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Respuesta: Ayuda Sobre La Cultura Colla
El Mundo precolombino. Ed. Oceano, Barcelona 2002
María COncepción Bravo Guerreira, catedrática de Historia de América, sobre los Collas: habitantes de la etina aymara del Collao, organización alrededor del Lago Titicaca, su resistencia y conquista frente a los incas que respetaron su autonomía y denominaron su región, el Collasuyu
Dentro de la Civilización Inca, pertenecen a las etnias de las Tierras Altas
La inmensa región del altiplano que se extiende al sur del Lago Titicaca, llamada por los incas “Collasuyu”, abarca un área mucho más extensa que la del lago propiamente dicho. En algunos sectores de esta vastísima extensión, la concentración demográfica alcanzó los más altos niveles de toda el área andina. La raza de los pueblos que la ocuparon ha sido definida como “altiplánica” en función de unos rasgos físicos diferenciados de aquellos que se establecieron en el Centro y Norte de los Andes. La mayor parte de ellos pertenece lingüísticamente a un tronco común, el aymara, que, como el quechua, presentan formas dialectales diversas. La tradición oral inca, confirmada por la arqueología, señala una estrecha relación entre esta región del Altiplano y el valle del Cusco.
Los propios incas creían proceder de la región del Lago, que en los documentos que compilan tradiciones no cusqueñas se denomina Laguna de Chuchito. La implantación inca en el Collao, que tuvo lugar en una época anterior a la de los señoríos ecuatorianos, supuso una reorganización del espacio ocupado por los aymaras en el Altiplano.
El gran Collasuyu se dividió en dos grandes demarcaciones: el Urcosuyu y el Umasuyu. El Urcosuyu comprendía las partes altas del altiplano, hacia la vertiente occidental de la cordillera, en donde estaban asentadas las etnias, todas ellas de la familia aymará: Los lupacas, los pacajes, los carangas, los quillacas, los caracaras y los collas.
El Umasuyu constituía toda la zona oriental del Lago Titicaca hasta el sur de Potosí, con los territorios ocupados por los soras, los charcas, los cuis y los chichas, en la parte norte del lago, habitaba un grupo no aymará, los uros y además de todos estos pueblos, estaban los que tradicionalmente ocupaban esta franja: los pacajes y los collas, que se extendían por toda la periferia del Lago.
Todos estos pueblos mencionados, incluidos por supuesto los collas, al igual que numerosas jefaturas del área andina, mantuvieron una organización basada en una estructura piramidal de curacas de diferente jerarquía. Constituían conjuntos de carácter federativo que podían encuadrar a grupos étnicos que a veces ofrecían homogeneidad, pero que también podían pertenecer a etnias diferentes. Este fue el caso de los Collas
Los Collas
Los collas llegaron a configurar una unidad política formada por tres grupos: los paucacollas, los lupazas y los pacajes, poco antes de que fueran conquistados por los incas. Esto parece deducirse del hecho de que los incas integraron a este pueblo como tal unidad en su aparato político administrativo. A pesar de que Cieza de León al referirse a las noticias sobre el pasado de estos grupos hable de enfrentamientos, estos fueron hábilmente aprovechados por el Inca Pachacuti para anexionarse el territorio en su integridad.
El poderío del jefe colla, cuyo asentamiento principal recibió después el nombre de inca de Atún Colla, era en esa época, a mediados del siglo XV, comparable al del propio señor del Cusco. Los pueblos del Collao consiguieron organizarse en una acción defensiva contra el Cusco dirigidos por Cari, señor de los lupazas. Según una relacion de la provincia de los Pacajes, este grupo estaba organizado en pequeñas jefaturas militares en las cuales “el más valiente y sabio entre ellos los mandaba y era reconocido por Señor”. En sus continuas guerras se defendían en fortalezas construidas en los escasos lugares altos que resultaban fácilmente defendibles por lo escarpado de la subida, pero que disponían de fuente de agua, parapetándose tras un simple muro de piedra. Frente al enemigo común se unieron todos los grupos pacajes, posiblemente bajo la dirección de Cari, señor de los lupazas y los collas de Asangaro. Pero no consiguieron tampoco en esta ocasión resistir a los ejércitos incas que dirigía entonces Tupac Inca Yupanqui.
Para los collas, los lupazas y los pacajes, el recuerdo de su pasado quedaba vinculado a su resistencia frente a los incas, y después, a la aceptación de su dominio político, que no ahogó nunca las ansias por recuperar su pasada libertad y su autonomía.
Por otro lado esta autonomía fue ampliamente respetada por el Cusco, en el caso de los lupazas en todo lo referente a su comportamiento económico y a su propia estructura social, en reconocimiento a la lealtad y el espíritu de colaboración que demostraron como aliados eficaces en las campañas de la conquista incaica de los pueblos norteños como los cayambes, los caranques, los otavalos y los quitos.
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