La navidad del amargado.
Dicen que soy un amargado, mi fama se debe a mi tendencia marcada a decir la verdad ante todo y no saber callarme. Supongo que mis dos divorcios los pude haber evitado callando o mintiendo sobre mis deslices amorosos, pero mi compulsión me puso en el actual estado: un abuelo que vive solo en una alejada casa sub urbana, dedicado a la restauración de objetos de arte; puedo estar semanas encerrado en mi taller sin pronunciar palabra alguna, a excepción de mis monólogos compartidos con mis perros y mi gata.
Pues bien, pese a mis reticencias, por la oportunidad de reencontrarme con dos de mis hijas y sus familias, me vi en Nochebuena, tocando la puerta de la casa de mi hija mayor e ingresando a un ambiente hogareño y familiar, con varios niños echados en la alfombra, unos adolescentes jugando monopolio y los adultos sentados alrededor en la sala principal.
Unos gin con hielo lograron habilitarme para socializar y mostrar amabilidad; de hecho, aunque resulte inmodestia, cuando logro entrar en confianza me conocen como gran conversador y ameno interlocutor. Entre yernos y algunos amigos íntimos de mis hijas, la charla se hizo en extremo familiar y llevadera.
Hasta que me ausenté al servicio higiénico unos momentos. Al retornar a la sala, en un momento de silencio, fui abordado por tres niñitos queridos: dos de mis nietos y un amiguito; ellos discutían sobre si era o no verdad lo de Santa Claus y sus renos árticos.
La primera pregunta fue: ¿Abuelito, es verdad que Santa Claus existe?
Respondí: "Claro hijo mío, no lo ves acaso en todas las propagandas comerciales de la TV?"
"Pero esos son actores, decimos el verdadero Santa, abuelito...." -dijo el menor.
"Bueno, en ese caso, me temo que no existe, ni existió un Santa Claus con renos y regalos, pero estoy seguro que eso lo sabían pilluelos..." -respondí, mirándolos con mi mejor sonrisa.
"Bueno si, pero no negarás que ya está por nacer el niño Dios, abue..." -me argumentó el amiguito.
"Pues, lo siento niños, ese es otro cuento como el de Santa Claus, ¿saben? la navidad es un invento de los católicos, no fue sino hasta el siglo III que se fijó una fecha de celebración del nacimiento de Jesús; fue el papa Hipólito quien decidió establecer el 25 de diciembre como fecha de aniversario del nacimiento de Jesús, para acabar con las celebraciones de los fieles al dios Mitras en esas fechas precisamente.
Antes, la natividad se celebraba el 6 de enero o en diferentes fechas, hasta el ¡29 de mayo inclusive!. Solo desde el siglo V se celebra la navidad en Jerusalén y las zonas conquistadas por los católicos..." - Fue entonces que me percaté que todos se concentraban en mis palabras y se podía pesar el silencio entre los adultos.
Los niños se sorprendieron un momento, pero 'algo' en su interior, los llevó a pasar sobre el tema y buscar algo mejor que hacer, que oír a un abuelo suelto de lengua.
El resto de la velada todos fueron amables conmigo pero se cuidaron de tocar temas que no sea lo rápido que pasan los años, la dentición de los mas pequeños o la textura de las ensaladas.
Pienso que pasarán varias navidades antes de volver a compartir como éstas últimas. Luego de la cena, uno de mis yernos (el que dice ser numerario del Vox Dei) insinuó que soy víctima de la demencia senil y me preguntó si bebía demasiado. Yo le respondí que hace años ya no bebo, pero que sigo con un vicio de joven: leo demasiado y no creo todo lo que me dicen sin usar la razón.
La atmósfera se puso tensa e incapaz de soportar más, me levanté y poniendo toda la cara de papa Noel, dije: ¡Feliz Navidad para todos, jo, jo, jo! marchándome luego, a ver como estaban pasándola mis mascotas.
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