Lienzo
De vez en cuando en la vida,
uno se permite un rapto de cordura
y se sorprende observando
que el deseo ha sido la musa profana de la realidad,
que lo ha pintado todo de acuerdo a sus pinceles
y que ha teñido el lienzo de pura abstracción.
Es el momento clave en el que uno se para
crítico impiadoso de su propia obra
cae en la cuenta del reflejo obsceno
de su mortalidad absurda
y sabe que lo que allí yace
es el cadáver de su imaginación.
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