Artemisa
No me importan sus casorios, sus amantes,
la novena sinfonía de sus senos.
Que no tenga ni un minuto de improperio
ni que todos sus lunares sean implantes.
Artemisa se ha creído por las noches,
voz de fina prostituta intelectual
que no piensa en su vejez como un ritual,
un reducto de princesas con reproches.
A quien cante mis deidades vagamente
me veré en la posición de amenazarlo
y asfixiarle los menguantes de su mente.
Pedacitos de una sombra en sus narices
con sus sorbos de lujuria que encandilan,
ella es sólo una nodriza de lombrices.
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