y con su nombre,
y así inmortal no perezco
porque tributo a una sombra.
Sombra soy, sombra me quiero,
milonga soy, soy copla,
y extranjero de mi mismo,
le cuento mi vida al Otro.
Memorias
Autobiografía Poética
por Oscar Portela
Punto Muerto (Dead End)
por Oscar Portela
Era temprano, demasiado temprano.
La diana era blanca como la escarcha
del invierno y migraban los días
como aves, llevadas por los vientos
de los faustos veranos. Luego grité:
"abandóname infancia o descíframe tus
enigmas", pero todo fue en vano: aquí
estoy poseído por un país de dulces aguas
y garzas blancas o moras ya abandonado
para siempre, para siempre descarnado
y sin sueños, quieto, inmóvil, sombra
de mi mismo, "yo que estuve en toda
la oscuridad y parte de la luz o he
sido todo esto" Liza querida, ya para siempre,
sólo y a la intemperie de las bárbaras
imágenes que me poseen en la vigilia
y en los sueños:
Erase un pueblo (¡ay! Loreto)
llegado desde lejana Roma y aupado por
los ángeles, lejano, inmóvil fuera de todo,
todo tiempo, donde besé a mi madre,
tierna, tierna Marina y al callado casi
oscuro, casi silencio, Don Modesto Portela,
padres que me trajeron a estas tribales
tierras donde pasé la infancia adentrándome
en la infinitud del dios de los esteros,
y los libros que asolaron mi infancia
como varas de fuego: la sangre de ibérico león
corría por mis venas, toda ella poseída
por la mágia, negra o azul de las mezcladas
razas de mi América: luego, Oscar Ignacio
Portela Bofill, y Molina Gómez de Barreda.
Los punzantes estiletes grabados en la carne
del alma del asfalto, donde el amor, otras imágenes,
hicieron nido en mí, "doloras" y fracasos,
estigmas y entusiasmos que poco a poco
hicieron de un niño enfermo y custodiado por
las gracias, el luciferino adolescente de una
edad de oro en el cual venían hacia
mí nuevos padres, amigos que ya no están
y sin embargo sobreviven, y el exilio y la cárcel,
y los aplausos y rebeldías o claudicaciones
de un alma que había bebido néctares y frutos
de un paraíso perdido -1950, y luego, y luego,
las espectrales sombras, los insomnios eternos
como el amor perdido como la roja muerte que se
llevó a mis padres, yo tigre, yo tauro y ahora
sólo "poeta en tiempos de penuria",
re-escribiéndome a mi mismo para borrar las
huellas que delatan mi huida, ¿hacia donde, cuando?
Porque a pesar de todo aún respiro, aún mis manos
transpiran y aún se posa en mi pecho el candor
del jilguero que me acunó de niño.
Oscar Portela
Cuadros
Por Oscar Portela
A Marina Bofill de Portela,
mi madre
Madre sentada en mecedora
levitando sobre perfume de magnolias.
Ni su densa presencia ni el rumor de
las vagas estelas del alba
deslizándose sobre rayos de urgencia
en las cálidas noches
donde sueñan las densas aguas
del deseo y algo más hondo que el abismo
u oscuro que la pasión de un muerto
danza en la noche la danza
extática del mito.
Allí el perfume de la memoria
encendida en las brasas que
alguien dejó a la vera de un sendero
sencillo cuando aún las
soledades desplegando raíces
en el exilio del verbo buscaban
decirse a sí mismo una historia,
bastarse poseyéndote al poseerse
en la misa de la pasión total
del absoluto, no, ni madre
en mecedora sostenida por la blancura
de jazmines en lo más entrañable
del aura ensimismado,
no, ni madre en mecedora lograron
hacer de ti algo más que el
destello de una vaga esperanza,
una pasión de rayos y tormentas
demoradas que caen para impetrar
la suerte y sólo en sueños
halla su vida y forma o
una paz anterior a los duelos
que ya entonces en mitad
de la noche del trópico,
derramaban su luto
sobre la soledad que se extasiaba
en sombras y días de encantos
o presagios sin memorias ni Ecos.
No, ni madre en mecedora, allá
solemnemente enlutándose en aromas que
no penetraban en mí ni en los
espejos de las aguas más dulces
donde la voluntad se dicta
un mundo y un mensaje de sueños,
aquí, abandonado a la intemperie
de lo que no puede decirse,
el signo abriéndose como una
herida, desamparándome de mí,
extraviándome una y otra vez
en mí, condenándome a esta vasta
aventura de los nombres
y de la soledad que ni madre
espectral sobre memorias,
solísima sobre hondos perfumes,
exorcizar podría y ahora podéis
verme deshabitándome de mí,
de nombres y de amparos,
de historias que el viento olvida
aquí, desexhumándome en mitad
de jardines soñados, endemoniándome
ya sin nombre o guarida,
enloqueciendo y sólo atento
a los olores del sexo del
viento extraviado en mis manos,
o de un cuerpo pequeño, piel
ignorada, purísima, como de madre
en la noche de los designios,
desposeyéndome
de todo y aniquilándome convulso
O enloquecido de pavor y
exequias sin comprender, salvo a
mi madre en mecedora
envenenada por los dulces olores
que no expulsaron la soledad
de mí, hundido aun en noche errática
y sin penas y caminando hacia
el fatal olvido, el pliegue
incompasible donde nacen los
límites ambiguos y el no saber
que entramados proyectan
los haces de la suerte y de la muerte.
A MI PADRE
MODESTO IGNACIO PORTELA
EN UN CEMENTERIO PUEBLERINO
por Oscar Portela
Para entrar a mi mismo
debo cancelarme a mi mismo,
aceptar lo que fué cancelado
por la memoria de lo que fui
una y otra vez, huella borrada
por el viento de la soledad,
latido que se detine a si mismo
una y otra vez, y luego continuar
despidiendome a mi mismo, ahora a ti
porción de mi enterrada vida,
en las ariscas tierras de un pobre
cementerio, levemente posado,
al borde de lagunas y esteros
donde alguna vez canté
la iridicencia de la espuma,
el alma que adentrada en si misma
se despide de si, ahora, ahora.
¡Ah padre mío, sin amargos regustos
ni omnipotentes cánticos,
sola, cancelándose a sí, en la mudez
del verbo y aceptando que borrar
y escribir son uno y sólo ejercicios
de amargo duelo y sol amargo! :
Así nos despedimos padre,
tú adentrandote en otra luz y
atravesando el Orco, lentamente
como entraste sin prisas a la sombras,
silencioso, entregando a lo que es de
tinieblas lo fugado y dejando a la luz morir.
Pocas lagrimas después de tanto tiempo,
pocas palabras para continuar llevándote
conmigo sin apenas saberlo es todo el
secreto de lo que carece de nombres,
cuando más profundamente olvidado
estás en la presencia de lo ausente,
vacía ya el esplendor del anfora
de la palabra. Ahora tal vez tú y mi madre,
tú y un poco de mi mismo se irán de manos
al Erebo : así creí que nunca volvería
los ojos hacia atrás ni preguntaría nada
y sin embargo las plegarias que toman
en mi las formas del adagio de las horas,
las cautivantes gemas de lo que fuése
ardor y pánico reclaman para ti
las calmas aguas y el nombre de Marina.
Ya los natales paisajes han desaparecido
con tu nombre y en tu nombre mas el
aliento de lo indecible, continúan tras los
cansados pasos de esta sombra que soy,
y se consumará en tu nombre.
El túnel
por Oscar Portela
Las lívidas arenas, el oro del más preciado
de todos los metales, allí donde el frío de la noche
cósmica nos muestra la finitud del hombre que supo
morar y construir mientras otro desierto, el que linda con
la no espera de la nada, crece en el corazón del hombre
y las estrellas caen como hojas de invierno, allí, donde sólo
quedan ruinas de lo que fue y la oscura noche se extiende como una mancha sobre la historia que ha dejado de ser la fábula de lo que vendrá:
un túnel se extiende allí
donde el frágil mortal soporta el cierzo de la soledad,
y los Dioses las tenebrosas alas del vampiro
donde el túnel se desborda en el infinito de una noche
anterior a todas las noches, allí donde marcha el mortal
muerto de frío, sin plegaria en los labios, con memorias de
escombros sí y un corazón endurecido por las arenas
del desierto de la razón que nos trajo al principio de la noche,
noche primera, la soledad primera,
la finitud en la que nos perdimos, nosotros, antaño Dioses, hoy solo
mendigos del oro de un abismo sin fundamento
donde el hombre puede caer bajo del hombre.
El Gólgota
por Oscar Portela
El azul que ayer poblaba
mis ojos y el infinito del azul del mar y el viento
la arena mezclada al roza del deseo
las lágrimas y los secretos demonios
que mantenían mi corazón en vilo y la danza coral
en la estación del aura primigenia,la inocente infancia
que se negaba a abandonarme y los dioses
con sus huellas dibujadas en mi sudorosa piel
todo ahora sucumbido y mirado con los ojos del ciclope
el desfiladero de la locura la pesadilla del vampiro,
el pavor de las sombras el insomnio que acecha
como un tigre agazapado tras las leyes inexorables de
la fragilidad humana el tiempo irredento, las fuerzas
de los Daimones de la poesía, que me mantenían despierto,
u la sueñera de mi alma, el golgota amaneciendo frente a mi,
la cruz negada y afirmada cien veces cien antes del canto
del gallo y la gota de sangre cayendo sobre mi frente,
cayendo sobre mi frente...
Escombros
por Oscar Portela
El mas inhóspito de los huespedes
habita ahora mi corazón;
escombros y más escombros
sobre el norte de la soledad
donde se incuba el huevo de la
serpiente que engendró fuera de
tiempo mi alma.
¿ Mas que hacer?
Horror es todo lo que llenó de infantil
alegría el podre que ven ahora
mis ojos. Vacuí el amor que llenaba
las horas que hicieron
presa de los sueños.
¡Ay! Vivir eternamente para ver
la esteril repetición de las horas
y la degradación inutil de las formas.
Dormir, dormir
bajo el peso de la soledad y los
escombros del tiempo,
el veneno que la vil espada
pone en el corazón ya sin asombro
de traiciones y humillaciones
maldecidas. Demasiada soledad
sobre mi soledad, demasiados espectros
sobre los espectros, demasiados duelos
sobre los duelos, demasiada intemperie,
sobre la intemperie,
que allá en Elzinor
fué un tiempo azur y la alucema.
Sobre el horror lo informe.
Dormir, dormir rodeado de serpientes
cuando el mundo no es ya mundo
sino silueta fulminada
de quien no ha salido todavía
de la caverna. ¡No me digais más adios!.
Demasiada soledad sobre mi soledad,
demasiados espectros sobre mis espectros,
demasiados escombros sobre los escombros
que no hacen sino derrumbar escombros.
Espera
por Oscar Portela
Toda la música
que afluía a mi boca
el lago de mi boca
los peces de mi boca
la gran mar estrellada
de mi boca
el infinito azul
perfumado de mi boca
perdidos ya
ya perdidos
el mismo ceto,
la misma esquina,
la misma desazón
la misma culebra
sibilante de la noche,
la misma noche perdida,
con notas disonantes
y el recuerdo como el piano
de Holderlin con las
cuerdas cortadas. Eso es todo.
Cuerpos asesinados
por la pasión,
manos entregadas al vacío
de la caricia,
piel exaltada por el azufre,
todo aquí, todo enterrado
en un ahora eterno
y yo esperando
la muerte
y yo esperando.
Misterios
por Oscar Portela
Misteriosos son los caminos de la vida.
Tortuosas derivas, violentas cascadas,
vientos huracanados, crepúsculos que reflejan
el vertigo el mundo y la otredad del projimo.
Y todo está en las manos, ojos labios y música
que pone melodía al corazón y a los misterios,
en las manos los daimones y ángeles
que presiden los sueños de los que estamos
hechos, de las sombras de las que estamos hechos,
auras que no disipará el azar,
ni demonios ni angeles aunque el Dios
que preside nuestra mesa
quiera bajar de los espejos,
los espectros que viven en las aguas.
El Día
por Oscar Portela
Llegó un día a mi puerta con un claro
silencio sobre la frente.
Era solo
respuesta tras el dintel vacío,
pura interrogación su boca
sin ninguna pregunta,
que guiara sus pasos.
Serené entonces mi corazón
agobiado
por el recuerdo innúmero
de lo que fué combate provocación,
y éxtasis.
Ay, lucha y cortejo, agua y ceniza
derramadas
sobre el cruel arabesco
de lo que hizo destino.
Yo fuí de nuevo el ánfora
donde mezclar las horas
melodías
y acentos.
Fingí ignorarlo todo
pues de ignorancia vive
la llama que ilumina
y dá forma
a las sombras.
Y tú eras la sombra.
Al mar dejó mis pasos
y quede en el escrito
de la nada y la boda,
nombres que alumbran
huellas
cuando pena la noche.
Mi corazón gentil
diciendo
el naufragio primero
sucumbendo a la estela
del número
y la estrofa:
para dejar estar,
el vivo sol que entonces
tu mano
librerara a la entrega
primera de lo que fue
llamado,
sin endecha ni queja
y en silencio cantado
sobre la carne muda
y el perfume de un huerto.
Carne de las palabras
entregadas
al deseo primero,
así fueste volcado -
pués en la muerte sola
y los días que hasta el poeta
llegan
claramente retorna
furtivo como toda
pregunta
que repite insaciada
el origen del verbo,
la memoria encendida
del aura de tu pelo.
Niño Solar
poema de Oscar Portela
Que burla señor, que has puesto en mi boca
preces y bendiciones, y en mi cintura
el fuego de los dioses que dominó la muerte,
ahora que solo clamo por ti, noche,
por tu desacimiento, yo , como exiliado, condenado,
solo en la noche libre, odiando toda luz, odiando
toda belleza, señor que burla, que burla el largo camino
que conduce del sueño del niño solar
a éste que ahora su cuerpo baña con las cenizas del
recuerdo, - porque nadie puede saltar sobre su sobre su sombra
ni coincidir con ella cuando el mediodía se retrasa,
- Oh señor- , y en mi solo crece el desierto,
el olvido que no puede olvidar el olvido
que lo revela todo, las pequeñas muertes,
los pequeños duelos, abiertos en las confeciones
de las encenizadas lagrimas, las que lloro por mi ,
y por aquella belleza que no engendró mi corazón
aquí, en ésta soledad a la que me condenaste
al igual que Timón, Calibos, Catilina.
Ahora que solo complo la palidez creciente del crepúsculo-,
el egoísmo de los corazones, la fatal llaga
de lo trivial que se expande sobre todo-,
como un viento demente, yo sin el sueño que da reparo
y da la muerte soñada cuando él me llamaba,
- sígueme, entra al oscuro bosque- , y lo veía
disolverse del mismo modo en que ahora mi vacía
mirada, solo ve muros y la sal del desierto que
crece, Oh señor, que me niegas el rayo
de la locura, la mirifica muerte y solo cenizas
dejas en mi boca,
harapos en el cuerpo del niño
que desafiaba al sol en su carrera hasta perderse
con el én su viaje hacia la noche
yo que ahora soy noche, yo señor, que al viento
y al sol me había prometido, yo, un corazón
con demasiadas preguntas,
abandonado como Abraham en el desierto, como Job,
rascándose sus pústulas, en soledad señor,
tu y yo, acaso solo melodías de una partitura que jamás
será escrita sobre ninguna lápida.
RÉQUIEM
poema de Oscar Portela
Como Tiberio frente al mar azul, como Tiberio
al infinito tiempo de la espuma sin memorias ninguna,
como Tiberio el Dios atisbando sin ver,
más que el abismo del pasado y sentir vagamente
las incendiadas gemas arder en su corazón de niño,
así, como Tiberio, como Tiberio el Dios,
frente al inabarcable órgano del océano
siento subir en mí, contemplando como Tiberio
el elíptico vuelo de las aves,
el horror del pasado, el pánico quebrándose
sobre mi corazón, el quiasmo de lo no sucedido,
hundido como Tiberio, el Dios, entre tinieblas,
con las ardidas naves del verbo proferido por el deseo
del otro que fui, o de los Otros que hablaban
en nosotros, el infinito misterio del pasado.
Larga ha sido nuestra búsqueda, finitos pero intrincados
los pasadizos en los que buscábamos el orden
perdido, el vuelo de los Ángeles, las voces que dictaban
y exultantes ardían en nuestros corazones
enjaezados de lunas y de estrellas, de promesas
burladas por la voluntad de alzarce con el todo del mundo.
Pero heme aquí sin palabras, como Tiberio, el Dios,
pálido en la certidumbre de ser solo un espectro,
una pálida huella en las danzas de la memoria
del devenir del mundo, por los Dioses burlado,
mirando ahora, sin ver más que el Ocaso de los soles
que amara, como Tiberio, como Tiberio el Dios,
yo Dios, ahora deseando la desmemoria sin sexo
de los cerrados ojos de magnolia,
sobre un cuerpo ya anciano que no pronunciará
jamás las ordenes de vida o muerte.
Como Tiberio,como Tiberio el Dios, desterrado en si mismo
frente al mar, bordando el réquiem de lo no sucedido,
pidiendo al Ángel de la gracia de los piadosos
espíritus, que aparten del insomnio toda muerta memoria.
Como yo, como Tiberio el Dios, así, en mitad del leteo,
ahora me preparo para llevar conmigo
la vacilante nada de los Dias, los espejismos
de las Islas Perdidas, -todo lo que un nombre firmara -,
en nombre de unos ojos, unas trémulas manos
de amante y de asesino, unos labios sedientos
de venenos, que ahora cantan la canción del vacío,
las lagrimas de Eros desterrado -el baño de Diana-
y Acteón destrozado, como Tiberio, ya invisible
a la jauría de perros, solo azotado por el lamento
del viento arremejido contra los acantilados de Capri,
allí donde Tiberio, el niño Dios, el anciano demente,
espera la última traición que un inmortal soporta.
El brillo que la noche vanamente quiere ocultar al mar,
( - el único vigía, el último testigo del infierno
que despectivamente baja hasta los féretros...).
LA GACELA
Por Oscar Portela
Que la muerte a la mano esté
solícita y dispuesta
a guiar ésta sombra que persigue el amor
negado y prometido sea promesa de la muerte.
Ay rememoración de un imposible origen,
más allá, lo que rompe el espejo del corazón
que alumbra el claro de la razón
y nos refleja en los ojos luminosos
del felino. No es posible saber si dormidos
estamos o soñamos el sueño de la vida
que ancla en la muerte sus pasajeros pétalos.
Bello sería que nuestro propio espectro
asistiera a la imposible boda del cuerpo
del cielo con las agua y el sol que penetra pantanos.
Mientras tanto rememorar
lo que se aleja más de la memoria,
lo que nunca a sido o estado presente,
la no presencia de ojos y bocas
donde duermen todos los presentes,
y se suspenden todas las vigilias,
la ingle donde el más cálido aliento se congela
y que la muerte guarda para sí.
Mientras reposo mis ojos
en el imaginario lecho de turba y de silicio,
sin esperar ya el sueño de asistir a mi muerte,
recuerdo el rubor de tus mejillas
pasmasmandose en mis cantos.
:shock:
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Oscar Portela
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