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Antiguo 14-feb-2007, 11:49   #1
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Predeterminado SERIES DE CULTO, mucho más que nostalgia.

Series de culto
MUCHO MÁS QUE NOSTALGIA

Algunas ingenuas, otras ácidas y delirantes, las viejas producciones televisivas tienen gran cantidad de seguidores. Pero no se trata solamente de un fenómeno retro: como ocurre con los clásicos del cine, se valora la calidad de su factura y la creatividad de sus realizadores.

Por Amanda Paltrinieri

[left:b35b57b158]http://img239.imageshack.us/img239/4733/seriescultoxz4.gif[/left:b35b57b158]
Sin duda la del 60 fue la década más creativa de la segunda mitad de este siglo. Una serie de elementos ya instalados desde hacía años -el surrealismo, el psicoanálisis, la exploración espacial, la bomba atómica, la guerra fría, entre otros- confluyeron para dar lugar a un cóctel explosivo que se manifestó en tanto en lo político y lo social como en lo artístico. Eran los años en que se gestaron el flower power y la psicodelia.

En mayor o menor medida, la televisión no fue ajena a semejante movimiento: en las comedias, en las series de ciencia ficción y hasta en las de acción o espionaje se colaban algunos de esos ingredientes.

El absurdo y la ironía estaban presentes incluso en las comedias más ingenuas, como La isla de Gilligan o Mi bella genio. Una de ellas, Mr. Ed, tenía como protagonista a un caballo que no sólo hablaba, sino que podía enamorarse de la mítica Mae West o dispararle a su dueño frases como: "Hago la misma vida que tú, Wilbur: duermo, como y veo la tele, sólo que yo no tengo que trabajar ni pagar impuestos".

Esa mirada ácida podía extenderse al propio Hollywood (Ginger, una de los náufragos de La isla de Gilligan, era una actriz con cerebro de mosquito permanentemente vestida de gala) o a los copetudos habitantes de Beverly Hills, quienes en Los Beverly ricos debían soportar como vecinos a los Clampett, una familia de montañeses en cuyas tierras habían encontrado petróleo: puesto que el dinero manda -y los Clampett eran los más ricos del barrio- tenían que hacerles reverencias y mirar hacia otro lado mientras la abuela usaba la gran piscina como un piletón para lavar la ropa o la hija convertía la mansión en una granja.

De la larga lista de comedias de culto, dos entran directamente en la categoría de míticas: Los locos Addams, precursora del humor negro, y El súper agente 86, la brillante sátira de James Bond y demás productos hollywoodenses de la guerra fría.

Los Addams, esa "familia muy normal", fascina por el orgullo que sienten ante su forma de vida, tan natural para ellos como terrorífica para cualquiera que se les acercara. Ellos representan, sin prurito alguno, el "lado oscuro" de las cosas.

[left:b35b57b158]http://img114.imageshack.us/img114/2591/imagesos3.jpg[/left:b35b57b158]El super agente 86 -creado por Mel Brooks y Buck Henry- nació con la idea de ridiculizar las películas y series de espionaje: así como la lapicera con que los agente de Cipol se comunicaban entre ellos era parodiada por el "zapatófono" de Maxwell Smart, no se sabía quiénes eran más estúpidos, si los "buenos" o los "malos", a punto tal que uno de los personajes más recordados de la serie era Sigfried, probablemente el villano más seductor de la historia televisiva. "Nunca nadie había hecho un show con un idiota como protagonista -explicó Brooks años atrás-, por lo que decidí ser el primero en hacerlo." Un dato poco conocido: 86 es el sobrenombre con que los mozos estadounidenses se refieren a clientes borrachos o impresentables.

¿Quién necesitaba violencia?

Si El súper agente 86 parodiaba a El agente de Cipol, Napoleón Solo e Illya Kuryakin hacía lo propio con James Bond: no quedaba a mitad de camino entre el humor y la trama argumental sino que transitaba ex profeso ambas sendas. Pocas series combinaron tan bien una trama divertida con una cuota de acción, sin llegar -además- a la violencia cruda. En sus historias inverosímiles (generalmente planes de criminales con acento ruso o alemán para dominar el mundo) radicaba precisamente su seducción.

El mundo del alto espionaje tuvo su más alto exponente en una serie que hizo historia: Misión imposible, las aventuras de un grupo superespecializado que solía montar las ficciones más increíbles para llegar a sus objetivos. Su trama -armada como un mecanismo de relojería- no da un minuto de respiro aunque el espectador sepa que cada capítulo va a terminar bien.

Pero dentro del ramo, ninguna serie representa la estética psicodélica de los años 60 como Los vengadores. Diana Rigg y Patrick McNee compusieron dos agentes secretos de antología: Emma Peel, enfundada en enteritos de cuero, tan seductora como mortal, y John Steed, siempre de bombín y paraguas, capaz de noquear a su enemigos sin perder la compostura. La serie transitó distintas etapas, pero la del dúo Rigg-McNee no tuvo desperdicio. Una de las mejores virtudes de Los vengadores (especialmente gracias a su principal guionista, Brian Clemens) fue su capacidad de evolucionar hasta convertirse en una parodia de sí misma.

Terra incognita

Los 50 y 60 fueron años de exploración en dos sentidos. Uno, interior, producto de la difusión del psicoanálisis y las distintas escuelas psicológicas. El otro, exterior, tenía que ver con la carrera espacial.

Ambos terrenos -y su tema en común: lo desconocido- ya habían sido abordados desde la literatura y el cine, pero la televisión no les escapó.

Una serie resultó particularmente inquietante. Siempre abría con un discurso: "Al igual que el crepúsculo que existe entre la luz y la sombra, hay en la mente una zona desconocida en la que todo es posible. Todo es posible en el reinado de la mente. Todo es posible en la dimensión desconocida". Su creador, Rod Serling, presentaba un mundo real, creíble, pero con algún detalle trastrocado en el tiempo o en el espacio, como la mujer que vive sola en una cabaña y descubre que en su casa aterrizó un plato volador del que bajan dos hombrecitos. Aterrorizada consigue matar a uno de ellos y herir al otro. Éste, antes de morir, logra transmitir un mensaje: ese planeta no es recomendable porque allí viven unos gigantes violentos y primitivos... Sólo que al final del episodio alcanza a leerse, en una parte de la nave, el rótulo NASA.

Serling, claro, trabajó con guionistas como Ray Bradbury, directores como Richard Donner (Arma mortal) y actores como Lee Marvin, Robert Redford, Burguess Meredith y Agnes Moorehead. Steven Spielberg, John Landis, Joe Dante y George Miller admiraban a Serling y filmaron en su homenaje una película que no llegó a los talones de la serie. Hoy puede parecer ingenua, pero La dimensión desconocida en el primer antecedente televisivo de los Expedientes X (ver recuadro página xxx).

[left:b35b57b158]http://img114.imageshack.us/img114/305/1477234spock150cl5.jpg[/left:b35b57b158]La ciencia ficción y la vida extraterrestre tuvo distintos abordajes. Una visión era tan paranoica como angustiante. Su personaje principal, David Vincent, había sido testigo de una invasión solapada por parte de extraterrestres (cuyo meñique rígido era característico) y resultaba imposible sustraerse, capítulo por capítulo, de sus vanos intentos por convencer a la humanidad de que estaba al borde del desastre.

La otra visión, integradora, encontró su máximo exponente en Viaje a las estrellas. Uno de sus guionistas -Richard Matheson- también lo había sido de La dimensión desconocida. El tema no había sido tocado hasta entonces: la tripulación del Enterprise -multirracial e intergaláctica- vivía cuestiones ligadas a la libertad y sus límites, el racismo, el militarismo y el pacifismo. Lo curioso del caso es que la fiebre por Viaje a las estrellas comenzó luego de que la sacaran del aire por bajo rating, pero la serie se convirtió en el mayor mito televisivo y hasta despertó el interés de Pravda, el diario oficial de la Unión Soviética, desde cuyas columnas se llegó a protestar porque un supuesto proyecto espacial no tendría credibilidad sin por lo menos un tripulante ruso.

En tanto fenómeno, a Viaje a las estrellas le sigue la batmanía. Y ésta tiene su razón de ser: superhéroes hubo muchos y en todos los formatos, pero como el Batman de Adam West no hubo otro. Irremediablemente kitsch, ingenua en extremo, ese Batman con pancita resultó un éxito desde el vamos (aventuras para los chicos, y un chiste para los grandes), pero sólo fue valorado muchos años después, cuando se lo reconoció como un delirio pop, probablemente el único superhéroe que en televisión pudo mantener su estética de comic.

El Oeste da para todo

La ley del revólver fue la serie que más duró en la historia de la televisión: veinte años, desde 1955 hasta 1975. Es que, a pesar de su nombre, no era solamente "una de tiros": aunque éstos no faltaban, por primera vez un western mostraba personajes de carne y hueso, con virtudes y defectos Su personaje principal, el marshall Dillon, trataba de resolver pacíficamente los entuertos y hasta podía sufrir remordimientos después de haber matado a alguien. Su partenaire se convirtió en arquetípica: Kitty, la cantinera, una mujer independiente, dura, pero de corazón tierno.

La tevé tuvo el mérito de presentar, con distintas series, un Oeste diferente: el Maverick de James Garner, por ejemplo, era un tránsfuga que sólo quería vivir bien desplumando tontos y que terminaba enfrentándose a los malos como sin quererlo (su creador, Roy Huggins, dijo una vez que sólo quería "ver cuántas reglas podía romper y seguir adelante").

[left:b35b57b158]http://img114.imageshack.us/img114/713/bonanzadougdl8.jpg[/left:b35b57b158]También dio pie para las sagas familiares, de las que Bonanza (catorce años en el aire) fue el máximo exponente, dedicada a enaltecer los valores tradicionales, veta de la que después supo sacar partido uno de sus protagonistas, Michael Landon. Esta serie tuvo su contracara matriarcal en Valle de Pasiones, protagonizada por una actriz de cepa, Barbara Stanwyck.

Pero la verdadera perla entre las series del Oeste fue sin duda Jim West, que bien podría ser definido como un western lisérgico: aunque transcurría durante 1870, capítulo tras capítulo, West y su inseparable amigo Artemio Gordon -un mago del disfraz- podía desbaratar un complot para asesinar al líder mexicano Benito Juárez enfrentarse a un enemigo armado con rayos láser.

Epílogo

[left:b35b57b158]http://img253.imageshack.us/img253/3860/retrotv1.gif[/left:b35b57b158]Es llamativo que en la actualidad -cuando la televisión invierte millones de dólares en producciones que logran atrapar al espectador por el realismo de sus efectos especiales o por la acción y tensión permanente de sus historias-, una gran cantidad de televidentes se emocione con ingenuidades como una bruja que arregla todo con sólo mover la nariz, un caballo que habla u organizaciones de espionaje cuyos "sofisticados" equipos son francamente inverosímiles.

Pero evidentemente los fans de las series retro conforman una legión lo suficientemente grande como para que sean tomados en cuenta. Entre los canales de cable Uniseries se dedica exclusivamente a ellas, y otros -Fox o USA Network, entre ellos- incluyen algunas en su programación. Ni la televisión por aire escapa totalmente al fenómeno y de tanto en tanto incursionan en el rubro.

"Hay una gran melancolía -explica Mariano César, director de programación de Uniseries -; incluso melancolía reciente, de series que se dieron no hace mucho tiempo. Y no es tanto una cuestión de edad: nuestros segmentos más importantes de televidentes son de 35 a 50 años y de 20 a 35. Sólo el público de 13 a 20 años representa una porción menor."

Más curioso aún resulta saber que entre espectadores y canales hay una interacción similar a la que se produce con los programas de actualidad. César señala que, mediante la página que su empresa tiene en internet, la gente pide que incluyan en la grilla determinadas series (y hasta determinados capítulos) e incluso se encarga de hacerles llegar datos y curiosidades que les sirven para ajustar la programación. "El público recuerda las modas, la música, y se engancha mucho con el tema -apunta-. Por eso tenemos micros como el que pregunta a qué serie pertenece tal o cuál tema y haremos juegos como ‘¿de quién es esta casa?’ y otras incógnitas por el estilo."

Imposible contabilizar las series de culto. Porque además de otras joyas de los 60 que quedaron en el tintero se agregan series de los 70 y los 80 como Los profesionales -una producción británica que causó sensación por la crudeza con que abordaban cada capítulo-, Columbo, Kojak, Baretta, Starsky y Hutch, Moonlighting, que ya son consideradas clásicas.

De estos títulos, más frescos en la memoria, se desprende además que algo cambió en la televisión a partir de los 70. "Las series de los 60 ponían más el acento en lo estético -explica César-. En ese sentido, las producciones posteriores son más flojas, pero a partir de los 70 se caracterizaron por ser más audaces."

A esta altura cabe preguntarse si tanta participación y tanto interés por las series de culto es sólo una cuestión de nostalgia. A medida que comenzaba a desarrollarse esa audacia la temática se desplazó hacia la acción. Con los años las series demandaron para su supervivencia efectos especiales que encarecieron sus costos de producción y -salvo honrosas excepciones como las de las series detectivescas que hoy son tan recordadas- dosis extra de violencia para cubrir la ausencia de tramas consistentes.

No se trata de lanzar diatribas contra los efectos especiales, pues ellos aportan una cuota de realismo o de espectacularidad sin la que, hoy día, una serie sería impensable.

Pero uno no puede menos que asombrarse cuando piensa que el mayor costo de aquella vieja televisión de culto era el de la creatividad, tanto en los guiones como en la escenografía y en el manejo de cámara. ¿Quién nota que esos magníficos, amplios, exteriores de Bonanza no eran más que telones? El túnel del tiempo es otro ejemplo: su creador, Irwin Allen, era famoso por su tacañería y sufría mucho cuando veía cómo se destruían los decorados de las películas. La idea de la serie se le ocurrió al ver la reproducción que los estudios habían hecho del Titanic para un filme... Por supuesto, el barco hundido fue el tema del primer capítulo. No fue el único caso de reciclaje: El túnel... contó con monstruos y aparatos que ya habían sido usados en producciones como Perdidos en el espacio o Viaje al fondo del mar.

El de Irwin Allen es un caso extremo, pero quizá sirve para dar otra aproximación al fenómeno de las series de culto: como ocurre con los clásicos del cine, tal vez haya otra cosa más allá de la nostalgia. Sin ir más lejos, un respetuoso homenaje a la creatividad.

Fuente: http://www.amanza.com.ar
© Nueva, 1999

Un caso especial: los Expedientes X

Dentro de su grilla, la Fox transmite dos series que se ruedan actualmente, ambas producto de la imaginación del guionista Chris Carter. De una de ellas, Millenium, todavía mucho no se puede decir, tanto por la dureza de su trama como por que es muy reciente como para aventurar hipótesis.

Pero la otra, los Expedientes X, ya ingresó en el panteón de las series de culto. Sus protagonistas, Gillian Anderson (Dana Scully) y David Duchovny (Fox Mulder) son dos agentes especiales del FBI permanentemente boicoteados o manipulados por sus propios empleadores. Los dos -un investigador crédulo, obsesionado por los fenómenos paranormales, y una médica escéptica, aferrada en un principio a las explicaciones racionales- ya son de por sí un foco de tensión a causa de esa dualidad. A ellos debe agregársele una trama con desarrollos creíbles que tanto abonan lo sobrenatural como las tesis conspirativas.

Lo cierto es que los Expedientes X tienen bien ganado ese lugar como serie de culto: no sólo porque su repercusión puede compararse a la de Viaje a las estrellas en el sentido de que se crearon cientos de clubes de seguidores en todo el mundo, sino porque (al margen de esa "zona gris" en la que se desarrolla como su remota antecesora, La dimensión desconocida) señalan un saludable retorno a la trama argumental que repara más en la sutileza de una idea que en la profusión de fuegos de artificio.
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Antiguo 18-feb-2007, 15:36   #2
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Predeterminado Series de culto

Muy bueno el artículo. Me crié viendo esas series. Gracias.
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