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Fecha de Ingreso: diciembre-2006
Ubicación: Perú
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Abismo
Abismo:
Note que había 300 posibilidades en el borde de este abismo, le tome atención a tan solo 3, la primera: un montón de árboles flotantes, árboles frondosos, con ganas de vivir y de dar vida, estos árboles absorbían toda mi mala vibra, mis malos pensamientos y lo que me pudiese hacer sentir pésimamente mal. No reconocí que tipo de árboles eran, pero de que eran hermosos y frondosos no tenia la menor duda. La segunda: una flor agotada, con unos pétalos menos y unas cuantas hojas marchitadas, su rostro era triste y con ganas de tener una nueva vida en algún otro lugar, en otro jardín, de eso estoy seguro, sentía que la flor quería decirme algo con esos movimientos, con el soltar de sus pétalos, con lo doblado de su tallo. Por ultimo, el tercero: una nube, una nube que se precipitaba hacia el mismo abismo, estaba pomposa, grande, preciosa, alba, juguetona, me miraba, me invitaba a flotar, era la invitación mas linda que nunca había tenido, la invitación era: “salta sobre mi y te sostendré, no caerás”.
Las 3 posibilidades daban distintas señales, una que la ame, una que la mate y otra que la acompañe a lo jamás vivido. A los árboles me acerque, converse con el mas grande de todos, al mas sabio, “no hay mas que contar querido, estamos aquí siempre dándote vida, quitándote el peso de tu inmundicia”. Estaba agradecido con esas palabras que me dio el sabio entre tanto sabio. Luego de dejarlos me dirigí a la flor, yo sonreía en el camino, a medida que me acercaba a aquella flor mi sonrisa se iba borrando lentamente, cuando llegue a ella, la tristeza se apodero de mi y de mi alma. “perdóname por no poder hacer nada…” dije yo, y la flor lloraba. Me pidió que la cargara: “déjame morir, ya no quiero esta vida”. La bese mil veces y la deje en el suelo cubriéndola con mantos de seda. “gracias querido”. Llore, se murió, después de todo cuando alguien muere uno tiende a llorar (o al menos asi están amaestrados mis sentimientos).
Me levante de ese drama y voltee la mirada a la nube y su abismo incitante. La nube seguía traviesa, jugueteaba con mi sentimiento y mi alma, mis lagrimas se secaron rápidamente, olvide todo lo que estuvo a mi alrededor, camine lentamente a ella, hipnotizado por su belleza, por su bondad gemela. Estando cerca de la nube la cogi de la mano, y ella una ves más me invito a subirme en ella.
Acepte si dudarlo, estuve en ella, por primera ves sentía lo que quería sentir hace mucho tiempo, me sentí comprendido y entendido, atrevido y perdido. Ella daba signos de que si, de que todo seria perfecto siempre y cuando nunca dejara de confiar en ella. Nunca deje de confiar en ella.
Pero extraño fue el momento en que la nube se iba agotando de tanto llevarme por senderos que ella misma desconocía y además temía. Poco a poco regresaba al borde del abismo, intentaba frenarla en su regreso, sin embargo, ella evito escuchar cualquier excusa y consejo. Al llegar al borde del abismo me dijo: “no puedo mas, no debo hacer esto”. Replique: “confió en ti”. La nube nunca respondió tal afirmación, solo se despidió de manera muy fugas, desaparecía lentamente en el abismo, no debía dejarla desaparecer, esa seria mi consigna, pues algo tan hermoso no debería dejarlo escapar, es por eso que salte precipitadamente hacia ella intentando caer nuevamente en su belleza, pero tarde, antes de caer sobre ella, todo desapareció, la nube, los árboles… el abismo continuaba… caí, fui directo al abismo, caí, y caí, en mi caída voltee a mirar el borde que rápidamente se alejaba de mi, sonreí.
Ese abismo no tenia fin, y no le temí a la caída porque siento que en algún momento la dulce nube me recogerá de mi vació.
Aun floto, el vacio se ha vuelto mi cuarto y vida.
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-=Julius=-
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