Espero críticas
Hola, me presento: Soy Agustin, un alicantino de 15 años y aficionado a la literatura que lleva mucho tiempo leyendo las publicaciones de este foro, y la verdad que me gustan bastante, así que después de muchas vueltas me animé y me registré para poner mi primer relato, espero que les guste y que me digan qué hacer para mejorar.
Encuentro con los fantasmas del pasado
El bosque de LLanowar se extendía ante sus ojos con toda su frondosa magnitud a lo largo de un millón de kilómetros cuadrados. Internarse en este verde mar de árboles era lo último que le apetecía después de comerse esas setas a la plancha en casa de su amiga Titania, es más si fuese por él, se quedaría tirado en alguna roca, hachando una siesta al sol, pero el deber le llamaba y un elfo de su calibre estaba obligado a cumplir con él.
Con paso decidido, se internó en la espesura del bosque atravesando atléticamente los primeros trescientos metros y bastante penosamente a partir de estas primeras tres centenas, y es que seiscientos años se hacían notar, y el ya no era el fornido guerrero que había desatado locura entre las elfas hacía nada más que dos o tres siglos.
Ya agotado después de recorrer medio kilómetro se sentó en una roca que había en la raíz de un árbol y cerró los ojos. Al segundo escucho un sonoro “plaf” que lo alarmó y obligó a observar su entorno: En frente de él se encontraba un elfo vestido con un elegante traje de hilo verde compuesto por un pantalón ajustado, de los que nunca pasan de moda y una camisa con los botones abrochados hasta los dos últimos. El individuo media más o menos un metro setenta de alto (bastante para un elfo), con un pelo lleno de canas y una abundante barba que también poseía la blancura neval de su cabellera.
- ¿Papá? – Aventuró emocionado el adormecido elfo.
- Sí Tolsimir, soy yo – Respondió con dignidad la canosa figura que se erguía en frente suyo.
En un acto reflejo, el antiguo guerrero se levantó del sitio donde estaba sentado e hizo ademán de aproximarse a su padre.
- No, no me puedes tocar – Dijo este a su primogénito -, los de arriba son muy estrictos – Murmuró con aires de complicidad y los ojos clavados en el firmamento.
Tolsimir, con un miedo palpable, retrocedió ante la advertencia y preguntó:
- Pero padre, ¿No habías muerto?
Hacía unos ciento cincuenta años unos orcos atacaron las tierras donde vivían y el hombre culpable de la existencia de Tolsimir vivió al ataque con regalo incluido: una hermosa flecha con plumas de ganso perfectamente seleccionadas clavada en su pecho, a los pocos días había muerto.
- Siempre supe que tenías pocas luces – Suspiro moviendo horizontalmente la cabeza el elfo que llevaba un siglo y medio muerto - ¿A quién crees que me refería con la expresión “los de arriba”?
Avergonzado por su torpeza, agachó la cabeza como solía hacer con los oficiales en su época de guerrero. Un incomodo silencio se materializo entre los dos en el ambiente.
- Y, ¿Para qué estás aquí? – El huérfano elfo no era muy dado a mantenerse callado por mucho tiempo.
- Te quería dar un consejo – Respondió con cierta sequedad.
Tolsimir esperó tranquilo a que se lo diese, pero su padre no decía nada y ya pasó muchos minutos en silencio, con lo que tomó la iniciativa.
- ¿Cuál es?
- No se, me olvidé – El canoso fantasma no parecía afectarle mucho su falta de memoria – La verdad que baje, más que nada, porque no aguantaba a los de arriba.
- Me dijiste que son muy estrictos.
- Sí, y además dan miedo – consultó la sombra de los árboles y agregó – aun me quedan unos minutos, dime hijo, ¿a dónde ibas?
- A casa del druida que vive en el claro del bosque.
- Me acuerdo del druida, el borracho que me cobraba caros los vinos. – No poseía una visión muy buena de las personas que realizaban esta profesión.
Otro silencio invadió la conversación, Tolsimir volvió a sentarse en la roca y observó los cabellos de su padre, preguntándose si las canas serían hereditarias. Mientras su padre observaba con detalle un pájaro que estaba posado en una rama del roble que tenía delante de él.
- He de irme hijo, hasta luego.
- Adiós padre – Dijo Tolsimir con tono melancólico.
Mientras observaba el fantasma que se alejaba de él pensaba: “Esto se lo cuento a Titania y no se lo cree”. En ese momento su padre se dio vuelta y gritó:
- Ya me acuerdo del consejo, la próxima vez asegúrate de que las setas que comas no sean alucinógenas.
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"La democracia sustituye el nombramiento hecho por una minoría corrompida por la elección hecha merced a una mayoría incompetente"
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