¿quién es?
Su existencia intensifica la plusvalía,
en conciencia de la farmacología
roe a su ciencia por si fuese ella;
experiencia de su vida imperfecta.
Lisis de su cuerpo es el recto
que cruje en el olvido y en el suelo,
estruje el pezón que lo amamanta,
crisis de una neurona atontada.
Su deseo es desear el anhelo del presente,
convertir los muros en la historia ausente,
sentir lo pensado en su inspiración,
el perseo en torrentes de confusión.
Sin tiempo advertido en cinta,
perdió sensación en el climax,
llegó al límite gruñiendo,
corriendo y hablando sin aliento.
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El que escribe, no necesita escribir, sino leer; el que lee, no necesita leer, sino comprender; el que comprende, ya no necesita comprender, sino escribir.
Si de la inspiración vives poeta, quizá mueras de hambre de vivir.
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