David, otra vez nos encontramos.
Decidí buscar antes de todo aquello que escribiste de y a partir de la partida de Kary, esa pequeña demonia que tanto quisimos y seguimos queriendo hoy después de su último gran y doloroso acto. Buscar todo el fuselaje que te hacía caminar y avanzar cual despedazada locomotora con ganas de seguir avanzando. Recordar esos días en que fuimos más que nunca nuestros peores enemigos, tú el tuyo y yo el mío. Al parecer no mucho ha cambiado. Es cierto que tus letras cada vez son más dóciles al oído y aún algo más punzocortantes, mas creo, sigues en ese camino directo al abismo al que tanto nos allegamos por tontos y más aún por pretenciosos.
Cito un verso antiguo tuyo, a ver si no tengo tan mala memoria. "Me hice amigo de la noche/ mas no de las alimañas que trae arrastrando a su lado".
Intuyo que en algún momento del juego no te diste cuenta y te volviste una de esas alimañas; el dolor es tan nítido cuando viene de un espectro maligno, que creo, amigo mío, si no eres ya parte de su lado, estás a un punto porcentual de convertirte en algo similar a un imitador con ciertas fallas genéticas neurológicas.
Me dirás que qué predecible, chaquetón y nerdozo pero no mames, no te dejes seducir por tu lado oscuro. El enemigo, como te gustaba repetirlo, radica en tu mente, en tu corazón, en tus vísceras, no dejes que te consuma.
Como ya lo había dicho, busqué en tus escritos anteriores y mordí el anzuelo en este porque eso siempre representaban los fugaces encuentros de nuestro tonta cofradía de la poesía enemiga: algo como el final y la llegada. Nos veíamos los cinco, comprendíamos que nunca seríamos amigos por nuestras pedanterías y porque nunca sabríamos escucharnos sin la intensión de causarnos daño.
Siempre coincidimos en allegarnos al lado maligno de esos seres mitológicos que para los más comunes representan una magnífica bondad. Tus aluciones directas al Dios de los cristianos me trajeron a la mente esas semanas de, perdón por la redundancia, semana santa en las que el ambiente en casa era como si todos estuvieran dormidos en un mutismo, pagando penas viejas o cosas por el estilo. Y más aún por todas esas películas acartonadas que mis padres veían hasta el cansancio. Mas no me trajeron las imagenes para un mal ejemplo, sino para reconstruir, recrear mi propio evangelio. Uno menos ornamentado y megalomaniaco que los de animes japoneses, en el que el personaje principal era algo así como un detective de pelis de cine negro, un vengador doloroso, un ser atormentado que encontraba su yo interno al despedazarlo y regenerarse en su propia carne.
Las referencia de la fábula tan famosa de la rana y el alacrán en este caso vino sobrando. Adornaste de más el arbolito. Como sea, este comentario se lo hago al david de hace más de un año que era otro. Para el de hoy queda el reclamo, o mejor dicho, recomendación de una reescritura de este "El final y la llegada".
Seguimos en contacto David.
LOBO
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