Gran Hermano
La presencia (una vez más) del reality avivó los fuegos de la discusión entre los “contra” y los “pro” reality. Pero yo creo que a la hora del debate se olvidan varios elementos significativos que rodean a la casa y que la alimentan de forma interrumpida.
[left:19980b4393]http://img292.imageshack.us/img292/1934/0121626brq7.jpg[/left:19980b4393]A ver, desde que empezó Gran Hermano, todos se ríen de él. Una galería de pseudo-intelectuales televisivos, radiales, y urbanos se codean entre ellos sintiéndose por encima de quienes disfrutamos de ese show televisivo.
Y Gran Hermano pareciera que llegó para dividir bandos: los que se consideran “inteligentes y con apetito cultural” y los que simplemente pueden divertirse viendo un show en el que no existe un guión pero si una espontaneidad que funciona de maneras inesperadas, pero efectivas. El primer grupo, el de los “cultos”, desmerece el programa por considerar que no aporta nada de nada, que la gente de ahí es tonta y que es un espectáculo que no invita a ningún tipo de reflexión. El segundo grupo, tan sólo se limita a vivir con felicidad y emoción todas las galas, las cenas, los besos, las peleas y “demáses” situaciones que se presentan en la famosa casa de Martínez.
Lo primero que resalta es la gigantesca maquinaria que disparó Gran Hermano y cómo gran parte de la televisión argentina vive de ella y para ella. Desde los programas que siguen la línea propuesta por Intrusos, que reciben a los expulsados para que estos opinen de la casa y arriesguen pronósticos acerca de lo posibles ganadores, hasta un programa cómo lo es Fuera de Foco, en donde un Martín Ciccioli se ríe de la ignorancia de los chicos (como si él fuese un intelectual de la hostia) para, un par de programas más adelante, estar recibiendo a la primer expulsada y entrevistándola “seriamente” (con el mismo tono irritante que usan ahora estos periodistas jóvenes y arriesgados, tono solemne que pueden utilizar para un cantante de cumbia cuando habla de drogas como para un veterano cuando habla de la guerra, como si todo fuese lo mismo).
Y con estos dos ejemplos se puede generar una división similar que a la establecida con los televidentes: por un lado están los programas que se creen por encima de Gran Hermano (pero que los menciona y hasta pasa imágenes del show), y por el otro los programa honestos que se hacen cargo de esa supuesta miserabilidad que algunos le achacan para hacer un show dándole a la gente lo que la gente quiere pero, sin embargo, moldeando el paladar de los consumidores, y evitando una demagogia televisiva básica.
Algo similar, pero más odioso, sucede con varias revistas de noticias del país. Un buen caso es la 7 días, quienes nos dudaron en poner en tapa a una chica Gran Hermano y al preso de la casa. Y así es como sigue una cadena que involucra a diarios, programas y radios del país, todos debatiendo y estudiando qué sucede con la dichosa casa. Y que esto suceda es básicamente por un motivo, porque no existe un criterio editorial en casi ninguna publicación, ni hablar de una agenda propia. Se hace lo seguro, y lo seguro en este momento es Gran Hermano. Es realmente triste esta forma de operar, pero lo peor es que varios, a pesar de darle un espacio a ese programa, lo hacen para burlarse de la gente que vive en la casa, yo digo: para reírse de ellos, ¿no sería más fácil ignorarlos? Ah claro, pero Gran Hermano vende, y guste o no guste hay que ponerlo….
A mi me gusta Gran Hermano y lo consumo a diario. No me interesan las galas y mucho menos los debates, pero encuentro un divertimento en ver a los chicos en la casa charlando y hueveando. Pero por sobre todas las cosas, no me parece un mal programa, y honestamente, es junto con Son de Fierro y la millonésima repetición de Los Simuladores, lo único bueno que hay para ver en televisión de aire. Estos son los únicos tres programas (más allá de sus abismales diferencias en cuanto a sus contenidos y a sus objetivos) que poseen el espíritu que debe poseer un programa televisivo para ser ameno y entretenido. Y vuelvo a la supuesta irritación de quienes defenestran este programa basándose en que no “aporta nada”, ¿y el resto de los programas entonces? ¿Acaso CQC aporta más? Ah no, ese es Pergolini, el rebelde de la televisión, que viene haciendo el mismo chiste hace más de un lustro y que se mandó a mudar cuando la gallina de los huevos de oro pareció no funcionar más, pero que volvió cuando vio que eso no era así. El punto es: la televisión argentina es mala. Esto no es Francia, país donde rige una ley televisiva por la cuál no pueden dos canales dar al mismo tiempo un programa de temática similar, esto es Argentina y quienes manejan la televisión (la mayoría, no todos) le enchufan a la gente lo que la gente pide sin preocuparse por cuidar el producto siempre y cuando sea consumido de manera masiva. Pero tampoco olvidemos que, como se dice comúnmente, cada país tiene la televisión que se merece, y la veracidad de ese dicho nos transforma a nosotros, televidentes, en una gran parte del problema.
Pero volviendo a Gran Hermano, si bien los que allí viven son (en su mayoría) un modelo joven con el que no coincido pero que está en boga en la actualidad (gente linda, que hace de su cuerpo un templo y que prioriza lo físico a lo interno), estos muchachos suelen otorgar momentos interesantes y ello tiene que ver con la personalidad de cada uno de los chicos y cómo van interactuando de diferentes maneras entre cada uno de los involucrados. Todos ellos viven su personalidad a flor de piel en cada momento, y eso deriva en choques de egos que se presencian constantemente. Y los choques a veces significan la guerra y otras veces el amor (o la alteración hormonal, mejor dicho). Esto no es un concurso para ver quién sabe más, sino para ver quién prevalece ante quién. Esta idea, que es nefasta si uno pone la vida en esos términos, pero perfecta si se la maneja como un código televisivo a seguir, vuelve al programa un show hecho y derecho, donde los involucrados y sus constantes cambios de rumbo atraen a la audiencia como si de una novela cualquiera se tratara. La ecuación, como ven, es perfecta. Y más si en los bordes de esa maquinaria hay todo un organismo esperando cobijar a los expulsados para sembrar esos puntitos más de rating que tan bien vienen.
Para ir cerrando, escribí de Gran Hermano (cuando debería estar haciéndolo sobre alguna película) porque me gusta ese programa y creo firmemente que tiene muchas bondades que la gente no ve por el hecho de creer en una alta y en una baja cultura. Considero que es de cobarde maltratar Gran Hermano porque es lo que la mayoría hace (maltratar me refiero a opinar negativamente sin haberlo visto como se debe), porque es fácil desmerecer lo actual para luego refugiarse en el cánon. Me parece vital saber encontrar las buenas cosas ahora y mientras nos son contemporáneas. Estoy seguro que muchos de los que dicen que este programa es una mierda, si nacieran en 200 años y Gran Hermano hubiese quedado como un clásico, lo defenderían a muerte. Ahora bien, lo nefasto no es que el programa sea malo o que el reality se imponga, lo nefasto es que un 75% de la televisión viva de ese programa. Porque eso significa que no hay ideas y que por eso todos tienen que comer del mismo plato. Eso es lo alarmante, que el todo se esté “nutriendo” de lo mismo. Hay que apostar a la diversidad eligiendo, pero primero hay que crear una diversidad televisiva, y eso que lo que nuestra televisión no logra concretar, ¿le interesará?
Periodista: Martin Fernandez Cruz
Fuente:
http://www.elbondi.com
