Andén
Andén
El sombrío campo parecía comprendernos, la calle empapada de llanto nos miraba con lastima absorbiendo nuestras sonrisas.
Un frío enarca nuestras caras envueltas en amargura y el olor fúnebre nos invade, nos inunda un lento silencio angustiante.
El domingo no floreció… y era primavera.
El viento nos pega, nos lastima con sus redes, creo haberme topado con la muerte.
Tarde desierta, tarde recordada, lánguida tarde que acabó.
Las nubes oscurecieron el cielo, exhausta y fastidiosa llegué para que quemaras mi dolor… calmaron mis ganas… sólo encontré un papel con fracasos, sólo letras vagas que anunciaban un futuro imperfecto, sólo más daño.
Noche lúgubre y sigilosa, no aguantaba, no podía, las lágrimas andaban como cataratas en mis mejillas. Te recordaba, te admiraba, me dolías.
El porqué atrapó la madrugada, las ojeras en mis agujeros, y la alergia al sufrimiento me irrumpían. Horas mirando un espejo, necesitaba que me abraces, que me envuelvas con tu olor. Quizá esperaba que digas algo. Miré y volví a mirar más caras felices, todos reían…
Un rayo de sol me humedece de calor, las páginas amarillas de esta agenda me leen atentas, sin mirarme a los ojos, sin mirar el suelo, sólo porque son ciegas.
El reloj marcaba las siete, salí afuera, el aire llenaba mis poros de alivio…la angustia mató los latidos, recorrió los rincones más recónditos de mi cuerpo, venció las ganas…el tranvía sólo pasó.
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