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Fecha de Ingreso: abril-2007
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Homenajes
Ahora, pongamos prueba sus valentía. La mia.
Homenajes
Un homenaje en vida es la predicción de una muerte prematura, en muchos de los casos esas muertes prematuras están acompañadas de terribles dolores estomacales. Pero el homenaje puede ser lindo, y si nos toca un homenaje en vida (y espero fielmente que nos toque uno pequeño a cada uno de nosotros) disfrutemos de este, no va a haber más borracheras después de esa – por ese tema de los dolores estomacales ¿vio?
Pero lo importante aquí es la muerte prematura después de esos eventos. Cuantas horas eternas tenemos que soportar en ese pequeño espacio entre tumba y tumba. Es terrible que, agotado el lugar del suelo, empiecen a apilar cadáveres en edificios. Este, sin duda, es el carácter más necrofílico y morboso de los seres humanos. Aunque eso es lo que nos toca, y ahí estamos atrapados, entre un muerto que nos asfixia y otro que nos contiene. Al menos (y esto no se cumple en todos los casos; pero si tuvimos un homenaje…) tenemos una linda placa presidiendo nuestro pedacito de pared. Una pared inmensa completamente llena de cadáveres (entonces vuelvo a una imagen grotesca para exagerar). Hay un abuelo, una solterona, un niño, un adolescente con acne y un recién nacido, todos alrededor del homenajeado. Imaginen esas extrañas y tenebrosas conversaciones: La solterona coqueteando con el homenajeado (por su reconocimiento, se entiende), el adolescente ensañando el arte mágico de la masturbación a el niño que cree que aún está vivo y el recién nacido esperando que llegue el estúpido momento de decir su primer palabra.
Querida Mamá: Si bien las cartas se escriben en vida, te invito a que leas esta que te escribo muerta. Después de una serie de sueños, premonitorios quizás, me pude dar cuenta de que realmente no estoy. Ahí estaba yo, en el sueño, en un ballet inmenso, las imágenes eran idiotas e irrisorias (en que sueño no lo son), justo a mi lado, en la butaca de junto, había un cadáver. Quieto, duro. En ese momento, una revelación típica en los sueños, me doy cuenta de que todos están muertos, incluidos los bailarines, que gozan de un estado físico sorprendente. Mamá tendrías que haber visto las piernas de Paul Joshen, una escultura. Pero muerto, igual ¿eh? Te imaginé pensando en las piernas de un cadáver. Bueno, mejor termino con lo del sueño, sino no se me entiendo y la carta se hace más larga de lo que creía. Ahí estaba, rodeada de muertos, con las cavidades de los ojos vacías, con el cráneo expuesto y la terrible inercia de la redención, cuando de repente ¡zas! Levanto las manos para aplaudir a Paul y son de huesitos, todos chiquitos. Mamá, estaba muerta (estoy) yo también, con todos esos. Pero no te preocupes, acá se es feliz. Amargo; pero feliz.
Hay una canción que resuena en el fondo el salón, una mesa. Pienso que Julio no tendría que haber matado al gato, puede que la metáfora inútil no llegue a todos así; pero el animal no merecía terminar difunto. Terminó la canción.
Si estás acá es por algo ¿no?, mejor te abrazo y te amo… porque estás vestido de negro, supongo que por la ocasión; pero me gustan los chicos de negro
Sentimiento torpe, estéticamente mal acomodado
Ahora ella llora y se acerca al ataúd. No leyó la carta, enferma. Tres horas y ella nada. Está bien no la puede responder. La voy a respetar solo por hoy, una hija muerta es más importante que el gato ficticio. Igual no es una linda novela, no. Pero la carta si era linda ¿En qué estaba pensando? Ya me olvidé. Bueno.
¡Uh! Ahí está papá ¿Quién le avisó?
Bueno, no tengo mucho tiempo, en unos minutos empieza la tercera función del día. Si bien me cansa bastante volver a ver una y otra vez este espectáculo no quiero que los otros crean que soy una desubicada. No sabés cuan rencorosos pueden ser los muertos.
Te dejo un beso, muy lindo el funeral ¿Quién era el chico de negro? Me gustó.
El homenajeado vomita, el niño eyacula un líquido gris horrible y la solterona desea con ansias haberlo tragado (vieja puta, te odio mucho). Ahora el niño llora y grita algo ininteligible. No se puede ver las venas. Como gran poeta, el homenajeado (reconocido no por su poesía sino por su muerte), intenta un inútil discurso demagogo-absurdo. Esa señora se emociona por las palabras y derrama un poco de sangre. El poeta se siente completo por haber llenado a alguien alguna vez. Y el adolescente se lamenta no haber amado y no terminar esa novela. El viejo sabe el final; pero no cuenta porque Emma no lo leyó y no quiere saber (después seguramente no la va a leer y nos caga la diversión de contar la historia y discutir sobre la metáfora esa de matar al gato y meterlo en una caja)
Los dolores de estomago no impiden la desesperación del encierro y quiere escapar. Es la primera noche ahí, piensa el recién nacido, mientras espera el momento de poder decir su primer palabra. “Chau”.
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Mi firma es bastante fea
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