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09-may-2009, 06:31
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Elogio de Oscar del Barco y un texto del filosofo: O Portela
Elogio de Oscar del Barco y un texto del filosofo argentino, por Oscar Portela
Estimado Arturo Larrabure: la verdad estuvo siempre frente a nuestros ojos y no la sacó a luz Vigo Leguizamón sino un filosofo que se enfrentó personalmente a Menendez y que treinta años después, realizó el más profundo, hondo, descarnado autoanalisis de su apoyo a la acción violenta considerándose culpable - tanto como los milicos que se propasaron y que sabemos así fué - , despertando en todos sus ex compañeros de ruta, odio y repulsa, incluso en pensadores que no conocieron de cerca este derrotero: lamento decirte todo esto pero existe en nuestro pais - y eso lo llevó a la ruina - , una lamentable indiferencia hacia la tarea del intelectual, como si no hubiesen sido estos los que movieron todas las grandes y a veces tristes revoluciones del mundo: no importa.
Vigo pasará a la historia de los descubridores y reivindicadores de la historia paralela:
Oscar del Barco en la opacidad de su silencio pasará a la historia del pensamiento aún para los que no estén de acuerdo con el...., pero nadie, absolutamente nadie me discutirá que ya en su memorial, - en esa gesta de pensamiento y acción que es su obra- estaba todo dicho, y que su valentía para hacerlo no tuvo absolutamente nadie - no perdonarese- y mostrar aquella tragedia como no la mostro nadie.
Dale mis felicitaciones a Vigo y a vos mi apoyo de siempre: aquí te envió unas letras de un hombre que vive solitario en Córdoba, pero que es publicado por la fundación Heidegger, algo que no les sucede a los otros pènsadores Argentinos.
Lo siento por mi país: Oscar Portela...
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..."del Barco - el filosofo latinoamericano más lúcido de nuestra época - termina su polemica sobre una ética más allá de la ética en esta contestación al pensador León Rozitchner": Oscar Portela
Observaciones al artículo de León Rozitchner, “Primero hay que saber vivir…”,
por Oscar del Barco
I
Comienzo con las primeras cuatro palabras del título del artículo de Rozichtner: primero hay que saber… sí, hay que saber… de quién se habla y de qué se habla, en consecuencia no se le debe inventar al otro una vida que no es la suya ni atribuirle ideas que nunca tuvo para así facilitarse la tarea descalificadora...
Es extraño: Rozichtner comienza dirigiéndose a mí y luego, repentinamente, habla de “ellos”.
Este paso al “ellos” introduce una confusión respecto a quienes son el objeto de sus críticas. Me supongo que en el “ellos” lo incluye a Pancho Aricó, a Schmucler, a Kiczkowsky, a Portantiero, a todos los que participaron en la revista Pasado y Presente y, además, a esa indeterminada “izquierda sin sujeto” a la que con ligereza menciona constantemente.
Con el “ellos” oculta el hecho de que cada uno de nosotros siguió su propio camino y que ya no podemos ser incluidos en ese amorfo “ellos” que nos unifica y al mismo tiempo nos ignora.
Rozichtner ignora que yo no participé en la segunda época de Pasado y presente, la que apareció en Buenos Aires con una nueva dirección y con objetivos políticos distintos a los de su primera época…
Ignora que el pequeño grupo que sacó Pasado y Presente en la primera época se había disuelto y que ya no volvería a existir como tal grupo…
Ignora que Aricó se fue a vivir a Buenos Aires y que junto con Portantiero dirigieron la revista en su “nueva época”; que Schmucler se incorporó a la juventud peronista; que Kiczkowsky, luego de estar detenido un año en Salta con los guerrilleros del “ejército guerrillero del pueblo”, siguió trabajando en Córdoba; y que yo seguí con mi militancia política y mis estudios también en Córdoba…
Ignora que en México yo no integré el Grupo de discusión socialista y que sólo asistí a una reunión porque me invitaron a discutir mi libro sobre Lenin…
Ignora que yo no firmé ninguna declaración adhiriendo a la guerra de las Malvinas…
Ignora que cuando volvimos a la Argentina ni yo, ni Schmucler, ni Kiczkowsy, integramos el “Club de Cultura Socialista”, ni participamos en la revista “La ciudad futura” (y debo decir que no participé de hecho y no por diferencias ideológico-políticas, pues en general compartía las posiciones de ese grupo “socialdemócrata”, “progresista” o como se lo quiera llamar).
Y si bien nadie tiene por qué conocer nuestras particulares historias personales, sí tiene la obligación ética de conocerlas el que se ponga a hablar sobre las mismas. Me atrevería a decir que es una cuestión elemental del oficio de un “crítico” de la política, de la filosofía, de la historia o de lo que sea…
II
Rozitchner critica mi “intelectualismo” ignorando no sólo mi militancia política sino también los textos en que critiqué el “intelectualismo” de Lenin, de Althusser, de Colletti, de Paramio y Reverte (con estos últimos polemicé sobre el intelectualismo en la revista española “El viejo topo”).
Los libros a los que me refiero y que Rozitchner ignora son Esencia y apariencia en ‘El Capital’ de Marx, El ‘otro’ Marx y Esbozo de una crítica de la teoría y la práctica leninista. En todos ellos critico extensamente el “intelectualismo” que graciosamente él me atribuye.
En el último de los libros citados denuncié no sólo el intelectualismo de Lenin sino también su participación directa (junto con Stalin y Trotski, -éste en Terrorismo y estado explicó cómo ser un buen “terrorista”-) en la instauración de un régimen de provocaciones y asesinatos destinados a someter a la población rusa y a exterminar a la oposición populista, menchevique y “pequeño burguesa”, calificándolos a todos bajo el rubro de kulaks, “bichos”, “enemigos de clase”, etc.
Rozitchner ignora tanto mis libros como mi militancia política.
Debo pensar que se trata de un “método” polémico consistente en ignorar lo que se critica o simplemente en dar vueltas las cartas sobre la mesa haciéndole decir al otro lo que no dice y hacer lo que precisamente no hace…
III
En su artículo me hace aparecer como opuesto a “toda” violencia, ignorando que yo hablo de muerte, de asesinato, de violencia asesina, y no de violencia en general.
Rozichtner distingue entre violencia-asesina y resistencia, y mediante un malabarismo mal intencionado convierte mi oposición a la violencia-asesina en una oposición absurda a toda resistencia. Se trata por supuesto de una artimaña para confundir a los lectores.
En varios de mis escritos referidos a la “política” (y cualquiera, incluso Rozitchner, puede leerlos) planteo como esencialmente válida la resistencia de los pobres, de los explotados, de los enfermos, de los presos, de los perseguidos y discriminados, de los transexuales, de los artistas, de las mujeres, de los viejos, de todos los que de alguna manera luchan por una sociedad justa, equitativa y libre.
Por otra parte pienso que los seres humanos pueden oponerse a cualquier clase de violencia e incluso de contra-violencia, vale decir de llevar el pacifismo, en caso de ser necesario, hasta el martirio.
En la carta a “La Intemperie” yo atribuía al terror que se instauró en los llamados países “socialistas” o “comunistas” una responsabilidad fundamental en el fracaso de los ideales revolucionarios de nuestro siglo.
Al rechazar el “comunismo” los pueblos de esos países se resistieron a vivir en regímenes de dictaduras totalitarias.
Este fracaso (y digo “fracaso” porque esas dictaduras, mal llamadas “socialistas”, en lugar de crear el “reino de la libertad” crearon campos de explotación y exterminio) constituyó una de las tragedias de nuestro siglo, no sólo por los millones de muertos inocentes que causó sino también por la pérdida de los ideales revolucionarios que tuvo como consecuencia.
IV
Rozitchner me ataca comparándome de una manera arbitraria con Jouvé. Según él, Jouvé habría estado en el momento del asesinato del Pupi y se habría opuesto a su ejecución. En consecuencia -afirma- no fue culpable. Esta es una tergiversación de lo sucedido.
Es cierto que Jouvé en un primer momento se opuso, pero luego acató la orden de su Comandante... (Jouvé lo reconoce así en su entrevista) y por eso yo dije y lo sostengo que fue culpable (como lo soy yo, aunque más no sea de una manera “intelectual” o “imaginaria”, como me acusa Rozitchner peyorativamente).
Rozichtner piensa que yo debí plantear mis dudas durante el desarrollo de aquellos acontecimientos: ignora que yo le advertí a Massetti –por intermedio de Ciro Bustos, quien puede eventualmente testificarlo- mi resolución de cortar todo vínculo con el grupo guerrillero si mataban, en un nuevo asesinato, a Frontini (alias “el grillo”).
Posiblemente Rozitchner dirá: ¿cómo puedo yo saber eso? Yo le respondo: y si no lo sabe ¿por qué afirma algo que no sabe y que me implica moralmente?
V
Rozitchner construye una suerte de mito: un Jouvé valiente, revolucionario, encarcelado, puro (y seguramente lo es, pero estamos discutiendo de otra cosa y no de los valores éticos de Jouvé), y un del Barco medio loco que se responsabiliza de algo de lo cual nadie lo acusa.
Sin embargo Jouvé reconoció con todas las letras que “de alguna manera todos somos responsables”.
Rozichner también ignora esta frase que para nuestra discusión es una frase esencial.
Habría que analizar detenidamente la palabra “todos” utilizada por Jouvé (¿se refiere sólo a la guerrilla o a todos, incluido Rozitchner?) y la palabra “responsables”... Si aceptamos que “somos responsables” debemos consecuentemente aceptar que somos libres y entonces de nada vale recurrir a las “circunstancias” o a la “época” para tratar de explicar los actos cometidos.
Frente a estos problemas Rozitchner pasa olímpicamente de largo: ¿para qué analizar si desde hace años él ya tiene todo explicado mediante su esquema “marxista”-“psicoanalista” o como se lo quiera llamar?
Dice que “Jouvé no es culpable” porque la situación que enfrentó (vale decir la posibilidad de ser muerto) lo exime de culpa.
Pero precisamente de esto es de lo que estamos hablando, de situaciones extremas donde se arriesgaba la vida. No estamos hablando de psicología ni de sociología sino, aunque no le guste la expresión, de política y de ética, ¿o no se da cuenta?
Veamos los hechos: Jouvé acató las dos órdenes de muerte (porque participó en dos asesinatos, aunque Rozitchner, de acuerdo con su método manipulador, hable sólo de uno) y por eso fue, como lo fueron todos los demás, responsable y culpable (el propio Jouvé así lo reconoce).
La interpretación de Rozitchner apunta a contraponer a Jouvé con mi propia confesión de culpabilidad, a la que sin comprender trata de ridiculizar.
Respecto a mi posición, que Rozitchner considera “abstracta”, propia de un intelectual al margen de la “verdadera” acción, no puedo sino preguntarle: ¿cómo sabe que estaba al margen de la “acción” y que era “abstracta”? Pero además ¿qué quiere decir que una acción es “verdadera” o que es “abstracta”?
¿Sólo la militancia política es verdadera? ¿La creación cultural, el arte, la filosofía, la religión, la ciencia, no son verdaderas por ser “abstractas”?
Es como si yo, que no sé nada de él, me pusiera a hablar de su vida calificándola de “abstracta”, “profesoral” o lo que sea.
Tal vez si lee las “memorias” de Ciro Bustos (sería deseable que las leyera) se lleve una sorpresa, y a lo mejor tome conciencia de la irresponsabilidad que implica la fábula que ha construido sobre estos trágicos acontecimientos.
Pero ¿qué puedo decir yo, cómo defenderme, si de antemano Rozichtner me ubica “entre los que miran siempre sin riesgo, desde afuera”?
No obstante insisto: ¿cómo Rozitchner puede decir lo que dice si ignora todo respecto a mi participación en lo sucedido? ¡Claro que a él eso no le importa ya que le basta con una construcción ad hoc para la cual los hechos son accesorios!
( Parte I )
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Oscar Portela
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09-may-2009, 06:49
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#2
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Respuesta: Elogio de Oscar del Barco y un texto del filosofo: O Portela
Oscar del Barco no concede reportajes: vive austeramente y solitario en la ciudad de Córdoba: durante el proceso militar se exilio en Mexico donde fué profesor emérito de la Universidad de Puebla. Después de volber a la Argentina y publicar libros monumentales sorprendió a la izquierda argentina a la que estuvo unido si jamás intervenir en hechos de crímenes fácticos, con un mea culpa doloroso y desgarrador: su actitud no solo causó estupor sino ataques de todo tipo de sus ex-compañeros y algunos que nada sabían de su militancia. Nadie se enteró de todo esto que quedó reducido a una polémica entre universitarios.
En otro país las cosas hubiesen hubiesen tomado otro cariz: era un protagonista el que se confesaba tan responsable como los militares de la junta..., y sin embargo, los argentinos, mareados con el día a día dejaron pasar este documento fundamental para comprender nuestra historia más allá de las disputas jurídicas acerca de los derechos humanos.
Oscar Portela
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Oscar Portela
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