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Antiguo 12-may-2007, 20:01   #1
Junior Member
 
Fecha de Ingreso: mayo-2007
Ubicación: SAN JUAN DEL RIO QUERETARO
Mensajes: 4
Predeterminado novela de amor y muerte



hola, mi nombre es sofia y tengo 15 años, es la primera vez que hago una novela, o intento de ella, fue un trabajo escolar, espero la chequen y me dejen sus comentarios, ¿vale? por cierto quiero dar gracias a jaime quien fue mi inspiracion jaja, te amo

AHOUVIT

CAPITULO I ARCOIRIS

La lluvia caía incesantemente por toda la ciudad de México del año de 1930, bañando edificios, las mas ricas casonas de altos techos y amplios zaguanes para los caballos, hasta las mas humildes casitas de las afueras de la ciudad; desde la ventana de una de las casonas, una bella jovencita llamada Ahouvit -pequeño amor en hebreo-, sentada en un sillón rojo junto a la ventana veía caer y caer la lluvia, como si fuese algo milagroso, sus hermosos ojos verdes transmitían un aire de asombro, como si pensara que talvez algún día no podría ya volver a ver aquella lluvia caer como mil bendiciones del cielo y que al terminar provoca que aparezca lo mas hermoso para ella, el arco iris, lleno de colores, como si tuviese vida, como si fuese verdad el mito que al final de el existe una olla repleta de oro, y es ese el motivo de su pureza, de aquel brillo. Se imaginaba ella corriendo atravesando jardines repletos de floresillas de todos colores a encontrar la fuente de aquel magnifico manojo de luz, de aquel arco iris.- ¿al final me estará esperando un viejo gnomo de grandes orejas puntiagudas con hebillas en sus botas y sombrero en punta, ofreciéndome el premio de haberle encontrado? ¿Su oro?- pensaba Ahouvit cada vez que tenia la dicha de ver uno.

Cayó la noche, seguía lloviendo, el arco iris había desaparecido, en su lugar, miles de estrellas aparecían en el cielo, dibujaban extrañas figuras que Ahouvit trataba de interpretar, aun sentada en su sillón favorito, desde donde apreciaba la lluvia, la gente caminando, el atardecer…. la chimenea casi se apagaba, apareció Isska -la criada de la casa- colocando nuevos pedazos de troncos para avivar la chimenea, frente a aquella chimenea, se había acercado Patch el viejo gato de Ahouvit dio tres vueltas sobre el mullido tapete frente a la chimenea, ronroneo y se acostó.

Ahouvit, aun sentada en el sillón frente a la ventaba que daba hacia la mojada calle, vio pasar una tierna pareja de ancianos tomados de la mano, caminaban por aquella calle de Pino Suárez desierta por la incesante lluvia que había comenzado desde la mañana. El hombre sostenía un enorme paraguas negro con franjas blancas, en realidad el mas grande que Ahouvit haya visto jamás, el iba sosteniendo aquel enorme paraguas protegiendo a la señora, aunque el quedara un poco desprotegido -seguramente son esposos- pensó Ahouvit mientras los veía con ternura desde la sala de su acogedora y seca sala.


























CAPITULO II UN BUEN MARIDO

A La corta edad de 16 años, Ahouvit aparentaba unos 21, eso decían las amigas de su madre, -la señora Ruiz- a las que tanto detestaba. – Son unas presumidas- pensaba ella siempre que las veía o pensaba en ellas, en lo que siempre le decían. -¿que importa si no uso los mejores vestidos? ¿Si no asisto a las mejores fiestas de las personas mas influyentes?- pensó en ese momento, -hay otras cosas mas gratificantes que pasarse horas eligiendo un vestido carísimo para la fiesta de la hija del alcalde, como ver la lluvia caer, cortar flores del jardín, leer un libro…- dijo ella sin poder contenerse, lo que hizo que Patch interrumpiera su sueño y emitiera un leve bufido. sin poder evitarlo Ahouvit recordó una de las tantas veces que las amigas de su madre habían ido a su casa a tomar el café del viernes, una de las “señoras” regordeta, mas bien baja, y con una enorme verruga en la nariz, ella pensaba que era la viva imagen de cómo luciría una bruja, si existiesen, le dijo algo que Ahouvit ya sabia, pero que sin duda no toleraba que alguien mas se lo dijese, y menos aquella esa señora, recordaba esa escena tan bien, que cada vez que pensaba en eso, volvía a enojarse como aquella vez, -Que grande pareces, imagínate a los 25, no vas a encontrar un buen marido así, créeme, ni siquiera asistes a las fiestas de las personas mas importantes, vas a terminar casándote, si lo haces, con cualquier obrero que te acepte- esas líneas hicieron que Ahouvit estallara en rabia aquella vez. Una vez más sin contenerse exclamó -¡que le importa mi edad! ¡Que le importa si me caso o no! ¡¡Porque no me dejan en paz!! Patch esta vez se despertó tan repentinamente, que el pelo del lomo se le erizó, volteó a ver a todas partes de la sala, y al ver que no había nada fuera de lo normal, volvió a dormirse.
Ahouvit controló sus emociones y se dijo a si misma – son las amigas de mi madre, nada puedo hacer –

Esa noche como todos los viernes Ahouvit vio a través de su ventana favorita llegar en aquellos coches lujosos, haciendo mucho ruido, a las viejas amigas de su madre, incluyendo al coche de la señora baja y regordeta que le provocaba a Ahouvit aquel sentimiento de rabia cada vez que oía su voz, las vio bajarse de sus respectivos coches, mientras sus chóferes les abrían la puerta -Ahouvit nunca permitía que su chofer hiciera eso
–es algo que se hacer yo sola- decía.
Se levantaban sus largos y pomposos vestidos para no mancharlos con el lodo que había provocado la lluvia que había durado todo el día, sacaron sus paraguas, caminaron hacia la entrada, llamaron a la puerta, como siempre el timbre hizo eco en toda la sala, Isska -la sirvienta- corrió apresuradamente a abrir la puerta, con su habitual delantal a blanco y negro, vio a las amigas de su madre saludar hipócritamente a Isska con aire despectivo, colocaron sus abrigos de piel, seguramente carísimos sobre los percheros que estaban en el recibidor cerca de la sala, caminaron hacia la sala, Ahouvit las oía acercarse por el ruido de sus tacones que hacían sobre la madera. Entraron finalmente en la sala, Patch al verlas como si hubiese visto a un perro furioso, salió corriendo, parecía que le disgustaban tanto como a su dueña, Ahouvit quiso hacer lo mismo, pero en ese momento entraba su madre, la señora Thompson, quien se suplico que se quedara a tomar el té.

Las cuatro señoras se empezaron a acomodar en la sala, una a una fueron saludando a la señora y su hija con dos besos - uno a cada mejilla - vio acercarse a la “dama” que tanto aborrecía, parecía que recorría de arriba abajo a la muchacha tratando de encontrar algo del cual poder criticar, se limito a decir -que linda estas esta noche-
-gracias- dijo Ahouvit, tratando de disimular su ironía.

Esa noche paso como cualquier noche de viernes, ellas charlando del nuevo café Ingles que acababan de poner en la plaza, de los extranjeros tan distinguidos que acababan de llegar de Paris, de las remodelaciones que acababan de hacer en el palacio nacional, y una vez mas como todas las noches de viernes, aconsejando a Ahouvit para que encontrara un buen marido.

Esta vez Ahouvit no soporto mas esos comentarios, sabia que su madre se daría cuenta pero no le importó, solo quería salir de ese lugar en ese instante, fingió un dolor de cabeza, pasó por la biblioteca, contigua a la sala, tomó el primer libro que la pareció atractivo, era un libro grande, grueso y de pasta de piel, se dirigió a su recamara, subiendo las escaleras de madera, hicieron ruido mientras ella subía, parecía que sabia cuales eran los que mas rechinaban, pues se saltaba algunos.
























CAPITULO III RECUERDOS

Ahouvit entró a su recamara, encendió su lámpara, puso su libro junto a algunos otros que estaban sobre su buró derecho, casi derrama la jarra de agua que estaba sobre este también, se quito los zapatos blancos que llevaba puestos, abrió su armario y los puso dentro junto a los demás pares, sacó su pijama de sea blanca, poco a poco se fue desvistiendo hasta quedar en interiores, se puso con cuidado su pijama, caminó hacia su cama, se recostó del lado derecho y tomó el viejo libro empolvado que trajo consigo después de la huida de las amigas de su madre.

Tomó la jarra de agua que minutos antes casi derrama, llenó un vaso de cristal, dio un sorbo y lo volvió a colocar en el antiguo y rústico buró.

Tomó el libro mientras se preguntaba de que podría tratarse, desempolvó un poco el lomo y se dejaron ver unas letras doradas manuscritas con la leyenda de “recuerdos”, esto la dejo un poco sorprendida –¿recuerdos de que? se pregunto ella.
Puso el libro entre sus delicadas manos, lo abrió y salio una pequeña nube de polvo, lo que hizo que tosiera, abrió los ojos y descubrió que era un álbum de fotografías.

En la página en que abrió aquel álbum fotográfico aparecían dos tiernos niños, abajo una inscripción “Lourdes y Sebastián” -¡mis padres!- dijo sorprendidísima Ahouvit, casi no podía creer lo que tenia en esos momentos entre sus manos: un álbum fotográfico de sus padres cuando niños, para ella y para cualquier otro, es difícil imaginarse a sus padres de niños, haciendo travesuras, riendo, jugando, con las ropas sucias
-nunca me mencionaron que se conocían desde pequeños- dijo en voz baja Ahouvit, todavía sorprendida.
-mi madre luce hermosísima- pensó mientras la contemplaba.

Doña Leonor, entonces Leny, llevaba puesto un vestido largo, no se distinguía el color pues era una fotografía a blanco y negro, pero supuso que era rosa, pues a su madre le encantaba. Un pequeño sombrerito y una flor adornaban su cabeza, su cabello no era corto como lo lucia doña Leonor, si no largo y en caireles,
-¡En verdad era hermosa!- dijo ella con una gran sonrisa dibujada en el rostro.

Volteó a ver a su padre, desde pequeño tan elegante, sus pantalones con tirantes, una camisa de mangas largas y un moñito en el cuello, hacían que se viera como todo un hombrecito, sus ojos verdes que había heredado Ahouvit lucían tan llenos de vida, y su boina en la cabeza como se usaban en esos años, le quedaba un poco grande.
-que guapo se veía mi padre, todo un pequeño hombrecillo- dijo Ahouvit llena de alegría al ver a sus padres como nunca los había visto.

















CAPITULO IV CELOS

Ahouvit se levantó muy por la mañana, tenía sed, bajo las escaleras, nuevamente brincándose algunos peldaños, pues no quería despertar a su madre –su padre estaba en un viaje de negocios en Italia- pasó a la cocina y se sirvió un vaso de agua, encendió la radio, se quedo quieta escuchando las famosas canciones que tanto le gustaban, llenas de sentimentalismo, vio a Isska preparando el desayuno y le pidió que le hiciera un omelet para su madre, por la puerta venia entrando su viejo gato Patch, a quien se dedico de alimentarlo, subió de nuevo a su recamara a prepararse para la llegada de su profesor, el Señor Márquez, el “señor” Márquez no podía decirse propiamente que era un señor, pero su madre hacía que le dijera así, era un joven alto, muy guapo, pensaba Ahouvit, son unos pequeños lentes que ella decía se parecían a los de su abuela, siempre usaba un chaleco y una pequeña corbata negra, gustaba de fumar en su pipa, no es posible definir el sentimiento que Ahouvit tenía hacia su profesor, era a la vez el respeto y la admiración que le tenía, pues a sus cortos 25 años de edad, era un joven demasiado listo, que había viajado por el mundo, y que en cada ocasión le traía un recuerdillo a Ahouvit, quien los guardaba tiernamente en su buró izquierdo, donde guardaba sus pertenencias mas preciadas, y que jamás permitía que nadie siquiera se les acercara, junto con los regalos de su profesor, Ahouvit guardaba la única fotografía que tenía de su padre. Decía pues que a veces Ahouvit se veía frustrada y un tanto pensativa, acerca de sus sentimientos por su profesor, no sabía si era solo la admiración que sentía por el, o era algo mas que eso, a menudo se preguntaba si eso que sentía podría llegar a llamarse amor, aunque en una de las tantas novelas que gustaba de leer, no refería nada a una alumna enamorada de su propio profesor.
Por esa razón cada vez que Ahouvit llegaba siquiera a pensar en el “señor” Márquez, trataba inmediatamente de desviar sus pensamientos, de pensar en algo mas, cualquier cosa con tal de que alejaran aquellos pensamientos de su cabeza, a veces pensaba que era imposible, pues por mas que se lo proponía, por mas que se decidía a ya no pensar mas en aquel profesor, en aquel guapo profesor, no podía, todo le recordaba a el y terminaba sentada sobre su cama viendo una y otra vez las fotografías que el le regaló de sus viajes en su cumpleaños, o abrazando cada uno de los preciosos objetos que le traía de quien sabe donde.

Ya casi eran las nueve de la mañana,
- ya casi es hora, pronto llegara el profesor- dijo Ahouvit ilusionadamente-
Se dio una rápida ducha, se secó el cabello con una toalla azul, se puso un vestido verde muy bonito con la espalda descubierta y un corsé, acomodo un listón alrededor de su cabeza e hizo una trenza con su cabello ya seco, abrió su closet nuevamente y sacó un par de zapatillas blancas, estaba haciendo esto cuando llamaron a la puerta, rápidamente abrió Isska, quien en treinta segundos estaba llamando a la recamara de Ahouvit diciéndole que el señor Márquez había llegado.
-¡¿Cómo tan pronto?! ¿Le abra pasado algo?- dijo consternada la muchacha
- no lo creo señorita, el se ve muy bien-
-gracias- dijo fríamente Ahouvit, ¿acaso sintió celos cuando Isska le dijo que su profesor lucía muy bien?
Rápidamente se termino de poner las zapatillas y bajo las escaleras, las cuales rechinaron pues Ahouvit olvidó saltarse los que rechinaban, bajó saludo al señor Márquez y se ruborizó un poco, se dirigió directamente al estudio donde habitualmente trabajaban, tratando escapar de la mirada de su profesor, de su mirada… el señor Márquez la detuvo:
-a donde va señorita- dijo el
-al estudio-
-hoy tendremos que ir al centro a comprar nuevos libros señorita, recuerde que ya hemos terminado los de literatura e historia-
-¡o si! se me había olvidado por completo.-
-no se preocupe, ande, ya le avise a su madre-
-esta bien, voy por mi sombrero y nos vamos-

Ahouvit subió corriendo por la escalera y tomó su sombrero acomodado en su closet, bajo de nuevo con su profesor,

-podemos irnos profesor- dijo Ahouvit
-Ok nos vamos señorita-

La vieja y lujosa casa de Ahouvit esta en el centro de la cuidad, por lo que no tuvieron que utilizar el viejo automóvil de profesor Márquez, en realidad Ahouvit y su profesor tenían muchísimo en común aunque ellos no lo supieran, ambos trataban de usar lo menos que pudieran el automóvil, disfrutaban muchísimo de la lectura, eran hogareños, y ambos sentían ese sentimiento confuso hacia el otro.

















CAPITULO V CARLOS MÁRQUEZ

Esa tarde, maravillosa por cierto, al menos así lo veía Ahouvit, se sentía tan dichosa de por primera vez estar a solas con su profesor, de estar afuera caminando a su lado, era tan feliz en esos momentos que por momentos olvidaba que aquel joven de chaleco, corbata y pequeños lentes, era su profesor, imaginaba por instantes que iba acompañada de alguien mas que un amigo, con alguien mas que un compañero, con alguien mas que un profesor… estos pensamientos tenían tan entretenida a Ahouvit que olvidó por completo, a donde iban, que estaban haciendo, por que estaban ahí…
Llegaron a la librería, compraron los libros que necesitaban y otros más que les parecían interesantes, descubrieron ahí que tenían los mismos gustos en literatura, les gustaban los mismos libros, y para ambos su escritor predilecto era Lucaine.

Esa tarde fue espléndida, nada había faltado para hacerla perfecta, el tiempo se pasó tan rápido que en un abrir y cerrar de ojos ya se encontraban frente a la vieja y ancha puerta de madera de la casona de Ahouvit, el profesor la miró a los ojos y le dijo:
- ha sido una tarde esplendida, nos vemos mañana Ahouvit-
Ella se quedó como en trance, por vez primera había escuchado su nombre de su profesor.
- si…. gracias por llevarme… no…nos… nos… vemos mañana señor Márquez- lo dijo tan sonrojada, apenada y tan entrecortadamente, que apenas y se oía.
-¿te puedo pedir un favor?- dijo el profesor, que aun la miraba fijamente a los ojos.
-…claro…- dijo Ahouvit más sonrojada que nunca en su vida.
- no me digas señor Márquez ni profesor, vamos, no soy tan viejo, además, somos amigos ¿no?-
A Ahouvit se le paró el corazón, jamás hubiera esperado esa respuesta de su profesor, sentía dentro de su ser un sentimiento… un algo que no era capaz de poder explicar.
- perdón, lo siento, nunca te eh dicho mi nombre ¿verdad? me llamo Carlos, Carlos Márquez- dijo el profesor con una amplia sonrisa, como si estuviese dándole su nombre a una nueva persona que acaba de conocer en uno de sus viajes por París, Rusia, o uno de los tantos lugares que ha visitado.
-esta bien profeso…. Carlos- replicó Ahouvit tan impresionada de que hubiera podido salir algún sonido de su boca.
-Pues ya esta dicho, nos vemos mañana Ahouvit-
-Hasta luego Carlos- dijo Ahouvit mezclando lo que le diría que a un profesor y lo que le diría al despedirse de un amigo.






















CAPITULO VI MÁS QUE UNA NECESIDAD

La relación de Ahouvit y Carlos, cambió drásticamente, de ser casi desconocidos una relación típica de alumno-maestro, donde apenas saben sus nombres, pasaron de un día para otro a ser muy buenos amigos.
Cada mañana Ahouvit esperaba ilusionada a su amigo, a su profesor, a su amor secreto, a aquel joven que le había hecho sentir por vez primera lo que Ahouvit había buscado toda su vida, a aquel ser, por la que ella moriría si se lo pidiese, la persona en la que pensaba todo el día, esperaba cada día con mas ansias ver aquel rostro, aquellos ojos, aquel cuerpo, verlo se iba convirtiendo cada vez en mas que una necesidad.

Ese día Carlos llegó un poco tarde, Ahouvit lo estaba esperando desde las ocho y media de la mañana, en su recamara, sentada esta vez del lado izquierdo de su cama, contemplando las fotos de Carlos junto a la torre
Eiffel, era su favorita, hablando con aquella fotografía, diciéndole, “te amo, te amo tanto…” Isska entró en ese momento a su recamara, como siempre, vestida con su delantal a blanco y negro, Ahouvit en ese instante escondió la fotografía bajo el suéter que traía en ese momento, parecía que Carlos había llegado.
Eran casi las diez de la mañana Ahouvit estaba ansiosa por verle el rostro a aquel ángel, a su ángel, bajo rápidamente las escaleras, cuidando de pisar los peldaños correctos, pues no quería parecer muy obvia, bajó a la sala, donde Carlos la estaba esperando, sentado en el sillón junto a la ventana, el favorito de Ahouvit, Patch como siempre dormido en la alfombra frente a la chimenea que estaba apagada aunque con pequeños destellos de humo plateado que salían de ella, pues hacía poco que Isska la había apagado; Ahouvit pasó con cuidado la sala, sintiendo la mirada de Carlos sobre ella, caminó muy despacio, procurando no resbalar y tropezarse, pues realmente aquella mirada hacía que Ahouvit perdiera por completo la noción del tiempo, del espacio, de todo.
Se saludaron muy cortésmente, Ahouvit no quería preguntarle el motivo por el cual Carlos había llegado tan retrasado pues era muy puntual, aunque se moría por preguntárselo, estaba preocupada.

Sin más tiempo que perder, pasaron al estudio contiguo a la sala, al final de aquel pequeño estudio se encontraba un escritorio con dos sillas, una frente a la otra, encima de este, los libros que Ahouvit y Carlos usaban cotidianamente.
Se sentaron uno frente al otro como las sillas, Ahouvit rápidamente abrió uno de sus libros y comenzó a leer…
-Ahouvit- dijo Carlos
-¿si?-replicó Ahouvit
-¿Me podrías prestar algún libro? ya sabes cuales son mis gustos-
-claro Carlos, ya voy por el, tengo algunos que desde hace tiempo quería mostrarte, están en mi recámara, ¿me esperas?-
-el tiempo que quieras- contestó Carlos

Como siempre Ahouvit se sonrojó, al parecer lo hacía siempre que su profesor la llamaba por su nombre o la veía a los ojos.
Ahouvit se levantó de su silla, y caminó hacia la salida del estudio, de aquel estudio donde pasaba el mayor tiempo con Carlos, su lugar favorito después de su sillón rojo.
Ahouvit salió tan deprisa y tan nerviosa que no se percató que la fotografía que minutos antes había escondido de Isska, había resbalado por su suéter dejándola caer, Carlos la vio, quiso decirla a Ahouvit que algo se le había caído, pero ella ya se encontraba fuera de la habitación; Carlos se levantó de la silla frente al escritorio en el que estaba y fue a recoger lo que se hallaba tirado la alfombra de aquel estudio….
- es mi fotografía en París- susurró para si mismo Carlos
-¿Qué hacía con ella?-
Carlos estaba un poco sorprendido de que Ahouvit trajera consigo esa fotografía, aunque un poco ilusionado, pensó: -¿será que ella se ha dado cuenta de lo que desde que la vi siento por ella? ¿Siente algo por mí?
Carlos se dijo para si mismo –si es así, quiero que sepa ya mismo lo que con tanto esfuerzo me e guardado, quiero poder decirle que la amo, quiero mirarla a los ojos y decirle cuanto la necesito, no importa si pierdo mi empleo, quiero que lo sepa-
Carlos volteó la fotografía, vio un mensaje escrito a lápiz “te amo, Carlos, mi amor secreto”
El corazón de Carlos dio un salto, casi se queda en shock, ¡era cierto! ella lo amaba tanto como el a ella. Carlos se decidió si Ahouvit así lo quería, el dejaría de ser su profesor.






















CAPITULO VII ¿ES EL FINAL?

En el momento en que Carlos acababa de descubrir, todo, Ahouvit se encontraba en su recamara, buscando los libros que le había prometido, se acordó de la fotografía que había escondido en el suéter, y pensó que sería mejor guardarla ahí mismo en su buró izquierdo, junto con ese secreto, su amor secreto, la buscó, buscó aquella fotografía, pero no la encontró.
-¡donde esta!, ¡no puedo haberla perdido!, si alguien la encuentra…. ¿si la encuentra el?, ¿Qué pensará de mi?-
Salió casi corriendo de su habitación, no podía permitir que nadie mucho menos el se enteraran de sus sentimientos, la angustia la desbordaba, mientras salía de su recamara varias imágenes le pasaron por la mente: la amiga regordeta de su madre, la pareja de ancianos que vio por la ventana, las fotografías de sus padres, la angustia se apoderaba de ella, de todo su ser, si Carlos no podía ser suyo, al menos no podía perder a su amigo Carlos, no quería dejar de verlo cada mañana a las nueve, no quería en verdad no quería dejar de verlo, dejar de ver esos ojos, esa boca, sus manos, todo el, no quería dejar de verlo. Iba tan rápido que ni siquiera vio que Patch, su gato, iba subiendo las escaleras, antes de que pudiera reaccionar, tropezó con el justo en el borde de la escalera, Patch dio un fuertísimo alarido de dolor, pero no pasó de eso, solo salió corriendo; en cambio Ahouvit tropezó y cayó por las escaleras. Carlos sentado en aquella silla en el estudio esa silla donde se sentaba cada día, donde enseñaba a Ahouvit, donde se enamoró de ella, oyó todo aquel alboroto, había sido demasiado ese día, su corazón volvió a pararse, hace un momento estaba decidido a declararle su amor a Ahouvit sin importarle nada, y ahora solo pensaba “no fue ella, no fue ella por favor” salió corriendo mas rápido de lo que el pensaba que podía.



CAPITULO VIII TE AMO

Carlos no podía creer lo que vio al llegar al pie de la escalera, sobre el piso, no sabia si viva o no, se encontraba la persona a la que mas quería en el mundo, la persona que amaba, la persona por la que daría la vida tendida con sangre a su alrededor, la persona que momentos antes había decidido decirle cuanto la amaba y cuanto deseaba estar con ella… ahora no sabía si estaba viva, corrió hacia ella, la abrazó y lloró amargamente, nunca en su vida había sentido tal dolor, un dolor insoportable, Ahouvit se había ido, se había ido para siempre, sin saber que había alguien que la amaba, que daría su vida por un beso suyo.
Lloró como nunca imagino, con tal dolor que sentía que el moría junto a ella, se acercó a su cara, y le susurró al oído por vez primera:
-TE AMO, te amo Ahouvit, desde el primer día que te vi, fui un idiota al no decírtelo, perdóname, te amo-.
Carlos quería morirse ahí mismo, junto a Ahouvit, por la que sentía y ahora sabía mas que amor, mas que lo que cualquiera puede describir.
-Yo también te amo- se oyó un leve susurro, era Ahouvit, ¡estaba viva!

Isska quien estaba contemplando dicha escena en silencio, llorando, corrió hacia el teléfono a llamar cuanto antes a una ambulancia, un doctor, lo que fuera.

-te amo-
-te amo-
-te amo-
-te amo-

Se repitieron ellos una y otra vez, como si jamás pudiesen volver a verse, volver a decirse cuanto se amaban, Ahouvit recordó aquel arco iris, al que pensó que algún día no podría volver a ver, quería volver a ver aquel arco iris, pero con Carlos su ángel.
Carlos se acercó y le dio un tierno beso a Ahouvit, un beso, el primero de ambos, un beso tan lleno de amor, de ternura, un beso mágico...
Por última vez Ahouvit dijo:

-te amo Carlos, te amo- Ahouvit se desmayo, se desmayó para siempre, murió feliz sabiendo que alguien la amaba, murió conociendo lo que es el amor.

Talvez si ellos dos hubiesen sido mas valientes, si se hubieran atrevido a decir lo que sentían por el otro, tal vez la historia hubiera cambiado, serían felices, se amarían y verían a través de alguna ventana, sentados en algún sillón, un arco iris, uno de los que tanto le gustaban a Ahouvit, y podrían amarse, ahora si, por siempre….

Carlos, viajó a Europa en 1943 donde por un ataque nazi murió, como murieron muchos inocentes, de el solo se encontró su pasaporte, y una foto de Ahouvit al reverso: “te amo, mi niña, te amo”


Que la historia de Ahouvit quedé como enseñanza para todos, amen como si nunca hubiesen sido heridos, cuando amen díganselo, nunca saben si esa persona siente lo mismo que ustedes, nunca saben si son amados igual o con mas intensidad de lo que se imaginan, hay alguien que daría la vida por ti, alguien que no deja de pensar en ti buscando la oportunidad para decírtelo, buscando la oportunidad de decirte TE AMO.








para ti, la persona que amo, la persona que me a dado tanto, la persona por la que daria la vida,
te amo jaime.
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Antiguo 13-jul-2007, 08:00   #2
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Predeterminado Novela de amor y muerte

Muy bueno el texto. Un poco corto tal vez, pero se nota que hay "madera" de escritora. Hay que seguir. Felicitaciones.
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Dany Lzz
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Antiguo 13-jul-2007, 08:04   #3
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Muy interesante, la verdad es que es muy bueno, espero poder verte más seguido por acá .
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"La democracia sustituye el nombramiento hecho por una minoría corrompida por la elección hecha merced a una mayoría incompetente"
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Antiguo 14-jul-2007, 03:25   #4
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Predeterminado sofi

Felicitaciones por tu iniciativa!
continúa escribiendo, sigue, sigue y sigue
Saludos
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Antiguo 17-jul-2007, 01:28   #5
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¿dijiste 15 años? mierda...jajajaja...y bueno nena: ¡muy bueno!...me acorde de libros como "el orgullo del pavo real", "el jinete del diablo", "castillos de arena"...y todas esas novelas de amor con las que creci. Se nota que sos una lectora ferviente...y muy buena para escribir...felicitaciones.
__________________
Romina L Marcaletti
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Antiguo 24-jul-2007, 13:33   #6
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Ubicación: MORELIA, MEXICO
Mensajes: 15
Predeterminado

ESTA MUY BUENO Y MAS POR LA EDAD QUE DICES QUE TIENES. PODRIAS LLEGAR A SER UNA GRAN ESCRITORA. SIGUE ASI. Y SIGUE ESCRIBIENDO NOVELAS ES EL MEJOR GENERO.
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