Método o gozo
Tercera cita con ella, sexóloga graduada; al cabo de charla erotizante, no aguanté mas y me abracé a ella, que nada hizo para impedirlo. Traté de ser gentil y habilidoso, traté de leer sus gestos para asegurarle placer y no demostrar egoísmo atávico. Hice un esfuerzo serio y planificado por no dejarme llevar por mis caderas enérgicas y descerebradas, controlé la respiración: su ritmo e intensidad, inhalar y retirar, exhalar y penetrar, tratando de hacerlo por lo menos mil seiscientos veces, de lento a ligero, concluyendo con vigor.
Sentí el compromiso y la tensión afectar mis esfuerzos, la observaba con detenimiento y conforme a variables pre establecidas, buscaba detalles que me indicaran su estado interno, su grado de satisfacción, su curva de resolución. Hubo momentos de riesgo por pérdida del sistema hidráulico, pero con voluntad férrea, me impuse y terminé luego de constatar (creo) que (ella) lo había logrado, pero no me sentí bien. Sentí como que la preocupación por la teoría y el método me robaron el gozo.
Desde esa tarde decidí dejarme de tanta preocupación por el método en el gozo. Es mejor dejar que el egoísmo haga su parte. Al fin y al cabo, es el ego quien goza.
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