La mujer disponible.
A veces, tanto deseo generalizado, la hace sentir que "la mujer ideal" es
ella misma.
Le gustaría llegar a comprender por qué atrae a tantos hombres.
Ya más de doscientos contactos en messenger, casi una cita diaria para tener sexo compartido con ella en hotel, palacete en Venecia, o la propia casa del tercero en cuestión cuando no está su esposa. "Por favor, encontrémonos, aunque sea sólo para conocerte en persona, te invito a cenar o a charlar en torno a un café." Mañana, tarde, noche. Ya no hay horarios, ya no hay reticencia a sus caprichos. "Quiero esto" y si no es uno, otro será el que se lo dé, se lo regale, se lo compre o se lo haga.
Piernas perfectas, las tiene. Minifalda, la usa desde la misma edad en que
comenzó a pintarse las uñas, desde los once años. Labios gruesos. Gran seno, eso fue un logro de la vida misma, ya que crecieron a través de los años, los embarazos y el uso. Callada cuando se requiere, ese es el señuelo perfecto. Doctorada en la escuela del sexo, algo que los vuelve locos.
Sensual, sexy, natural (no se tiñe el cabello y todos sus defectos están a
la vista). Sin vicios, más que el evidente. Es la esposa ideal, la madre
ideal, la hija ideal, la amiga, la vecina, la nuera ideal. Ha decidido que
buscará la realización personal después de los cincuenta. Por ahora se
dedica a disfrutar y dejar que la disfruten.
Ninguno se fija en si es morocha o platinada, ni en el color de sus ojos, ni
en si tiene cintura. Ella supera la barrera de los gustos personales. "Te
quiero depilada, te quiero en tacos altos". Es fácil satisfacer la demanda,
es la misma la de uno que la de todos. A veces se satura, es como una única Eva en el universo Adánico. A veces le da lástima que tantos hombres
necesiten de ella. Pobres esposos, pobres hijos, pobres empresarios, pobres
políticos; seres carentes de ternura, ya que no tienen la posibilidad de
satisfacer una de las necesidades básicas: el sexo.
Qué tontería pensarse "ideal" cuando se es sólo "disponible".
Carmiña.
|