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Antiguo 25-jul-2007, 12:15   #1
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Fecha de Ingreso: junio-2007
Ubicación: Córdoba (Cap.), Argentina
Mensajes: 58
Predeterminado Revelaciones

¡Hola! Mi nombre literario es Albert van Gogh, soy de Argentina y me dedico a escribir. Me encanta la música (New Age, étnica, electrónica, pop, rock), el cine (Fantástico, histórico, ciencia ficción, espionaje, independiente), la literatura por supuesto (Franceses e hispanoamericanos en particular) y el arte en general. Me encantan los personajes bizarros, fuera de serie (Leonardo da Vinci, Albert Einstein, Sor Juana Inés de la Cruz, Grigori Rasputín, Michel de Notredame, Le Chevalier d'Éon, Arthur Rimbaud, Vincent van Gogh, Marlene Dietrich, Madonna) y detesto la cultura consumista y conformista de la que formamos parte, siendo su máxima expresión hoy en día los realities shows. No sé qué más agregar, que me hallo más cerca de la locura, lo dionisíaco y lo kitsch que de lo racional, apolíneo y políticamente correcto. Para todos aquellos que sienten que no encajan en este fucking sistema, a ellos les dedico mis más fraternales saludos. ¡Estamos en contacto! ¡Viva la Revolución! (Si quieren amarme, hacer sugerencias o incluso insultarme les dejo mi e-mail albertvangogh@hotmail.com).


Beautiful (You’re beautiful)


Hace muchos días que no puedo conciliar el sueño, me desvelo hasta que me sorprende la mañana empapado en llanto. Sin embargo, anoche todo fue distinto. Luego de dar varias vueltas en mi cama, me levanté desnudo y me dirigí hacia un gran espejo que tengo en mi humilde cuarto. De repente, observándome me acordé de cuando tenía 5 años y me vestía de mujer en el dormitorio de mis padres a escondidas. Y cómo olvidarme de las palizas que quedaron grabadas en mis espaldas por parte de mi padre y los rezos a todos los santos del panteón por parte de mi madre. Yo no entendía muy bien por qué algo tan inocente y natural como ponerme las prendas de mi madre a quien tanto amaba podía ser algo tan pecaminoso.
Luego, en la escuela adquirí plena conciencia de mis actos; no porque fuera muy inteligente sino porque mis queridos compañeros y sobre todo el maestro de la escuela me lo hacían notar de todas las formas posibles: desde endilgarme novios que no tenía, apodarme el Ello (en alusión a mi ambigüedad), hasta hacerme blanco de sus bromas más pesadas que me llevaron a pensar que había algo malo en mí, que era un error de la naturaleza y que yo era el culpable de todos los problemas universales. Que así como otros nacen ciegos o tienen cáncer, yo era rarito, diferente, maricón, chupapitos, puto y todo mote que exista para referirse a mi condición sexual. Todo ello me llevó a abandonar a los 13 años la casa de mis padres para huir de la vergüenza y el deshonor hacia mis seres queridos en el afán de poder vivir mi vida.
Para poder sobrevivir, intenté toda clase de trabajos que podía desarrollar en base a mi edad y a mi escasa preparación. Pero, cuando veían mi aspecto andrógino sólo me tomaban para limpiar pisos y baños de pocilgas y tabernas. Fue así que, a las cansadas, caí en la prostitución. ¿Cómo negarlo? Era la única manera de vestirme como siempre quise y de ser deseado por otros hombres como si fuera una mujer. ¿Cómo negar que, a pesar de lo sórdidos que podían llegar a ser algunos de mis clientes en cuanto a sus fantasías sexuales, podía gozar como una yegua sin que ellos me rechazaran por eso? Además, era joven y tenía disponibles, cuando caía en los abismos de la desesperación, amigos con drogas y alcohol que venían en mi auxilio.
Sin embargo, todo pasa, y yo no fui la excepción a la regla. Siempre hay gente más joven y bonita, y por cierto más depravada que lucha por desplazarte. Y lo consiguieron. De vuelta, tuve que limpiar baños ajenos para ganarme el sustento, solo que esta vez me aceptaron como era, con mis diferencias. Por supuesto, conservé algunos amantes que si bien jamás me hablarían en público por el qué dirán, a puerta cerrada me hacían vibrar como una lady. Pero eso no quitó, que me hundiera, para poder sobrevivir en un mundo hostil hacia mí por no sé qué insondable motivo, en las drogas que me hacían olvidar (¡Bendito el olvido!) que ya no era bello y deseado. Que así como me discriminaron en su momento por ser diferente, ahora lo hacían por no ser joven. Muchas veces tomé pastillas para no despertar y sólo conseguía dormir días enteros. Y también me odié por ser lo suficiente cobarde como para arrojarme por un balcón o desangrarme hasta morir.
Es por eso que anoche, parado frente a mi espejo, me di cuenta de que no era lo suficientemente grande como para ser viejo ni lo suficientemente joven para empezar de nuevo. A su vez, luego de hacerme tantas cosas en la cara, en el pelo y en el cuerpo para fingir otra figura, sin todos esos adornos, parecía, desnudo, un monstruo, un fantoche, un fenómeno que nadie reclamaría para sí como hijo/a. Que nací en el planeta equivocado, en el universo equivocado en la inconmensurable equivocación de Dios. Ya que por tratar de huir de mí mismo, lo único que hice en muchos casos fue lastimarme y lastimar a otros desde mi soledad.
Sin embargo, de pronto, en un chispazo de intuición, caí en la cuenta de que a pesar de todo siempre fui coherente con mis deseos, de que jamás estuvo en mi mente herir a nadie, de que sólo quería ser feliz. ¿Hay algún pecado en ello por el amor de Dios? Y que si bien mi aspecto puede llegar a horrorizar a algunos, ESTO ES LO QUE SOY, que no le debo nada a nadie y que mi conciencia no me culpa de nada y por eso no me atormenta en sueños. De que por años, traté de negar a instancias de los otros mi belleza interior, que me hace único e irrepetible ante la mirada de los demás.
Hoy la mañana me sorprendió, como todos estos últimos días, empapado en llanto. Nada en el mundo exterior ha cambiado, todo sigue igual. Solo que esta vez una extraña sonrisa ilumina mi rostro ante esta gran revelación. La revelación de la belleza que siempre habitó en mí…




Albert van Gogh
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Albert van Gogh
(¿Querés leer relatos míos? Entonces accedé a
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