Yo, Ella y el pequeño
Soy el hombre más pálido del mundo. Vengo a respirar la tierra y volverme negro de un soplido, llenando mi cuerpo de mariposas de hierro y estaño. Escupiendo balas de colores y pintando todas las medianeras sucias que quedaron sin terminar. Por alguna razon.
Traigo con mi palidez el mensaje del cielo al mundo. Nada que borre gestos en mi rostro me hace volar. La riqueza en mis expresiones es tan vasta que puedo matar a un hombre con el fruncir de mi ceño. Transformar las cascadas en jugos tropicales y las ranas en princesas.
A mi lado esta la mujer más oscura del mundo, que quiere absorber el cielo de una bocanada y devolver en tormentas de maíz al mundo su sabor. Ella quiere explorar el continente bajo los mares. Limpiar las plazas de edificios y bailar sobre las rejas de los hoteles. Maniatar a los guardias de zoológicos y palacios.
El niño que nace de nuestro vientre es el desierto más puro. El nuevo comenzar. Este pequeño no tiene principios ni fin. No tiene valores preestablecidos ni manzanas marcadas por reglamento urbano. El trabaja todos los días en la finura de sus arenas y usa el viento como pincel, para darle a los que saben volar una escultura nueva cada día, para ver desde el cielo y reposar.
Somos el modo grueso de esperar al tiempo. Es que él mismo se sienta a nuestro lado a consultar. Pregunta todos los días cuántas horas queremos esperar y nos anuncia su humor para promover el ruido en el centro de la cuidad. Es improbable pensar nuestra muerte. Pero aun así, somos mortales. Transmigramos de cuerpo en cuerpo. Algunas veces al año.
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Agustin Pastor K
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