Días de cuentos bajo cero
El oso alado en el museo del prado
yace ante los ojos inmunes de una estatua,
como la esposa de un sueño congelado.
Los días detenidos y a cuentagotas
pasan como brisa mientras duerme
La siesta del tiempo, el final y la llegada.
El hombre es la manipulación expresa,
el ejemplo de la maldad llevada
a términos de la perfecta ecuación.
La mujer y la promesa,
la tácita ilusión, sistemática rudeza,
del que marca los días en la pared de su prisión.
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