Canto para las hadas
La mujer que habita en mi cabeza es tan gentil
que todas las mañanas
envía mensajes celulares intravenosos a mi alma envenanda.
La mujer que habita en mi cabeza
toma una limonada mientras se niega a pensar
y está siendo pensada.
La mujer que duerme en mi cabeza
ve fantasmas que no la dejan dormir,
y ella piensa en mí
y la muerte le sienta menos pesada.
La mujer al otro lado del teléfono,
esa que se mece en un hamaca amarrada a mis tímpanos,
es la melodía profana
y el susurro bendito que me da aliento para revivir cada mañana.
Esa mujer a la que amo de forma especial
no existe para los demás,
es solamente mía,
y eso es su maldición
y es ella mi morada.
(Dedicado a Nuria, mi Novia, mi musa, mi pacífica inspiración)
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