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17-nov-2008, 22:43
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Los fusilamientos de 1956
LOS FUSILAMIENTOS DE 1956 Las personas:
Los detenidos y fusilados (y sobrevivientes):- Nicolás CARRANZA: (fusilado fallecido): peronista, 6 hijos, aunque no está casado, visita y convive con su mujer sin continuidad, ferroviario, de figura maciza, bajo, rostro firme, temeroso.
- Carlos LISAZO: (fusilado fallecido) 21 años, alto, delgado, pálido, retraído, juega ajedrez
- Mario BRION: (fusilado fallecido) 33 años, estructura mediana, rubio, incipiente calvicie, bigotes, serio y trabajador, oficinista, estudia inglés, perito mercantil, casado, un hijo, amante de la lectura, no fuma, no bebe, alegre, amable, tímido.
- Vicente Damián RODRIGUEZ: (fusilado fallecido) 35 años, cargador de bolsas en el puerto, casado, 3 hijos, peronista, comunicativo.
- Francisco GARIBOTTI: (fusilado fallecido) alto, musculoso, de cara cuadrada y enérgica, ojos hostiles, bigote fino, 38 años, casado, 6 hijos, peronista, toca la guitarra.
- Horacio DI CHIANO: (fusilado sobreviviente) pequeño de estatura, moreno, bigotes, anteojos, 50 años, electricista
- Rogelio DIAZ: (fusilado sobreviviente) sargento sastre, suboficial (RE) de la Marina, casado, 2 ó 3 hijos, corpulento, santiagueño, muy moreno, alegre, conversador.
- Miguel Ángel GIUNTA: (fusilado sobreviviente) 30 años., alto, atildado, rubio, mirada clara, expresivo, irónico, casado, vendedor, empleado en una zapatería
- Norberto GAVINO: (fusilado sobreviviente) 40 años, estructura mediana, fue suboficial de Gendarmería, vendedor de terrenos. Su esposa es encarcelada como rehén a cambio de que él se entregue. Prófugo.
- Juan Carlos LIVRAGA: (fusilado sobreviviente) flaco, estatura mediana, ojos pardos verdosos, cabello castaño, bigotes, 23 años, colectivero. Se salvó en el momento del fusilamiento por haberse tirado hacia un costado pero, mientras los represores buscaban sobrevivientes para darles el tiro de gracia, fue herido en la cara y el brazo
- Julio TROXLER: (fusilado sobreviviente) alto, atlético, 29 años, peronista, parco, reflexivo, policía. Lo apresaron después del allanamiento al departamento. No llegó a ser fusilado por saltar del camión y huir.
- Reinaldo BENAVIDEZ: (fusilado sobreviviente) 30 años, estatura mediana, rostro franco y agradable, dueño de un almacén en Belgrano. Se salvó al saltar del camión junto a Troxler
- Juan Carlos TORRES: (detenido sobreviviente) Lleva dos o tres vidas diferentes. Para el dueño de la casa es un simple inquilino cumplidor; para los vecinos, un muchacho tranquilo; para la policía un individuo peligroso y escurridizo. Cabellos negros, nariz aguileña, ojos oscuros. Logra salvarse porque al ingresar la policía al departamento, salta el tapial y huye.
Los funcionarios participantes: - Rodolfo RODRIGUEZ MORENO: Oficial a cargo de la Unidad Regional de San Martín donde llevaron a los detenidos y futuros fusilados. Inspector Mayor, hombre imponente y duro
- Desiderio A. FERNANDEZ SUAREZ: Teniente Coronel a cargo del allanamiento y quien da la orden de ejecución, hombre violento. Jefe de la Policía de la Provincia de Buenos Aires.
Los hechos:
En 1956, se produjo un levantamiento en contra de la Revolución Libertadora (nombre con el que se autodenominó la dictadura militar que derrocó a Perón mediante un golpe de estado en 1955). El levantamiento estuvo dirigido por los Generales Valle y Tanco. Dicho levantamiento se produjo el 9 de junio. Los principales focos de revolución se encontraron en Avellaneda, La Plata, Campo de Mayo, en la Escuela de Mecánica del Ejército y en el Regimiento 2 de Palermo. Los principales focos estaban al mando de militares, respondiendo las órdenes de Valle y Tanco. El levantamiento fue reprimido brutal e ilegalmente.
En Florida, partido de Vicente López, un grupo de civiles se juntan en la casa de Torres a escuchar una pelea de box. Valle y Tanco, en la clandestinidad, deciden lanzar la proclama revolucionaria, a las 23 horas del 9 de junio. A la hora del comienzo de la pelea en el Luna Park del zurdo Eduardo Lausse. A las 23.30, la Policía de la Provincia de Buenos Aires allana la casa de Torres y detienen a todos los civiles que se encontraban allí que suponen implicados en la rebelión militar de Valle. A las 0.32, se dicta la ley marcial en toda la República Argentina. Los detenidos son llevados a la Unidad Regional de San Martín, donde son interrogados uno por uno y son despojados de sus efectos personales. Les dan a cambio un recibo firmado. Todo esto sucede entre las 0.45 y las 3.45 del 10 de junio. Entre las 4.45 y las 5, el Tte. Cnel. Fernández Suárez ordena que sean fusilados los detenidos de San Martín. Los detenidos son metidos en un carro de asalto de la Policía y son llevados a un descampado. Es un basural en José León Suárez. Los hacen bajar en dos tandas. Bajan Di Chiano, Rodríguez, Brión, Livraga, Giunta, Carranza y Gavino. Tal vez Garibotti y Díaz. Caminan y se dispersan. Rodríguez Moreno ordena que se detengan. Algunos se detienen, otros siguen unos pasos. En el carro de asalto, Troxler ataca a dos vigilantes, logra desarmarlos y alejarlos. Salen del carro Troxler, Benavídez, Lisazo y un anónimo suboficial. Un tercer vigilante dispara al suboficial y muere. A Lisazo se le echan encima tres cuerpos y queda sepultado bajo éstos. Con éste hecho, los primeros detenidos que bajaron, se dispersan más. Rodríguez Moreno ordena que les disparen.
(fragmento del libro):
–¡Tírenles! –vocifera Rodríguez Moreno.
Livraga se arroja de cabeza al suelo. Más allá, Di Chiano también se zambulle.
La descarga atruena la noche.
Giunta siente una bala junto al oído. Detrás oye un impacto, un gemido sordo y el golpe de un cuerpo que cae. Probablemente es Garibotti. Con prodigioso instinto, Giunta hace cuerpo a tierra y se queda inmóvil.
A Carranza, que sigue de rodillas, le apoyan el fusil en la nuca y disparan. Más tarde le acribillan todo el cuerpo.
Brión tiene pocas posibilidades de huir con esa tricota blanca que brilla en la noche. Ni siquiera sabemos si lo intenta.
Vicente Rodríguez ha hecho cuerpo a tierra una vez. Ahora oye los vigilantes que se acercan corriendo. Trata de levantarse, pero no puede. Se ha cansado en los primeros treinta metros de fuga y no es fácil mover el centenar de kilos que pesa. Cuando al fin se incorpora, es tarde. La segunda descarga lo voltea.
Horacio di Chiano dio dos vueltas sobre sí mismo y se quedó inmóvil, como si estuviera muerto. Oye silbar sobre su cabeza los proyectiles destinados a Rodríguez. Uno pica muy cerca de su rostro y lo cubre de tierra. Otro le perfora el pantalón sin herirlo.
Giunta permanece unos treinta segundos pegado al suelo, invisible. De pronto salta como una liebre, zigzagueando. Cuando presiente la descarga, vuelve a tirarse. Casi al mismo tiempo oye otra vez el alucinante zumbido de las balas. Pero ya está lejos. Ya está a salvo. Cuando repita su maniobra, ni siquiera lo verán.
Díaz escapa. No sabemos cómo, pero escapa.* Gavino corre doscientos o trescientos metros antes de pararse. En ese momento oye otra serie de detonaciones y un alarido aterrador, que perfora la noche y parece prolongarse hasta el infinito.
–Dios me perdone, Lizaso –dirá más tarde, llorando, a un hermano de Carlitos–. Pero creo que era su hermano. Creo que él vio todo y fue el último en morir.
Sobre los cuerpos tendidos en el basural, a la luz de los faros donde hierve el humo acre de la pólvora, flotan algunos gemidos. Un nuevo crepitar de balazos parece concluir con ellos. Pero de pronto Livraga, que sigue inmóvil e inadvertido en el lugar en que cayó, escucha la voz desgarradora de su amigo Rodríguez, que dice:
–¡Mátenme! ¡No me dejen así! ¡Mátenme!
Y ahora sí, tienen piedad de él y lo ultiman.
Horacio di Chiano no se mueve. Está tendido de boca, los brazos flexionados a los flancos, las manos apoyadas en el suelo a la altura de los hombros. Por un milagro no se le han roto los anteojos que lleva puestos. Ha oído todo –los tiros, los gritos– y ya no piensa. Su cuerpo es territorio del miedo que le penetra hasta los huesos: todos los tejidos saturados de miedo, en cada célula la gota pesada del miedo. No moverse. En estas dos palabras se condensa cuanta sabiduría puede atesorar la humanidad. Nada existe fuera de ese instinto ancestral.
¿Cuánto tiempo hace que está así, como muerto? Ya no lo sabe. No lo sabrá nunca. Sólo recuerda que en cierto momento oyó las campanas de una capilla próxima. ¿Seis, siete campanadas? Imposible decirlo. Acaso eran soñados aquellos sones lentos, dulces y tristes que misteriosamente bajaban de las tinieblas.
A su alrededor se dilatan infinitamente los ecos de la espantosa carnicería, las corridas de los prisioneros y los vigilantes, las detonaciones que enloquecen el aire y reverberan en los montes y caseríos más cercanos, el gorgoteo de los moribundos.
Por fin, silencio. Luego el rugido de un motor. La camioneta se pone en marcha. Se para. Un tiro. Silencio otra vez. Torna a zumbar el motor en una minuciosa pesadilla de marchas y contramarchas.
Don Horacio comprende, en un destello de lucidez. El tiro de gracia. Están recorriendo cuerpo por cuerpo y ultimando a los que dan señales de vida. Y ahora...
Sí, ahora le toca a él. La camioneta se acerca. El suelo, bajo los anteojos de don Horacio, desaparece en incandescencias de tiza. Lo están alumbrando, le están apuntando. No los ve, pero sabe que le apuntan a la nuca.
Esperan un movimiento. Tal vez ni eso. Tal vez le tiren lo mismo. Tal vez les extrañe justamente que no se mueva. Tal vez descubran lo que es evidente, que no está herido, que de ninguna parte le brota sangre. Una náusea espantosa le surge del estómago. Alcanza a estrangularla en los labios. Quisiera gritar. Una parte de su cuerpo –las muñecas apoyadas como palancas en el suelo, las rodillas, las puntas de los pies– quisiera escapar enloquecida. Otra –la cabeza, la nuca– le repite: no moverse, no respirar.
¿Cómo hace para quedarse quieto, para contener el aliento, para no toser, para no aullar de miedo?
Pero no se mueve. El reflector tampoco. Lo custodia, lo vigila, como en un juego de paciencia. Nadie habla en el semicírculo de fusiles que lo rodea. Pero nadie tira. Y así transcurren segundos, minutos, años...
Y el tiro no llega.
Cuando oye nuevamente el motor, cuando desaparece la luz, cuando sabe que se alejan, don Horacio empieza a respirar, despacio, despacio, como si estuviera aprendiendo a hacerlo por primera vez.
Más cerca de la ruta pavimentada, Livraga también se ha quedado quieto, pero infortunadamente para él, en una posición distinta. Está caído de espaldas, cara al cielo, con el brazo derecho estirado hacia atrás y la barbilla apoyada en el hombro...
Además de oír, él ve mucho de lo que pasa: los fogonazos de los tiros, los vigilantes que corren, la exótica contradanza de la camioneta que ahora retrocede despacio en dirección al camino. Los faros empiezan a virar a la izquierda, hacia donde él está. Cierra los ojos.
De pronto siente un irresistible escozor en los párpados, un cosquilleo caliente.
Una luz anaranjada en la que bailan fantásticas figuritas violáceas le penetra la cuenca de los ojos.
Por un reflejo que no puede impedir, parpadea bajo el chorro vivísimo de luz.
Fulmínea brota la orden:
–¡Dale a ése, que todavía respira! Oye tres explosiones a quemarropa. Con la primera brota un surtidor de polvo junto a su cabeza. Luego siente un dolor lacerante en la cara y la boca se le llena de sangre.
Los vigilantes no se agachan para comprobar su muerte.
Les basta ver ese rostro partido y ensangrentado.
Y se van creyendo que le han dado el tiro de gracia. No saben que ése (y otro que le dio en el brazo) son los primeros balazos que le aciertan.
El fúnebre carro de asalto y la camioneta de Rodríguez Moreno se alejan por donde vinieron.
La "Operación Masacre" ha concluido.
El resultado de los fusilamientos es de 5 fallecidos y 7 sobrevivientes.
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17-nov-2008, 23:11
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#2
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Fecha de Ingreso: febrero-2007
Ubicación: Buenos Aires, Argentina
Mensajes: 928
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Respuesta: Los fusilamientos de 1956
Los Fusilamientos de 1956.
Este escalofriante y horroroso episodio de la Historia Argentina, siempre obviado e ignorado por las FFAA argentinas, fue lo que movió al escritor Rodolfo Walsh para reconstruir esta historia que, poco a poco, fue tomando forma y terminó siendo el libro "Operación Masacre".
Este libro, dividido en tres partes - Parte uno: Las personas ; Parte dos: Los hechos ; Parte tres: Las evidencias- cuenta, en su primera parte, cómo los doce hombres se involucraron con lo que luego sería el fusilamiento. En su segunda parte, Rodolfo Walsh narra con absoluto detalle cómo fue el procedimiento de los fusilamientos y cómo los sobrevivientes lograron nacer devuelta. En la tercera parte, el escritor nos brinda todas las herramientas que tuvo a su alcance para hacer justicia, para armar y reconstruir la historia, para contarnosla, para poder publicar toda esta documentación. Nos cuenta cómo un caso de violación a los DDHH es callado por las FFAA, por el Gobierno, por la Justicia, y hasta por el mismo pueblo.
Les dejo un link donde pueden leer el libro online:
Operacion Masacre
¿Que opinan ustedes de estos fusilamientos y de la "Operación Masacre"?
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18-nov-2008, 14:18
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#3
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Respuesta: Los fusilamientos de 1956
Terrible suceso.
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19-nov-2008, 00:46
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#4
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Mensajes: 903
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Respuesta: Los fusilamientos de 1956
mi pensamiento es que las fuerzas armadas en nuestro pais lo unico que hicieron siempre fueron matarnos a nosotros en vez de protegernos .... que desastre
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25-nov-2008, 17:25
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#5
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Fecha de Ingreso: noviembre-2008
Ubicación: Ramos Mejia , Buenos Aires
Mensajes: 835
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Respuesta: Los fusilamientos de 1956
una de las peores masacres de la historia argentina.che ¿alguno se pregunto .xq nunca se habla del bombardeo a plaza de mayo en el 55?
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25-nov-2008, 20:10
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#6
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Fecha de Ingreso: septiembre-2008
Mensajes: 903
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Respuesta: Los fusilamientos de 1956
justo pensaba en eso, es impresionante pero ni en los colegios se ve el tema, se ve como algo mas, y fue algo verdaderamente horrible macabro, tanta muerte de hermanos sin haber un porque, solo ansias de poder que desastre este mundo, ven ayudame a cambiar este mundo de mierda
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25-nov-2008, 21:04
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#7
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Fecha de Ingreso: noviembre-2008
Ubicación: Ramos Mejia , Buenos Aires
Mensajes: 835
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Respuesta: Los fusilamientos de 1956
en los colegios no se ve mas no aparece en los libros de texto si no fuera xq estoy en un grupo de teatro comunitario yo no sabria niciquiera que eso paso si le preguntas a alguien de mi edad sobre lo del 55 te dice q bombardeo?
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