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Junior Member
Fecha de Ingreso: abril-2007
Ubicación: Valparaiso, Chile
Mensajes: 5
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Sopor en Todo
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El frío que golpea mi rostro se oscurece al conocer la verdadera identidad de mi bastarda alma, inmundicia de espíritu que debo cubrir con este pobre pellejo que no es elástico, por más que traté de dar espacio para que esta maldad circule libremente en mi interior, me dice que no hay abasto para toda la crueldad que mi solitaria alma proyecta…
En los brazos, las venas se me secan, porque ya no queda sangre para correr por ellas, los nervios se endurecen y lloran, no hay lágrimas, hay putrefacción en su máximo esplendor; Esta suciedad que arranca mis cabellos negros, me quita vida, me quita esa energía purificadoramente versátil, esa luminiscente aureola de sueños que emerge de esta mente loca y sin forma, de mi cabeza extrañamente revestida por ideas torturadas por semanas y vicios.
Por estos atardeceres drogados, transita mi cuerpo semejante a la mortaja de un cadáver, semejante a muchas otras cosas negras salidas del abismo de lo celestialmente bestial, de la tierra arrojada con sigilo, por manos temblorosas y rojas, surcadas de dolor y muerte; Por los senderos de lo inevitable, mis pedazos de realidad se desvanecen, o al menos parecen atenuarse junto con la distorsión de mi propio ser…Vuelo por encima de lagos y árboles, de montañas y desiertos, océanos de indecisión, inconfundibles fases de traición ¿por qué niegan su origen? ¿por qué lo hacen, si es tan hermoso?...Como el vivir y morir dentro de esta cápsula de dolor, esta triste conversión de hechos traumáticos, como vivir y morir en el rincón del abandono.
¿Cómo no observar el cielo gris, si este me hace reír?, ese color alicaído, esa tempestuosidad plenamente mía, esa explosión de recurrencia inocua, propiamente mía. Se han solidificado mi infancia y mi adolescencia, mi adultez y mi vejez, mi muerte y mi resurrección, mis ansias de volar y ser vista, allá en lo alto, tratando de no caer en las trampas que me han tendido los adversarios de toda mi nefasta existencia; Tratando de no mirar el pasado, ni el presente, ni mucho menos el futuro, con la vista fija en este tiempo transcurrido, con los ojos abiertos y prestos a la cacería, a la cacería de nuevas ideas con las que eliminar todos mis males, todas mis raíces desorientadas, de eliminarme yo misma en el intento, quizás. La eliminación no será suficiente.
Los cables que conectan mi cabeza con mi corazón se han cortado, ya no pienso con sentimientos, con sensibilidad humana, pienso como una máquina, como algo inerte, una piedra gigantesca, tal vez, un trozo de hielo, un pedazo de vidrio, cortante, mortal. Mis ideas y yo, no vamos por el mismo camino, mi esencia y mi cuerpo, se han distanciado y no piensan en volver a hablarse… ¡Entonces, ¿Cómo pretenden que sobreviva con tan poco?! Ni sangre me queda, ni venas que cortar, ni hilos que enredar, ni proyecciones por las que preocuparme, no me queda nada.
La lluvia cayó sobre ella, sobre el oro de sus cabellos, sobre su piel de seda. El frío le obligó en apurar sus pasos, ya era tarde, el tren no partiría hasta la mañana siguiente. Debería tomar el camino largo.
Las sombras de aquel invierno comenzaban a envolverla por completo, personajes siniestros le escoltaban a casa, sin que ella supiera.
La inmundicia sobre mi, me obligo a vomitar, a desecharme de las últimas esperanzas puras que conservaba.
Lo sentí recorrer todo mi interior y quise arrancarme la piel para deshacerme de eso.
Las lágrimas que bañaron mis mejillas no alcanzaron a ser de ira, sino de dolor, de un dolor tan profundo,
Que llevaría tiempo hacerlo desaparecer.
El corazón latía tan fuerte en mi pecho, que al instante supe,
Que el miedo se estaba apoderando de mí.
Sentí sus ojos malvados, golpeándome en el rostro,
Mi voz traicionera, no quizo salir de mi garganta,
Y lo único que yo quería era gritarle:
¡Para, porfavor, detente, me haces daño!
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eva de vicente
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