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Fecha de Ingreso: junio-2007
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Cuento: PASTORAL
De pronto, como en un sueño, vi unos prados. En ellos había una bella sensación de paz. Entonces la ansiedad y el misterio de saber que habría más allá me llevó a introducirme en ellos...
Primero eran arbustos, luego se fueron agrandando como por arte de magia. De repente, me encontré en una selva, con árboles de hasta 50 metros de altura, animales que nunca había visto y ruidos tenebrosos. Pero el miedo no llegó hasta mí, al contrario, mis ganas por recorrer el lugar aumentaron. Caminé muchos metros y todo lo que veía me resultaba muy extraño y, a la vez, familiar. En un árbol gigantesco se hallaba una escalera, pensé que desde allí podría ver mejor todo y decidí subirla.
El paisaje se veía muy lindo; flores de diversos colores invadían la selva en su extensión. De repente, sentí que algo me observaba. Al darme vuelta, debajo de mí, un duendecillo de aproximadamente 70 centímetros de altura se presentó, cantando: Yo soy Pastoral, el duende de este lugar. Si quieres conocerme mejor, escucha con atención: En la vida, hay dos vidas; una real y otra ficticia. Yo las uno y el final produzco. Esa es mi profesión, amo mío. (y de un salto llegó hasta mí).
Me asombré al escuchar sus palabras. Sentí miedo, ganas de volver a mí lugar. Igualmente supuse que era un sueño y quise despertar, después de todo, ¿qué diablos hacía yo ahí?. Pero Pastoral interrumpió, y como si leyera mis pensamientos, dijo:
_ Tu estás aquí porque no te sientes bien en la realidad, creaste una fantasía en la cual estoy yo. Eres mi dueño, porque todo esto es producto de tu imaginación. Para agradecerte por haberme infundido vida, te concederé un deseo. El más grande de todos.
Como tenía aspecto amigable y sus ojos me transmitían paz, le hice caso. Comencé a imaginar todas las cosas que me gustaría hacer y, sin dudar, respondí.
_ Mi único y gran deseo es alcanzar una fama enorme como músico y compositor, es decir, ser conocido mundialmente y pasar a la inmortalidad.
_ CONCEDIDO.
Fueron las últimas palabras que escuché de Pastoral. Una ráfaga de viento me alcanzó y me llevó...
Al abrir mis ojos, me encontraba en una mansión, con vista al mar, y una anciana que dormía a mi lado. La casa estaba rodeada de lujos: pianos, guitarras, bajos, violines, baterías, consolas, micrófonos, etc. Todo lo que un músico con mucha plata pueda llegar a tener. Traté de levantarme y no fue fácil. Tenía mucho peso en mi cuerpo, algo que nunca antes había notado. Cuando lo logré, me dirigí a una guitarra y comencé a tocar una de mis canciones. Pero algo extraño sucedió. Mi mano estaba cambiada, toda arrugada y vieja. Mi cuerpo era el de un mísero y pobre viejo que esperaba su muerte. No pude cantar, no pude tocar. Gotas de llanto cayeron sobre mí. Llamé a Pastoral casi gritando, lo cual hizo despertar a la anciana. Me acerque hasta una de las ventanas y observe que nevaba. A lo lejos se veía la luna, que estaba como flotando en el mar. La anciana me llamó por otro nombre y en otro idioma, mientras, yo pensaba.
Entonces comprendí que era otra persona. Pastoral me había cumplido el deseo. Ya no era aquel joven lleno de sueños que había estado en la selva con el supuesto “duendecillo”. Me entere que el viejo que ahora soy, era muy famoso; había pasado toda su vida componiendo genialidades y generando éxitos, y yo le robe los últimos momentos de su vida.
Aterrado me acosté. La anciana me miraba. Amargura, bronca, dolor, tristeza, confusión e impotencia sentía en mi alma. Mágicamente, cerré mis ojos y dormí...
En mi sueño, nuevamente apareció Pastoral. Le dije que haga algo, que me devolviera mi vida, que me había equivocado al pedir cosa semejante. Sonrió, creo que sintió pena, por eso accedió a concederme un último deseo.
Y aquí estoy, bajo tierra. Quizá porque quise algo que no era para mí. Reflexionando llegué a una conclusión: No vine a la tierra para ser un deseo, para ser un fin, sino para disfrutar los medios; para vivir en paz y ser una persona humilde y feliz. De ahí en adelante vienen las cosas. Había elegido mal el camino.
En mi epitafio dice: “ Nació para ser cóndor y, por su ansiedad, solo fue un gusano”.
(Silencio eterno)
TM
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