Miercoles 11 de junio.
Pepino el 88: viaje al primer aplauso
Este viernes, en el teatro Presidente Alvear, se estrena este musical que narra el momento del nacimiento del teatro argentino. Víctor Laplace, en la piel de Pepe Podestá, interpreta al payaso que inauguró los monólogos políticos. Lo secundan Alejandro Paker y Karina K. Acróbatas, bailarines, trapecistas y una banda en vivo recrean la mística de aquellas primeras compañías circenses que se animaron al drama.
Lo cuenta Alejandro Paker: "Cuando dije que iba a trabajar en
Pepino el 88, un amigo me preguntó si tenía algo que ver con
Titanes en el Ring". Desde ya que no: el musical que se estrena el viernes en el Presidente Alvear refiere a un personaje clave de la historia del teatro argentino. Tanto, que forma parte de su origen mismo, ese momento en que se desgaja del circo criollo y empieza un camino propio, cuyos rasgos fundacionales todavía persisten. Hay que retroceder en el tiempo hasta fines del siglo XIX y hacer foco en los Podestá, una familia que trajina los caminos del país con sus espectáculos circenses. José
Pepe Podestá interpreta a Pepino el 88, un payaso que interactúa con el público y que se anima al monólogo político como parte de su rutina. Pero Pepe va más allá: introduce la dramatización del
Juan Moreira, de Eduardo Gutiérrez, primero como pantomima, luego con palabras. El Big Bang del teatro criollo.
El impulsor del proyecto que recrea esta épica es Víctor Laplace. "Me emociona la posibilidad de recuperar el espíritu de aquellos hombres y mujeres que fueron lo suficientemente jugados y visionarios como para arriesgarse en un camino creativo diferente, tal vez en un momento que no era tan propicio. Los tipos inventaron casi todo. La introducción de la palabra genera una ola que no para más. Y se produce un fenómeno extraordinario: las clases altas, que a la noche iban a ver en la misma sala
Otelo o
Rigoletto, se preguntaban: '¿No has visto el
Moraira, che? No te lo podés perder'. Y a la tarde se juntan todos: los
jailaife, los sectores populares, los primeros inmigrantes que se ven representados en personajes como Cocoliche... Ahí está el germen de lo que vino después. De los monólogos de Pepino el 88 llegás a Pinti, pasando por Dringue, Marrone, Tato... Por eso yo tenía tanto interés en reflejar esta historia. La idea surgió hace cinco o seis años. Se la conté a Daniel (Suárez Marzal, autor y director) y al principio pensamos en hacer un unipersonal. Pero después, gracias a la oportunidad que nos dio el teatro oficial, pudimos largarnos con este espectáculo que tiene treinta artistas en escena, entre actores, acróbatas, bailarines y músicos."
En la obra, que tiene música de Federico Mizrahi y coreografía de Alejandro Cervera, Laplace interpreta a Pepe Podestá y a sus personajes (Pepino el 88, Moreira); Paker, al payaso inglés Frank Brown y Karina K, a Rosita de la Plata, ecuyere en su juventud, cuñada de Pepe y luego esposa de Brown. Suárez Marzal pone en escena un hipotético triángulo amoroso, en el que los dos hombres se ven enfrentados, además, por lo que representan a nivel artístico. Brown es el clown de formación europea, clásico, reconocido por intelectuales como Rubén Darío, y Podestá es el que propone la ruptura del género, una vía más popular.
Karina K recita la historia de su personaje con una admiración que le hace brillar los ojos. "Rosita Roba, nacida en 1869. Es la ecuyere más importante de su época. De chica, cuando vende flores a la salida de un circo, toma contacto con una familia inglesa que la lleva a entrenar a Inglaterra. Aprende las artes de la acrobacia arriba del caballo, del alambrismo, del trapecio, viaja por toda Europa, se convierte en una celebridad y sale en las principales revistas. Rosita se casa con Antonio Podestá, hermano de Pepe, pero luego se divorcia y forma pareja con Frank Brown, lo que genera un pequeño escándalo. Terminará siendo la directora de sainetes de la compañía de su marido." Suárez Marzal la convocó cuando ella estaba haciendo
Cabaret, junto a Paker. Y en ese momento empezó el proceso de investigación y entrenamiento. "Si bien yo tengo formación deportiva, porque de chica fui atleta federada de GEBA en gimnasia rítmica, la rutina del circo es muy diferente a la de la danza, que es mi disciplina artística natural. Es mucho más ruda. Mientras aprendíamos trapecio y acrobacia, nos llenamos las manos de llagas, el cuerpo de moretones..."
El desafío de Paker tuvo un ingrediente extra: "Yo venía de trabajar en
Cabaret una imagen más femenina, y esto era todo los contrario. Pero además implicaba sacarme de encima el miedo que le tengo a la altura: aprender una disciplina que estaba muy lejana a mi realidad personal".
A Laplace, tomar clases de clown y acrobacia le permitió completar su relación con el personaje, pero también pisar territorios casi desconocidos después de décadas de profesión: "Para mí fue muy enriquecedor aprender el método del clown, una de las vetas que menos había tocado en mi carrera. Se trata, básicamente, de animarse al ridículo, posibilidad que siempre enfrenta el actor, pero con el clown se extrema. En las clases, tenía que hacer reír a un grupo de tipos que me miraban con cara de nada y ahí, agarrate Catalina... ¡Hay que pasar esa barrera! Pero te hace muy bien al ego porque te obliga a bajarte de cualquier pedestal, forzar lo que uno ya conoce".
La escenografía de Jorge Ferrari ha transformado el escenario del Alvear en la arena de un circo. Por allí pasará todo: los números del circo criollo, el apoyo de los políticos de la época (Carlos Pellegrini aparece como personaje), el amor de Brown y Rosita, la inquietante admiración de Podestá por su ex cuñada, el Moreira y un pericón que se cierra con Laplace gritando "viva la Patria" mientras se despliega un telón con la bandera argentina. "Te juro que se me caen las lágrimas -dice Víctor-. Será que he vivido en el exilio y sé lo que eso significa, pero me siento muy argentino. Y ojalá que el espectáculo sirva para reflexionar sobre nosotros como país. Eso de mirar tanto el afuera, de no valorar lo nuestro. Lo sorprendente es que la cortina política que hago, y que fue escrita por Podestá hace unos cien años, contiene un sesgo de actualidad apabullante."
Karina K cuenta que compuso a su Rosita de la Plata basándose en apenas tres fotos, porque no hay filmaciones de su trabajo. Paker admite que recién ahora pudo entender una noticia que hace años le había causado curiosidad: unos vecinos de Colegiales reclamando que a una plaza del barrio la bautiz
aran con el nombre de Frank Brown. Laplace tiene siempre una cámara lista: está rodando un documental porque cree que de esta experiencia, y de la historia que refleja, debe quedar registro. Hay, en ellos, la sensación profunda de ser parte de algo que va más allá del evento artístico. Algo que ha trascendido el tiempo y que enterró sus raíces en la cultura de los argentinos.