Memoria de la despedida
Si supiéramos lo mucho o poco
quedase por hacer,
aprenderíamos entre otras cosas,
lo equivocados que estamos de nosotros mismos.
Sin volver siquiera a la reciente
y última locura incomprendida.
Entonces:
faltarían pocas palabras,
las mas sentidas,
jazmines de la verdad
espinas de la sinceridad.
Es por lo expuesto:
que distingo la tarea noble del poeta,
al desenterrar a otro poeta del olvido.
Esparcir sus esperanzadas cicatrices
en polvo de solitarios cometas
que vuelan sin destino
entre la inédita luna
y el anónimo sol de sus versos reciclados
en innumerables diarios populares.
Y asi aparece,
mencionado en la fraterna cofradía de mi maestro,
despidiéndome en la ocasión,
parado sobre el anden,
próximo al tren que parte,
en rumbo cruzado hacia Moreno.
“Ya murió”,
dice.
“Si”,
contesto.,
Mientras me alejo pensando
“ una muerte deseada e inexistente”
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