Gentileza de Marta Opacak
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EL TEATRO MUSICAL DE BROADWAY (1990-2000)
El musical corporativo, los clásicos del cine y la vida a fines del milenio.
Por Marta Opacak
[left:ae180c905f]http://a6.vox.com/6a00c2251d52db604a00d09e818b46be2b-320pi[/left:ae180c905f]La década del 90, período en el que muchos argentinos pudimos tener contacto directo por primera vez, con un espectáculo musical de Broadway, no comenzó como un momento particularmente bueno para el teatro de aquellas latitudes.
Luego de la conmoción producida por la avalancha de obras maestras británicas del género, surgidas en los 80 y puestas en escena en los teatros de los Estados Unidos que permanecerían en cartel varios años, un escaso porcentaje de público concurría asiduamente a ver los productos locales, principalmente por el costoso precio de las entradas, que obligaba a elegir cuidadosamente el espectáculo para ver, antes de invertir los 60 US$ per cápita, precio promedio de este tipo de eventos.
Una inesperada y oportuna ampliación del consumo de estas producciones al sector infantil y adolescente, saneó la situación financiera de la industria, con el surgimiento del denominado "musical corporativo". Aunque la crítica no siempre tuvo las mismas respuestas positivas que las taquillas, una nueva manera de hacer las cosas quedó establecida. Los shows podían surgir como la idea de un compositor, pero no habría lugar para la creatividad individual o la experimentación. El proyecto era desarrollado y financiado por los talentos de una determinada corporación que pensarían en todo: el impacto en el público, las baladas para llegar al tope de los rankings, los clips, las giras, el merchandising, etc.
Asociada a la remodelación de la Calle 42 y a la iniciativa municipal de erradicar el problema del delito y la prostitución en ese área de Nueva York, para volver a hacer de ella un centro teatral seguro, Michael Eisner de la Walt Disney Company, apuesta a la idea de comprar un teatro: el New Amsterdam Theatre. Al puntapié inicial dado por "La Bella y la Bestia" (1994), con música de Alan Menken y letras de Howard Ashman y Tim Rice, seguiría, ya en su nueva casa propia, "El rey León" (1997) con música de Elton John y letras de Tim Rice, que se llevaría el Tony al mejor musical en el 98.
El que fue llamado por algunos, el mejor musical americano de la década, perteneció también a la tipología corporativa: "Titanic" (1997) de Maury Yeston. Inmigrantes, miembros de distintas comunidades étnicas y religiosas, ricos y pobres, todos ellos contribuyeron a armar una historia épica que mereció 5 Tonys, incluyendo el de "Mejor musical". Pero otra obra de temática similar, sería más recordada por nosotros debido a las magníficas performances de dos maravillosas voces: Brian Stokes Mitchel y Audra Mc Donald. Nos referimos a "Ragtime", con música de Lynn Ahrens y Stephen Flaherty producido por Livent Inc.
De Frank Wildhorn, puede decirse que fue el compositor más exitoso del decenio con dos pilares que sustentan tal afirmación: "Victor -Victoria" (1995) y "Jekyll & Hyde" (1997). En ellas nos legó para siempre clásicos inmortales como "Crazy world","Someone like you" o "This is the moment". "Victor-Victoria", tendría además, el trágico privilegio de ser el musical en el que estuvo en escena por última vez Julie Andrews, antes de la operación que le impediría para siempre, seguir con su carrera de cantante. Una intervención aparentemente simple, planificada para extraer un nódulo no canceroso de su garganta, arruinó sus cuerdas vocales y nos privó de muchos años más de brillantes performances.
La adaptación teatral de algunos clásicos del cine, es la fuente de inspiración que da origen a varios musicales :"La chica del adiós" (93), "Tommy" (93), "Alta sociedad" (98) y "Fiebre de sábado a la noche"(99). Pero se destacan entre ellas, dos puestas que se estrenarían en Londres e incluirían un abanico de divas que protagonizarían sus estelares: "El beso de la mujer araña" (92), de Ebb y Kander y "Sunset Boulevard" (94) de Lloyd Webber. La primera, con la impagable Chita Rivera como la Mujer Araña y la segunda con Glen Close, Betty Buckley, Elaine Paige y una corta aparición de Patti Luppone en la piel de Norma Desmond.
Para cerrar la nota, se impone buscar a la distancia, cual fue realmente el musical de la década. Este no vendría ni de la corriente corporativa, ni de las adaptaciones del cine, ni del renovado Disney con su amplio público, sino del Off- Broadway y sería la ópera prima de un ilustre desconocido: Jonathan Larson . En "Rent"(96), no encontraremos la típica historia del "sueño americano", por el que peleaban la mayoría de los jóvenes, luego de lograr sus MBA's (con mayor o menor esfuerzo según la clase social a la que pertenecían), agotando todos los medios honestos o no tanto, para llegar a la cima, siendo prestigiosos ejecutivos o "yuppies", como se les decía entonces. Los protagonistas, Mimí y Roger, son marginales (hoy diríamos casi "okupas") de un loft neoyorquino del East Village, pasan hambre y su filosofía es "el único día que existe es el de hoy", mañana, quizá no estemos vivos. Siguiendo los pasos de su maestro Stephen Sondheim, Larson nos obliga con la acción dramática de su libreto, (adaptación de "Escenas de la vida bohemia" de Henry Murger, libro en el que se basó Puccini para su ópera "La Boheme"), a enfrentarnos como espectadores, con temas que uno evitaría, si quisiese ir a ver un musical "estilo cuento de hadas": el flagelo del Sida, la degradación física que esta enfermedad provoca, la pérdida de los seres queridos, el temor a la propia muerte, el desalojo, la extrema pobreza, la vida de los "homeless", la violencia en las calles, la discriminación por cuestiones sexuales, y el amor como única opción para superar los problemas o al menos olvidarlos hasta que el temido fin llegue.
Es de esperar que el nuevo milenio, nos traiga con sus producciones, el mismo espíritu que ha prevalecido a lo largo de la historia del musical, dando prioridad al corazón y a la buena música y danza, antes que a los deseos de las corporaciones y el exceso de parafernalia tecnológica.