La confesion de Gorgio
La confesión de Gorgio
Al retirarse de su cuidad natal, La Marca, Gorgio Mungies dejo esta carta para que sea publicada luego de su muerte. La familia la guardo por varios años, ya que el famoso escritor duro en vida mucho tiempo y aun después de irse de su casa, vivió 10 años más.
Pero la casa fue prendida fuego y la carta se mantuvo guardada en una mesa de luz que al día de hoy permanece intacta en el museo de las rarezas de La Marca.
Quienes conocieron al único intelectual que tuvo este pueblo, saben decir que al leerla se oían sus palabras en el aire y se observaban fieles al recuerdo todos sus gestos mientas hablaba, tan lastimado, confundido y entregado:
“Me voy a confesar por primera vez, y con una precipitación que puede llegar a matarme. Pero habiendo sido escritor tantos años y teniendo la bendita edad que tengo, no puedo dejar pasar esto y morir sin mas.
Quizá alguien se haya percatado ya. Algún lector habrá encontrado que entre mis textos, no hay siquiera uno que mencione el amor, que lo mencione al menos de una forma alegre.
Es que si se me veneró alguna vez por ser un alma completa, un escritor consagrado y un libro caminante, fue por equivocación. De todos mis poemas y relatos no puedo encontrar hoy el que me diga que alguna vez en tantos años sentí tal euforia por el amor que decidí plasmarla.
Y sin embargo fue así. Y sin embargo así sigue siendo. Pero también descubro en la paciencia y repienso. El amor, mientras me tuvo en vilo, no me dejo espacio alguno para redactar nada que mereciera la pena. Por el contrario, deje de escribir en cuanto me sentí enamorado. Deje de soñar con manchas y muerte. Y me hundí día a día tras historias que dieron como fruto las mejores producciones. Mis mejores escrituras. Todas (a mi parecer) un lamento.
Es que me siento errado, y a la vez pienso que esto es así. Pienso en escribir antes de irme este poema, que no me sale del alma y por el contrario es un homenaje a la filosofía de la composición.
Este que escribo con mis uñas, es el poema que hago del amor:
Dulce, inaudito guijarro
De colores varios
A ninguno parecido
Te escribo.
Sin forma, decisión ni religión
Estética, reglas o marcas
Te despido cada día
Y me encuentro escritor
Balanceo entre verte y no
Y me culpo de no tenerte
En mis labios retratado
Hoy sin muerte.
Y sin merecer estrofas
Sean o no poesía
Te dedico estas líneas
Amigo infiel, productor.
Que llevas sangre
Sin que esta hoy mate
Llevas el velo
Que me separa de mí
Prosigo, no encuentro rima
Piedad para mi, amor
Que nunca supe ni sabré
Escribirte milagroso
No alcanzan palabras
Cuando cruzo y te descubro
Es necesario
Es tu lenguaje suficiente.”
Las palabras de Gorgio fueron editadas recién en el año 1990, en una revista que hoy ya es imposible de conseguir y que aun así varios escondidos tienen. Ya para entonces había muerto hacia doce años y fue muy criticado. Muchos quisieron sacarle el merito de haber nacido y otros el de haber participado en las reuniones de los sábados por la tarde. Pero si me encuentro escribiendo estas líneas es porque creo con firmeza que el mejor poema reside en el reconocimiento de nuestros límites.
Agustín Pastor
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