Persuasión del asesino
Dulce canto del terror que te escondes en las grietas de las altas montañas, ven por mí esta mañana en que la brisa dejó de ser la señal de la desesperanza.
es todo tan callado, hay tanta paz y tanta calma
que creo, es justo ya, traigas contigo esa alegre maldad que te caracterizaba.
Quita al hombre bueno la sonrisa boba, señal de su debilidad;
arrebátale al tonto la contemplación, pon en su mano un cuchillo.
barre con esta supuesta equidad
y da a cada quien su justo merecido.
Qué tal si le robas al campeón su corona
para entregársela al lobo y comience así su reinado;
qué tal si das vida a las gárgolas de la catedral
para que devoren al hombre que las colocó en tan solitario estado.
Porque es imposible sucederse en un lugar donde no se sucede nada,
porque es impensable vivir sin la guerra cuando en mi sangre hay pirañas.
©David V. Estrada DeLaSerna
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